Cultura

Los verdaderos libros de bolsillo

2018-11-01

Como objeto físico y como proeza tecnológica, es difícil superar al libro...

Por Alexandra Alter\The New York Times

“Un libro es la prueba de que los humanos son capaces de crear magia”, dijo alguna vez el cosmólogo Carl Sagan. “Es un objeto plano hecho de un árbol, con partes flexibles donde se encuentran impresos muchos garabatos negros y curiosos. Pero basta que se le dé un vistazo para penetrar en la mente de otra persona, tal vez de alguien que lleva muerto miles de años”.

Como objeto físico y como proeza tecnológica, es difícil superar al libro impreso. Aparte de una que otra mejora cosmética, su forma casi no ha evolucionado desde que surgió el códice hace aproximadamente dos mil años como una buena alternativa para los pergaminos en forma de rollo.

Así que cuando Julie Strauss-Gabel, presidenta y editora de Dutton Books for Young Readers, descubrió los dwarsliggers —pequeñas libretas horizontales de bolsillo que se han convertido en un formato de impresión muy popular en los Países Bajos— sintió que eran una revelación.

“Lo vi y pensé: ‘Guau’. Emprendí una misión para ver cómo podíamos hacerlos en Estados Unidos”.

Este octubre, Dutton, que es parte de Penguin Random House, hizo el primer lanzamiento de minilibros, con cuatro reimpresiones de las novelas de John Green, autor de éxitos de ventas para adultos jóvenes. Estas versiones diminutas son del tamaño de un celular y no más gruesas que un pulgar, además el papel es tan delgado como la piel de una cebolla. Se pueden leer con una sola mano: el texto fluye en sentido horizontal y las hojas se pasan hacia arriba, con un movimiento similar al que se hace en un móvil.

Es un experimento audaz que, de resultar exitoso, podría cambiar el panorama editorial y quizá incluso modificar la manera en que la gente lee. El próximo año, Penguin Young Readers planea lanzar más minilibros, y si a los lectores les atrae este formato, otros editores podrían hacer lo mismo.

Green ya conocía los dwarsliggers; los vio hace muchos años cuando vivía en Ámsterdam (la palabra viene de dwars, transversal, y liggen, yacer, y también significa algo o alguien que sobresale por ser diferente). A lo largo de la última década, el formato se ha extendido por Europa y se han vendido casi diez millones de copias en ediciones mini de autores contemporáneos, tales como Dan Brown, John le Carré, Ian McEwan e Isabel Allende, así como clásicos de Agatha Christie y F. Scott Fitzgerald.

Cuando Strauss-Gabel le preguntó a Green si le gustaría que probaran este formato con sus novelas en el mercado estadounidense, inmediatamente se mostró interesado.

“Me habló y me dijo: ‘¿Has visto estos (mi pronunciación del holandés es pésima, mejor imagina que sí digo la palabra)? Estamos pensando en hacer algo así. ¿Te interesaría?’”, recordó Green.

Le pareció una oportunidad única para innovar en el área de la impresión de libros, así que aceptó gustoso.

“Como a muchos escritores, me fascina el arte de fabricar libros y los pequeños detalles que hacen tan especiales a los libros físicos”, explicó Green. “No sentí que fuera un truco de mercadotecnia, sino una manera interesante y distinta de leer”.

Green, autor del libro Bajo la misma estrella, que inspiró una película taquillera, en varios sentidos es el escritor idóneo para este experimento. Tiene admiradores jóvenes muy devotos —se han impreso más de cincuenta millones de ejemplares de sus novelas— y muchísimos seguidores en redes sociales: más de cinco millones en Twitter y más de tres millones de suscriptores en su canal en YouTube, Vlogbrothers, que administra con su hermano, Hank.

Las versiones mini de las novelas de Green —Buscando a Alaska, El teorema Katherine, Ciudades de papel y Bajo la misma estrella— se pondrán a la venta con un precio de 12 dólares, o 48 por la colección, y estarán disponibles en las principales librerías comerciales e independientes, donde es probable que se les coloque a la vista de todos junto a las cajas registradoras. Puesto que son atractivos como objetos de diseño, los minilibros incluso podrían llegar a venderse en tiendas convencionales y en tiendas de productos descatalogados y rebajados de muebles y diseño, con lo que las editoriales podrían hacerse de una mayor clientela.

Dutton y Green esperan que los jóvenes lectores de una generación criada con el internet y los celulares sean receptivos al concepto de un libro miniatura tipo folioscopio.

“Es mucho más cercano a la experiencia de usar un móvil que los libros normales, pero es mucho más parecido a un libro que a un celular”, sostuvo Green. “El problema de leer en un celular básicamente es que mi teléfono también hace muchas otras cosas”.

Recientemente, algunas editoriales han probado hacer libros más pequeños para promover títulos que ya estaban descatalogados con el fin de incitar a los lectores a comprar ediciones nuevas de obras que conocen y aman, pero que ya tienen. Hace tres años, Picador sacó libros pequeños de Denis Johnson, Jeffrey Eugenides, Herman Hesse y Marilynne Robinson. Estas pequeñas ediciones, que miden unos 14 centímetros de alto y 9 de grosor, se crearon para celebrar el vigésimo aniversario del sello editorial. El formato fue tan popular con los libreros independientes que Picador decidió lanzar otra colección en 2017 —de textos de no ficción de Hilary Mantel, Susan Sontag, Joan Didion y Barbara Ehrenreich— y planea sacar más el próximo otoño.

Este año Strauss-Gabel comenzó su misión de importar estos minilibros en Estados Unidos. Contactó al impresor holandés, Royal Jongbloed, y le preguntó si Dutton podría asociarse con su compañía para imprimir ediciones en inglés. Jongbloed, fundada en 1862 como librería para luego convertirse en una imprenta de biblias, creó el formato tipo folioscopio en 2009. Al poco tiempo se dio cuenta de que había mucho interés en libros compactos y portátiles. Desde entonces han publicado 570 títulos tan solo en los Países Bajos, incluyendo obras de Jonathan Safran Foer, Fiódor Dostoyevski, Ian McEwan y Philip Kerr.

Pero no fue una hazaña sencilla poder hacer estas ediciones en inglés de las obras de Green. Jongbloed es el único impresor del mundo que hace los minilibros, con un papel ultradelgado pero durable que obtiene de una papelera ubicada en un pueblo finlandés. Las primeras pruebas que envió Jongbloed tenían las páginas muy atiborradas de letras y palabras que estaban demasiado juntas. Los diseñadores de Dutton experimentaron con distintos espaciados y tipografías hasta que enviaron al impresor un diseño corregido. Modificar el formato de El teorema Katherine, un libro que tiene notas al pie y ecuaciones matemáticas, fue especialmente difícil.

“Estamos en una situación en la que los milímetros cuentan”, explicó Strauss-Gabel.



Jamileth