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El resultado del Real Madrid en la Liga de Campeones puede definir el futuro de Florentino Pérez – Español

2018-02-14

La Supercopa de Europa, el Campeonato Mundial de Clubes y la Liga llegaron junto con la segunda...

Rory Smith, The New York Times

MADRID — En junio pasado, cuando Cristiano Ronaldo iba saliendo del estadio Principality en Cardiff unas horas después de ayudar a que el Real Madrid consiguiera su tercer trofeo de la Liga de Campeones en cuatro años –la duodécima Champions en su historia– pasó por un automóvil negro cerca del paso.

Ronaldo se asomó por la ventana polarizada con una sonrisa y tocó contra el vidrio. Un momento después se abrió la puerta y salió Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid Club de Fútbol.

Los dos se acababan de ver poco tiempo antes, en los vestidores usados por el Real, cuando Pérez llegó acompañado del rey emérito Juan Carlos de España. Pero Ronaldo quizá quería que durara un poco más el festejo. “¿Qué tal le gusta ganar más Champions?”, le preguntó a Pérez.

Este se desabotonó el saco y sonrió. “Le pregunto lo mismo”, dijo. Los hombres se abrazaron y Pérez habló de nuevo, pero ahora sonaba solemne.

“Lo que estamos logrando”, le dijo a Ronaldo, “no es normal, sabes”.

En efecto, los últimos cuatro años del Real Madrid han sido todo menos normales. No solo por esas tres ligas de Campeones –obtenidas en Lisboa, Milán y Cardiff–, sino por la manera en la que las consiguieron. Real era un club y Pérez un presidente que parecía desafiar lo que se pensaba era necesario para triunfar en el fútbol.

El equipo estaba desequilibrado, con mucho talento al ataque; los directores técnicos llegaban y se iban con demasiada frecuencia, y, el más reciente de estos, el exjugador del equipo Zinedine Zidane, era criticado como un entrenador de palmas: no hacía mucho más que aplaudir.

Pese a esas partes, el todo funcionaba de manera espectacular. Esa noche en Cardiff el Real completó lo que Pérez después describió como “la mejor temporada en títulos en 115 años de historia”. La Supercopa de Europa, el Campeonato Mundial de Clubes y la Liga llegaron junto con la segunda Liga de Campeones consecutiva; Real Madrid se volvió el primer equipo de la era moderna en defender ese trofeo. Para Pérez, este fue el símbolo más reciente de un equipo que, dijo, “ha creado la leyenda más grande del deporte”.

En los meses posteriores a esas declaraciones ha quedado muy claro lo anormal que fue la temporada. Ahora que el Real Madrid está de vuelta en la Liga de Campeones —juega este 14 de febrero y 6 de marzo en octavos contra el Paris Saint-Germain— el resto de su temporada está en ruinas. El equipo dirigido por Zidane está en el cuarto lugar de La Liga, a diecisiete puntos de distancia del Barcelona. Un portavoz de la Asociación de Socios de Real Madrid (SRM) —que representa a los más de 100,000 afiliados del club– la describió como “posiblemente la peor temporada en la historia del club, un fracaso absoluto de proporciones monumentales”.

“Los miembros creen que el club está perdiendo su identidad. No se sienten cercanos al Real Madrid. Hay una falta de democracia y de transparencia”.

Esta vez, Europa no ha sido un bálsamo, como ha sucedido usualmente durante la gestión más reciente de Pérez. Puede que toda la temporada del Real dependa de un triunfo contundente contra el Paris Saint-Germain, pero la confianza en general inamovible de que Ronaldo y el resto entregarán la Liga de Campeones se ha esfumado. La derrota y la eliminación son una franca posibilidad.

En Real Madrid, eso significaría una cosa: cambio. En sus dos mandatos –de 2000 a 2006 y de 2009 a la fecha–, Pérez ha transformado el club en un tipo de Disneylandia deportivo, un paraíso de optimismo pese a todo, donde lo que llegue es para bien y todo es un desfile victorioso. Esa imagen debe mantenerse a toda costa. “Cualquier voz que sea crítica a ese modo de pensamiento es tachado de inmediato como antimadridista”, dijo la SRM sobre Pérez en un correo. Es una mentalidad que también esbozan la afición y los medios.

La derrota, en tanto, no existe. Real Madrid TV, disponible gratuitamente para los televidentes en España, cubre todos los partidos del Real pero no tiene los derechos de transmisión en vivo. Muestra los partidos ganados en días posteriores pero rara vez hace lo mismo con las derrotas y, a veces, no transmite ni los empates.

El enfoque de Pérez sobre el Real sencillamente no reconoce que puede que se pierdan partidos o el que una derrota sea merecida. Cuando se reunió por primera vez con Aleksander Ceferin —en ese entonces el recién instalado presidente de la UEFA—, de las primeras cosas que preguntó fue por qué el Real sufría tantas injusticias por parte del arbitraje. Cualquier revés, a los ojos de Pérez, solo puede ser atribuido a una incompetencia de oficiales o a una conspiración.

