Reportajes

Casas arrasadas y pesadillas del pasado en la emergencia de Sri Lanka

2018-03-08

Turbas de budistas han atacado en los últimos tres días casas de musulmanes en la...

Chathuri Dissanayake

Mullegama (Sri Lanka), 8 mar (EFE).- Fathima Shabnam contaba los días para poder casarse a finales de abril pero su sueño ha sido robado, como el de muchos otros musulmanes en Sri Lanka, por una turba que ayer incendió su casa y se llevó lo poco que sobrevivió a las llamas, incluido su vestido de boda.

Turbas de budistas han atacado en los últimos tres días casas de musulmanes en la provincia de Kandy, en el centro de Sri Lanka, en medio de enfrentamientos entre miembros de ambas comunidades, lo que llevó al Gobierno a declarar el estado de emergencia el martes y a desplegar Policía y Fuerzas Armadas en la zona.

Fathima, de 22 años, logró sobrevivir al ataque tras huir con su hermano y su tío, según relató a Efe.

Pero hoy lo único que queda en su vivienda del área de Mullegama son cenizas. El sofá fue quemado, la televisión robada y para gran pesar de la joven la turba robó su traje granate y dorado y las joyas para la boda.

"Se han llevado las joyas porque la habitación en que las guardaba no ha sido incendiada, todo lo demás sí", dijo.

Ahora duda de si la boda se llegará a celebrar, sin una casa a la que ir ni ingresos estables después de que su padre se pusiese enfermo hace unos meses.

"Ahora no sabemos ni si podremos comer", lamentó.

A pocos kilómetros de donde un día se erigió la casa de Fathima, Raizan Mohamed, de 52 años, observa lo que hasta no hace mucho fue el aserradero de su hermano Ramzan Mohamed, demasiado "conmocionado" como para visitar el lugar, según explicó a Efe.

El Aserradero Zilmya contenía madera por valor de unos 160,000 dólares, pero ahora solo son brasas bajo las cenizas.

"Hemos vuelto solo cuando el toque de queda fue levantado a las 10.00 de hoy. Cuando llegamos aquí las maderas todavía estaban ardiendo", dijo, al explicar que su hermano Ramzan no ha sido capaz de sacar fuerzas para ir hasta el lugar.

Ramzan y su familia junto con el resto de la comunidad fueron evacuados por fuerzas especiales ayer cuando una turba puso rumbo hacia su zona.

Temiendo por sus vidas, las familias buscaron refugio en casas de familiares lejos de las carreteras principales.

Los enfrentamientos entre musulmanes y cingaleses comenzaron el lunes tras la muerte el sábado de un budista en una pelea con musulmanes.

Tras el entierro del asesinado, el lunes, se desató una ola de ataques vandálicos que han dejado decenas de comercios, viviendas, mezquitas y templos reducidos a cenizas.

En una de esas casas perdió también la vida un joven musulmán de 24 años el martes.

Ayer un rumor de que un templo budista había sido atacado espoleó a una horda de budistas a atacar más propiedades de musulmanes. En el medio del caos una granada explotó y un cingalés murió en Mullegama, elevando el número de muertos a tres, según informó hoy el Gobierno.

Los rumores han estado corriendo sin control toda la semana, por lo que el Gobierno decidió ayer suspender internet y las redes sociales en Kandy.

La Policía ha detenido a 81 personas relacionadas con los incidentes, incluidos ocho supuestos líderes de las revueltas como Amith Weerasinghe, el autoproclamado líder del grupo extremista Mahasohon Balakaya, indicó hoy el portavoz de la Policía, Ruwan Gunasekara, en un comunicado.

A algunos lo que está sucediendo les recuerda la época de la guerra entre tamiles y cingaleses, que dejó decenas de miles de muertos durante los 26 años del conflicto que acabó en 2009.

La casa de Kadeeja Umma, de 50 años, en Kengalle quedó destrozada durante los ataques iniciales del lunes.

"Fue una terrorífico recordatorio del 83. Yo tenía 16 años y mi familia dio cobijo a la familia tamil que vivía del otro lado de la carretera. Vivíamos aterrorizados. El lunes nos recordó su suerte. Tuvimos que correr por nuestras vidas", dijo. 



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