Editorial

¿Un nuevo Brasil surgirá del encarcelamiento de Lula? 

2018-04-12

En esa situación se encuentra Brasil, donde el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva...

Comité Editorial, The New York Times


Cuando una megapesquisa anticorrupción atrapa al político más popular de un país, se ha hecho justicia a la vez que se ha puesto a prueba la democracia. En esa situación se encuentra Brasil, donde el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se entregó a las autoridades el sábado para empezar a cumplir una sentencia por corrupción y lavado de dinero. Con ello empieza un trayecto impredecible y turbulento hacia las elecciones presidenciales de octubre.

Muestra de lo mucho que cayó Lula con el arresto es que la placa de inauguración del edificio de la Policía Federal de Brasil donde se encuentra detenido tiene su nombre: era el presidente en curso cuando fue inaugurado, en 2007. En ese entonces era un icono global del combate a la pobreza y desigualdad; las encuestas –y el presidente estadounidense Barack Obama– lo señalaban como “el político más popular del planeta”. Cientos de los seguidores fieles de Lula ahora están acampados afuera del edificio policial, la vanguardia de un grupo que votaría a Lula de regreso a la presidencia sin importar su condena.

Aunque el arresto del expresidente es el resultado más dramático de las investigaciones federales de Lava Jato, es solo uno de muchos de la operación que empezó en 2014 por sobornos dentro de la petrolera estatal, Petrobras, y la mayor constructora, Odebrecht. Lava Jato e investigaciones derivadas han resultado en decenas de imputaciones y condenas en los niveles más altos del gobierno y de la élite empresarial brasileña, además de multas corporativas multimillonarias.

Ha sido un golpe fuerte contra la corrupción en ese país, aunque también ha resultado en una desestabilización del sistema político, un revés para la economía y, en consecuencia, el desempleo de muchas personas. La manera en la que Brasil lidia con la crisis y cómo esta se desenvuelve será analizada de cerca por muchas otras naciones que enfrentan una corrupción profundamente arraigada.

Las encuestas muestran que Lula sigue teniendo más respaldo que cualquier otro político de cara a las elecciones. Su arresto, sin embargo, implica que es muy poco probable –aunque no imposible– que se pueda postular. Su equipo de abogados espera que el Supremo Tribunal Federal determine que fue inconstitucional encarcelarlo antes de que terminen sus procesos de apelación, mientras que siguen pendientes otras cinco investigaciones en su contra.

Así que sigue siendo muy incierto cómo se desenvolverá la situación. Sin Lula la izquierda está fragmentada; la expresidenta Dilma Rousseff, del Partido del Trabajo fundado por Lula, fue destituida del cargo. Del otro lado, el actual presidente Michel Temer, quien ha dicho que se postulará para la reelección, tiene índices de aprobación bajísimos y también ha sido investigado por posibles actos de corrupción. Alrededor de un tercio de los legisladores enfrentan investigaciones, aunque están protegidos por la inmunidad, que implica que solo podrían ser enjuiciados por las cortes supremas, donde muchos procesos avanzan con lentitud y raramente resultan en condenas.

Pese a todos los logros de Lava Jato, no se ha hecho nada para arreglar al sistema judicial. Es obvio el peligro de que haya un giro hacia un populismo radical.

Pese a lo doloroso y desesperanzador que haya sido el arresto de un líder carismático, o qué tan cansados estén los brasileños de la turbulencia política de los últimos años, este no es el momento de rendirse. La historia muestra que combatir la corrupción toma años, pero que hay cambios graduales que resultan en nuevas normas. Los jueces como Sérgio Moro, quien encabeza el proceso judicial de Lava Jato, demuestran que Brasil sí tiene las instituciones y los medios para enfrentarse a los malhechores más poderosos –y populares–.

Todavía quedan seis meses antes de las elecciones. Deberían usarse para buscar a un líder que pueda asegurar que las ganancias obtenidas hasta ahora en contra de la corrupción no se conviertan en reveses para la democracia.



yoselin