Nacional - Economía

México no debe ser incluido en los aranceles sobre el acero y el aluminio; Guajardo

2018-03-05

Los detalles de los impuestos se conocerán esta semana y el secretario de Comercio, Wilbur...

Ignacio Fariza, Joan Faus, El País


Contra el chantaje, una respuesta tardía pero contundente. El secretario (ministro) mexicano de Economía, Ildefonso Guajardo, remarcó este lunes vía Twitter -la forma de comunicación preferida por Donald Trump- que su país "no debe ser incluido en los aranceles" sobre el acero y el aluminio anunciados la semana pasada por el presidente estadounidense. "Es la manera equivocada de incentivar la creación de un TLC [Tratado de Libre Comercio de América del Norte] moderno", agregó Guajardo en un escueto mensaje publicado en inglés y en español poco después de que Trump dejase caer que las nuevas tarifas arancelarias "solo se quitarán si se firma un nuevo y justo TLC". El secretario de Economía mexicano comparecerá a primera hora de la tarde de este lunes en la capital mexicana junto a sus homólogos estadounidense y canadiense para dar cuenta del estado de la renegociación del acuerdo comercial que une a los tres países desde 1994.

El habitual juego de amenazas y promesas de concesiones de Trump entra ahora en el terreno comercial. El presidente estadounidense vinculó este lunes la imposición de aranceles al acero y aluminio con el proceso de negociación del TLC. “Tenemos grandes déficits comerciales con México y Canadá. El TLC, que está ahora mismo bajo renegociación, ha sido un mal acuerdo para EE UU. Una recolocación masiva de compañías y empleos. Los aranceles al acero y al aluminio solo se quitarán si se firma un acuerdo del TLC nuevo y justo”, escribió Trump en Twitter.

Y luego continuó con un mensaje de exigencias a sus dos vecinos: “Canadá debe tratar mucho mejor a nuestros granjeros. Es altamente restrictivo. México debe hacer mucho más en frenar la entrada masiva de drogas a EE UU. No han hecho lo que debe hacerse. Millones de personas adictas y muriendo”.

El canciller mexicano, Luis Videgaray, fue el encargado de responder a la segunda parte del tuit de Trump: "El tráfico ilegal de drogas es una responsabilidad compartida entre Mexico y EE UU y nuestra cooperación se guía por este principio. Solo trabajando juntos sobre la oferta y la demanda podemos terminar con el flujo ilegal de drogas, dinero y armas entre nuestros países", tuiteó el hombre fuerte del Ejecutivo de Enrique Peña Nieto (PRI) en política exterior.

El cruce de declaraciones entre EE UU y México es un paso más en la escalada verbal desde que el presidente republicano anunciase la semana pasada la creación de un arancel específico para frenar la entrada de acero (del 25%) y aluminio (del 10%) extranjero en su país. La Casa Blanca justifica el giro proteccionista en la defensa de la seguridad nacional y comercial de la primera potencia mundial.

Trump calificó la semana pasada las guerras comerciales de "buenas y fáciles de ganar". Este lunes dijo que se mantiene "100%" firme en la imposición de aranceles pero minimizó sus posibles consecuencias. "No creo que tengamos una guerra comercial", dijo a la prensa durante su reunión en la Casa Blanca con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En sus declaraciones, se reafirmó en sus mensajes en Twitter y aseguró que los tributos al acero y al aluminio "podrían formar parte" del proceso de renegociación del acuerdo con Canadá y México.

Los detalles de los impuestos se conocerán esta semana y el secretario de Comercio, Wilbur Ross, sugirió el domingo que no iban a incluir excepciones a determinados países. Con esta medida, Washington pretende incentivar la producción nacional y trata de ayudar a la reducción de su déficit comercial con países como China, Canadá, México, Corea del Sur o Alemania, entre otros.

La amenaza arancelaria de EE UU le enfrenta a algunos de sus mayores socios comerciales. La Unión Europea ha amenazado con adoptar represalias contra los aranceles estadounidenses, a lo que Trump replicó alardeando de posibles castigos a los fabricantes automovilísticos europeos.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, respondió taxativamente desde un primer momento -al calificar los nuevos aranceles de "absolutamente inaceptables" y asegurar que causarán daños significativos a ambos lados de la frontera-, en parte por la importancia de los intereses en juego: Canadá es el primer exportador de acero a EE UU.

México, en cambio, optó inicialmente por el perfil bajo. La irritación que admitían en privado los funcionarios mexicanos contrastaba con la ausencia de una respuesta pública sólida en un intento de no echar más leña a un fuego que, con Trump de por medio, arde solo. Hasta hoy, en pleno cierre de la séptima ronda de conversaciones para actualizar el TLC.

Los aranceles sobre el acero y el aluminio, como cualquier otra barrera comercial, harían daño al comercio entre el país latinoamericano y EE UU, especialmente a la industria automotriz -la más importante en los intercambios bilaterales-. Pero no es eso lo que más preocupa en la Ciudad de México: lo que más alarma es que Trump haya dado por inaugurada una nueva fase de su estrategia proteccionista y que esté dispuesto a llevar sus amenazas al terreno de los hechos en forma de guerra comercial. Una confrontación directa entre dos países que comparten importantes vínculos. Casi un cuarto de siglo después de la firma del TLC, las cadenas de valor no entienden de fronteras. Pero Trump se mantiene en sus trece de regresar a una época que ya no existe.

Discrepancias republicanas con Trump

México y Canadá no están solos en su petición de quedar exentos de los nuevos aranceles estadounidenses sobre el aluminio y el acero. El republicano Kevin Brady, presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de EE UU, verbalizó este domingo en la capital mexicana -donde acompaña a la delegación estadounidense que negocia un nuevo TLC- su oposición a que estas tarifas arancelarias apliquen a sus dos socios norteamericanos. La posición de Brady es un reflejo más de las diferencias entre la Casa Blanca y los pesos pesados del Partido Republicano en materia comercial. Esta brecha se hace especialmente evidente en el caso de los legisladores que, como Brady (Texas), representan a los Estados que más tienen que perder en caso de ruptura del acuerdo norteamericano. 


 



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