Vuelta al Mundo

Las elecciones más europeas de la historia italiana

2018-02-27

Bruselas y las capitales miran con inquietud los comicios del próximo domingo, esperando que...

PABLO R. SUANZES | El Mundo


Bruselas y las capitales miran con inquietud los comicios del próximo domingo, esperando que repita como primer ministro Paolo Gentiloni

Entre lo que la UE no quiere, está la vuelta de Silvio Berlusconi o la victoria de Cinco Estrellas

No es muy aventurado decir que las elecciones del 4 de marzo en Italia son las más europeas de su historia. De una forma u otra, todo lo que está pasando a nivel político en las últimas semanas afecta o está marcado por la UE. Los italianos en importantes cargos de representación en Bruselas están haciendo una campaña desatada en clave nacional, y la campaña en Roma baila al ritmo descompasado y dependiente de cada novedad y decisión en la Unión.

Un ejemplo. El pasado miércoles, un corresponsal preguntó a Jean-Claude Juncker, el lenguaraz presidente de la Comisión Europea, por los comicios transalpinos. Escarmentado por errores garrafales en el pasado, como cuando escogió bando en Grecia en 2015 y millones de ciudadanos le dieron una sonada bofetada a distancia, Juncker fue prudente y se limitó a decir que esperaba un "Gobierno que gobierne".

Sin embargo al día siguiente, con la guardia incomprensiblemente baja, el luxemburgués volvió a pifiarla y ante la misma pregunta respondió: "Estoy preocupado por el resultado. Debemos prepararnos para el peor escenario: el que no haya un Gobierno operativo". Las alarmas se dispararon en Roma y los servicios diplomáticos montaron en cólera cuando escucharon la segunda parte, en la que decía que contemplaba "una fuerte reacción en los mercados en la segunda mitad de marzo". La rectificación y el matiz llegaron enseguida, pero era tarde. Italia está muy sensible y todo se magnifica.

¿Qué ocurre? En las instituciones comunitarias hay miedo a lo que ocurra este domingo y se preparan para lo peor. Porque no ven claro que pueda salir un Gobierno estable a corto plazo y temen un tiempo de incertidumbre que ralentice un país tradicionalmente no muy rápido a la hora de cumplir sus obligaciones y sacar adelante una agenda mínimamente reformista. Que en Bruselas no vean nada claro que pueda llegar a haber un Gobierno europeísta despunta un espectro político muy poco cercano al proyecto comunitario y demasiado a los extremos.

En Italia, Europa es un arma arrojadiza. Algo a lo que unos pocos se agarran con devoción y que demasiados utilizan como insulto. Para los primeros es una brújula, referente y vía. Para los otros, un enemigo a combatir con rédito en las urnas.

Durante los últimos años, Europa ha dejado de ser atractiva. Quitando al Partido Demócrata de Gentiloni (y Renzi), el Italia Europa Insieme de Giulio Santagata (por el que votará Romano Prodi) y los ex radicales de Emma Bonino -cuyo último partido se llama Más Europa y arranca los actos con la Novena de Beethoven- no hay realmente discurso europeísta en los mítines. Entre los favoritos, más bien lo contrario.

Cinco Estrellas es más que crítico. En la Eurocámara están encuadrados en el Grupo Europa de la Libertad y la Democracia Directa, con el Ukip británico o Alternativa por Alemania. Y Beppe Grillo, con posturas populistas, ha flirteado en el pasado largamente con un referéndum sobre la retirada del euro. Algo que la Liga Norte de Matteo Salvini y Claudio Borghi tiene como uno de sus mandamientos. Fratelli D'italia evoca la misma amenaza que se ha visto y frenado en Francia o Alemania pero ha tenido éxito en Austria.

A Forza Italia están más acostumbrados, pero la posibilidad de que vuelva de alguna manera Berlusconi es una pesadilla. Haber sido empujado fuera del Gobierno en lo peor de la crisis por las presiones de Berlín, Fráncfort, París y Bruselas no es algo que Il Cavaliere haya olvidado o perdonado. Pero esta vez juega sus cartas con más prudencias y en su última visita a la capital comunitaria, hace semanas, logró ser recibido por las principales figuras, se dio un baño de simpatizantes y marcó al presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani, como uno de sus favoritos para presidente del consiglio.

Desde el ángulo de Roma la situación actual tampoco tiene precedentes. El Gobierno saliente está usando todas sus herramientas y capital de forma que sonroja. En los últimos días, el ministro de Finanzas, Pier-Carlo Padoan compareció con el comisario de Presupuestos, Günther Oettinger, enviando el mensaje de que Italia controla el ritmo y no habrá sorpresas negativas en las próximas cuentas. El lunes, el ministro de Desarrollo Carlo Calenda pidió la ayuda de la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, para que la empresa Embraco no deslocalice una fábrica de lavadoras desde Turín a Eslovaquia, con una pérdida de 500 empleos.

Y el propio Gentiloni, la gran esperanza de la UE, buscó y consiguió la foto que necesitaba. El viernes, tras una minicumbre sobre el Sahel en la que el primer ministro exigió más dinero para la operación en Libia, llegó al edificio del Consejo paseando junto a Merkel y Macron. Y compareció (más bien casi los arrastró) con ellos para hablar del tema. Una imagen de que Europa, y sus verdaderos líderes, están con él, rezando para que los ciudadanos tomen nota y no juegue en su contra.

Por otro lado, el resultado de los comicios afecta a las instituciones europeas. Antonio Tajani es uno de sus favoritos para premier en caso de que Forza Italia acabe imponiéndose. Tajani, viejo amigo, es el eterno defensor de Berlusconi en Bruselas (nunca ha renegado de él, ni cuando era comisario, ni cuando cayó en desgracia, ni ahora desde la Eurocámara). "No estoy haciendo campaña electoral, no he participado y no tengo la intención de participar en ninguna iniciativa política. Continúo con mi trabajo en el Parlamento Europeo, lo hago con pasión y no busco ni pido más, estoy al 100% comprometido", afirmó el sábado.

Entre sus colaboradores estas afirmaciones provocan carcajadas. Tajani está en campaña usando todos los recursos del Parlamento para ello: por ejemplo, encabezando un movimiento desesperado para intentar que Milán se haga con la sede de la Agencia Europea del Medicamento. Ámsterdam fue la elegida por los Gobiernos de los 27 hace semanas, pero Italia no se resigna y el presidente de la Eurocámara, a pesar de que sabe qué no hay que hacer y que roza el ridículo institucional, quiere ser visto y conocido como el gran defensor de su país más allá de sus fronteras. Una estrategia que parece estar funcionándole bien y con el increíble silencio del resto de grupos. Y nadie duda de que si Berlusconi, que no pregunta sino que dispone, le dice que el día 5 a las 09.00 horas tiene que estar en Roma, allí estará él puntual.

La UE confía en Gentiloni (o, en su defecto, que alguna carambola colocara a Bonino). Para todos sería un gran alivio: alguien serio, con el que se puede trabajar, con una agenda razonable, un lenguaje común y sin las estridencias de sus predecesores. El líder que Italia necesita, según la Comisión y el Consejo. Como Mario Monti pero con votos. Pero nadie se llama a engaño y, como resume una alta fuente diplomática, "la maquinaria destrozó al tecnócrata y se llevará por delante a cualquiera que haga lo que tiene que hacer. Siempre ha sido así. Sólo entran en razón cuando tienen el agua al cuello, y por desgracia lo olvidan enseguida".



regina