Claro que promover esa cultura sin tregua le ha traído al Real –y con ello, a su presidente– muchas recompensas: los trofeos europeos, el título repartido por Forbes de la marca deportiva más valiosa del mundo o los más de 200 millones de seguidores en redes sociales.

Pero hay un precio a pagar: los fracasos no se toleran, los jugadores que no cumplan son remplazados rápidamente, los directores técnicos que no acumulen logros son echados. Y la pregunta que queda, sobre todo ahora, es si lo mismo va para los presidentes.

Incluso personas dentro de su Disneylandia creen que eso no sería tan malo. A lo largo del reinado de Florentino Pérez ha habido un murmullo constante de disensión por parte de una sección pequeña pero significativa de los socios del Real, que ven un futuro preocupante más allá de los trofeos.

“Hay una percepción de que el ciclo de Florentino está cerca de su fin”, dijo Eugenio Martínez Bravo, líder de Plataforma Blanca por el Madrid, uno de los grupos que surgió hace unos años con la intención de defender los intereses de los socios.

“Los miembros creen que el club está perdiendo su identidad”, dijo. “No se sienten cercanos al Real Madrid. Hay una falta de democracia y de transparencia. Florentino ha estado en el poder por casi diez años y prácticamente nadie ha votado nunca por él”.

Cuando Pérez regresó como presidente en 2009, lo hizo sin oposición y con respaldo popular. Ha tenido elecciones en 2013 y 2017 pero, de nuevo, sin un candidato rival.

Algunos socios argumentan que eso fue a propósito: los estatutos del Real han sido cambiados en la era Pérez y ahora dicen que cualquier candidato a presidente debe haber pertenecido al club por más de veinte años –Pérez es el socio número 2486 de los casi cien mil– y debe demostrar que tiene en el banco una riqueza personal de alrededor de 75 millones de euros (unos 92 millones de dólares).

En teoría esos cambios fueron hechos para proteger al Real de que llegara un dueño extranjero, pero Martínez Bravo bromeó con que el efecto ha sido otro: “Para ser presidente del Real Madrid te debes llamar Florentino”.

“Si le preguntas a alguien fuera del Madrid quién es dueño del Real, un 70 por ciento diría que Florentino y no que los socios”, dijo un portavoz de otro grupo que representa a los miembros, Movimiento Ámbar, justamente formado en 2015 con la intención de que hubiera nuevas elecciones y saliera Pérez.

Ninguno de estos grupos de socios ponen en duda que la gestión de Pérez ha conllevado éxitos considerables; Steven Mandis, autor de La fórmula Real Madrid, argumenta que la misma estabilidad resultante de la infalibilidad que esboza Pérez es la base de los triunfos y que el equipo ha librado la incertidumbre que implican los cambios a nivel directivo –como ha sucedido a, entre otros, el Barça–.

Sin embargo, el temor ahora es que Pérez está tan cómodo en el cargo que el Real Madrid ya no es realmente un club que pertenece a sus socios y seguidores. “En la práctica eso se ha olvidado por completo”, dijo un portavoz de SRM. El vocero de Movimiento Ámbar fue más enfático: “Hemos pasado de ser socios a ser clientes y espectadores”, dijo.

Hay rumores de que Pérez incluso planea dejar el club fuera de las manos de los socios para cotizar en la bolsa; Movimiento Ámbar ha dicho que luchará “hasta el último minuto” para prevenir que eso suceda.

E incluso si no sucede, Martínez Bravo teme lo que pueda sucederle al Real Madrid cuando Pérez, de 70 años, decida jubilarse, pues no parece haber plan alguno para la sucesión. Ninguno de los opositores de Pérez, de hecho, esperan que vaya a haber un cambio pronto: no hay elecciones programadas para la dirigencia sino hasta 2021.

“Hemos hablado con grandes empresas, con bancos, para ver si hay algún candidato que pueda competir con él”, dijo Martínez Bravo. “Pero todos dicen lo mismo: es demasiado poderoso”.

Una muestra de ello es la concurrencia en el palco del director en el Bernabéu durante casi cada partido: en los asientos hay dueños y editores de medios y televisoras, políticos, líderes de industrias. Un periódico lo describió alguna vez como “la corte del rey Florentino”.

Sin embargo, es difícil saber qué tan extendida es la desafección a su mandato. Movimiento Ámbar asegura que representa a “miles” de seguidores, pero Martínez Bravo admite que la presión para que haya cambios se ha reducido en los últimos años, en parte gracias a tantas victorias en la Liga de Campeones.

Aunque el vocero de Plataforma Blanca por el Madrid no quiere ni decirlo —es un fanático del club, después de todo— sabe que si el equipo pierde contra el Paris Saint-Germain esa situación podría cambiar. Una salida a estas alturas de la Liga de Campeones y un fracaso en La Liga podrían atraer a más rebeldes a la causa.

“Puede que este año sea un parteaguas”, dijo.

Pérez se ha mantenido en el cargo cuando el equipo ha logrado cosas que, sencillamente, no son normales. ¿Podrá hacerlo cuando el Real sea ordinario?



yoselin

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