Nacional - Política

El PRI y López Obrador cargan contra Anaya por corrupción

2018-02-27

Las acusaciones contra Anaya afloran cuando el candidato del Frente se había consolidado en...

 

Javier Lafuente, El País

Es sabido que en México nada es lo que parece y todo puede ser posible. Ricardo Anaya puede dar buena fe de ello. En cuestión de días ha pasado de ser una figura fulgurante en la carrera presidencial a pasar su peor momento desde que fue designado aspirante de Por México al Frente, la coalición entre conservadores y progresistas creada ex profeso para estas elecciones. La sombra de la corrupción, uno de sus caballos de batalla, planea sobre él, mientras los ataques de sus dos rivales, Andrés Manuel López Obrador (Morena) y José Antonio Meade (PRI) arrecian para tratar de desbancarlo de la segunda posición en las encuestas.

Anaya, de 39 años, se ha visto envuelto en una polémica por la venta de una nave industrial, propiedad de su familia, en Querétaro, por 54 millones de pesos (2,9 millones de dólares). Según la investigación que avanza la Procuraduría General de la República (PGR), para la compra se habrían usado recursos provenientes de una red encargada de lavado de dinero, orquestada por un empresario, Manuel Barreiro. El candidato del Frente exigió este domingo a la PGR que aclare si lo están investigando, mientras que la Fiscalía mexicana, por su parte, aseguró que el dirigente panista rechazó rendir declaración, aunque se le invitó a hacerlo.

Las acusaciones contra Anaya afloran cuando el candidato del Frente se había consolidado en la segunda posición de todas las encuestas, mientras el puntero desde hace meses, López Obrador, no termina de agrandar la distancia de sus rivales y el candidato del partido gobernante, José Antonio Meade, se estancaba en los sondeos, si no retrocedía. Para ambos, Anaya es el rival a batir y al que hay que sacar de la contienda cuanto antes.

Los motivos son distintos. Anaya se ha esforzado en transmitir que representa una idea de cambio igual que la que ofrece López Obrador, aunque en las formas y en el fondo difieren sustancialmente. El líder de Morena ve cómo un avance del líder panista supondría, en cierta medida, un duelo entre dos propuestas transformadoras. Un cara a cara con Anaya restaría, pues, fuerza a su principal bandera, que sí puede enarbolar ante el candidato del PRI. De ahí que no fuese extraño que la semana pasada López Obrador dirigiese su primer ataque fuerte contra Anaya en lo que va de la carrera electoral. El dos veces candidato presidencial acusó al aspirante del Frente de estar “manchado” por la corrupción. “Si estoy planteando que sustituyan al candidato del PAN, es porque seguramente está implicado en casos de corrupción, no solo lo que se está ventilando ahora de lavado de dinero. Él fue de la mafia del poder”, aseguró López Obrador.

El caso del PRI es diferente. Hace semanas que las alarmas saltaron en el seno del tricolor ante el estancamiento de José Antonio Meade en las encuestas. La buena imagen del que fuera secretario de Hacienda no ha logrado hasta ahora imponerse a la desgastada que representa el Gobierno de Enrique Peña Nieto, marcado por innumerables casos de corrupción de dirigentes priistas durante su gestión. En el cuartel general de la campaña de Meade son conscientes de que cualquier expectativa de llegar a junio con posibilidades de vencer en las elecciones pasa por sobrepasar lo antes posible a Anaya en los sondeos, en tanto estos se han convertido en una suerte de primera vuelta. Por ello, pese a que la sombra de la corrupción pesa sobremanera en la marca del PRI, Meade y su equipo no han titubeado a la hora de salir en tromba a reclamar a Anaya que aclare las acusaciones que pesan sobre él.

El expresidente del PAN considera que todo responde a una argucia del PRI para sacarlo de la contienda. “La PGR se ha prestado a la guerra sucia del PRI. Dolosamente omitieron señalar que a quien están investigando es a otra persona y no a mí”, aseguró este domingo. En esta línea, uno de sus hombres de confianza en esta cruzada, el abogado y excandidato presidencial Diego Fernández de Cevallos, incide: “En lo político, se trata de una andanada de infamias para tenerlo en el banquillo de los acusados permanentemente durante la campaña. Quieren que esté respondiendo denuncias infundadas; en lo jurídico, no hay nada”, zanja.

En el plano político, mientras el PRI y Morena sacan a relucir el poderío de sus estructuras –una consolidada durante décadas de hegemonía; otra, a imagen y semejanza de su líder-, Anaya tiene ante sí el reto de demostrar que el Frente que encabeza es lo suficientemente sólido como para respaldarle ante la ofensiva de sus rivales, más allá del apoyo que ha recabado de los principales dirigentes del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. El caso más significativo es el de su propio partido. Las heridas abiertas tras la designación de Anaya como candidato presidencial y su gestión han provocado que muchos dirigentes de la formación conservadora hayan dado la espalda al expresidente panista. Otros, como el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, no han dudado en expresar su solidaridad con Anaya, pese al reciente encontronazo que mantuvieron a raíz de la gestión de unas candidaturas de la coalición. “Ojalá que con la rapidez y acuciosidad con la que la PGR ha actuado en el caso de Ricardo Anaya, así lo hicieran con el proceso de extradición de Cesar Duarte [su antecesor, huido]. Para el exgobernador de Chihuahua toda la protección del presidente EPN [Enrique Peña Nieto] y de Luis Videgaray [canciller], escribió Corral en su cuenta de Twitter.

Anaya se ha dado de bruces con uno de los temas que ha propuesto combatir en caso de victoria. La corrupción es, junto a la impunidad y la inseguridad, una de las lacras del sistema mexicano y una de las mayores preocupaciones de la sociedad. Lo atestigua el último Índice de Percepción de la Corrupción, elaborado por la organización Transparencia Internacional. México ocupa la posición número de 135 de 180 en materia anticorrupción, el peor evaluado tanto del G-20 como de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). México ha alcanzado 29 puntos, en una escala en la que 0 es lo más corrupto y 100 lo menos. Esto ubica al país en la misma posición que Honduras y Paraguay, pero por debajo de Brasil, Argentina y Colombia.
 



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