Internacional - Política

Angela Merkel llega a un acuerdo migratorio con el ministro de Interior y salva su Gobierno

2018-07-03

"No me dejaré destituir por una canciller que sólo es canciller gracias a...

CARMEN VALERO | El Mundo

La canciller Angela Merkel y su ministro de Interior, Horst Seehofer, han llegado a un acuerdo in extremis sobre migración y desactivado con ello la bomba que amenazaba con hacer saltar por el aire el Gobierno de coalición de la primera economía europea. "Tenemos un acuerdo claro para combatir la inmigración ilegal en la frontera con Austria y eso me permite seguir como parte de este Gobierno", declaró Seehofer tras una reunión con Merkel y con la presidenta del Partido Socialdemócrata (SPD) Andrea Nahles que mantuvo en vilo al país pues todo apuntaba a la catarsis. El acuerdo prevé básicamente un mayor control de la migración en la frontera germano-austriaca y el establecimiento de centros de tránsito. Se trata de un compromiso de mínimos que deja en tablas la partida que Seehofer mantenía con Merkel, ésta con el ala más conservadora de su formación y a Seehofer con todos los demás.

Unos cien días después de la formación de gobierno en Alemania, el traje de chaqueta que se confeccionó Mekel para su cuarta y previsiblemente última legislatura estaba hecho jirones. Se desgarró a causa de la migración, símbolo de todos los males, y por el pantalón, metáfora del poder que ejerce en su partido en Alemania y que ahora le disputaba Seehofer, el líder de la Unión Socialcristiana (CSU), socio en el gobierno y a la postre ministro de Interior. La embestida contra Merkel del político bávaro, un macho alfa visiblemente atragantado por la autoridad de una mujer que además procede del Este, desató una lucha fratricida entre los partidos de la Unión. La relación simbiótica que mantienen desde hace 70 años la Unión Cristianodemócrata (CDU) y la CSU estaba bajo amenaza y con ella la continuidad de la coalición de gobierno.

"No me dejaré destituir por una canciller que sólo es canciller gracias a mi", declaró chulesco Seehofer al diario 'Süddeutsche' previo a la cumbre que anoche celebraron los jefes del tripartito gubernamental para intentar resolver una crisis que cada vez se parecía más a una olla en la que todos querían meter la mano.

Tan pasado de castaño oscuro se presentaba el panorama que, a simple vista, la destitución de Seehofer parecía ser la única opción que restaba a Merkel si éste, como así parecía, estaba dispuesto a ignorar sus directrices e imponer medidas unilaterales contra la migración como el cierre de fronteras o la expulsión en caliente.

La eventual destitución de Seehofer, hubiera podido suponer la salida de la CSU del Ejecutivo, dejando a Merkel con el Partido Socialdemócrata (SPD) tres escaños por debajo de la mayoría parlamentaria.

Previo a su encuentro con Merkel y Nahles, Seehofer declaró al 'Süddeutsche Zeitung' que no aceptaría un compromiso cualquiera. "Sin un compromiso claro no seguiré adelante" explicó Seehofer, que dijo estar en una situación difícil de imaginar: "La persona a la que ayude a estar donde está quiere librarse de mi", denunció Seehofer, que siempre discrepó con la canciller en política migratoria.

Los grupos parlamentarios de la CSU y de la CDU han mantenido en las ultimas 48 horas reuniones en todos los formatos posibles para intentar salvar los muebles que quedaban en casa. Y lo más llamativo del asunto han sido las divergencias en la propia CSU.

La dramaturgia del desencuentro en el seno del Gobierno pareció ser fruto de una intriga por el control de asumir la presidencia de la CSU en Baviera, único cargo que mantiene Seehofer al margen de su cartera en Berlín.

Seehofer fue apartado el pasado año del Ejecutivo bávaro en una jugada de guante blanco de su ministro de Finanzas, Markus Söder, un político ambicioso y escurridizo capaz de representar el ala más conservadora de la CSU siendo liberal. Hace unas semanas, cuando Seehofer se enfrentó a Merkel en política migratoria, Söder salió a la palestra diciendo que frenar la migración era una cuestión de credibilidad. No dijo de quien o para quien, pero deliberadamente o no metió a Seehofer, como presiente de la CSU, en el saco. Ahora, cuando Seehofer estaba al filo del desahucio, Söder volvió a ofrecer su mejor cara abogando por un entendimiento blando entre la CSU y la CDU. Curiosamente, el jefe del grupo parlamentario de la CSU, Alexander Dobrint, apostó por lo contrario. También Dobrint aspira a la presidencia de la CSU, pero a diferencia de Söder prefiere estirar los tiempos y mantener a Seehofer en el sillón hasta después de las elecciones de octubre. Un retroceso electoral de la CSU sería su mejor aval contra Söder. Seehofer, viejo zorro y con poco que perder, ha abortado las aspiraciones de uno y otro. Y ha demostrado hasta que punto Merkel es capaz de sortear el ocaso.



Jamileth