Nacional - Política

López Obrador, ante su primera gran crisis por la explosión del oleoducto en Tlahuelilpan

2019-01-21

Para implementar eficientemente esta estrategia, el Ejecutivo mexicano decidió desplegar a...

Por PABLO SÁNCHEZ OLMOS, El Mundo

Los peritos y forenses mexicanos desplazados a Tlahuelilpan no han dejado de trabajar durante todo el fin de semana para tratar de encontrar respuestas en una escena del crimen cuyo rastro ha sido borrado con fuego y gasolina. Desde la capital del país, el nuevo presidente López Obrador trata de sofocar otro incendio, uno político, creado por su gestión y previsión de una tragedia que ha dejado 79 muertos y 66 heridos graves. El accidente más mortífero por robo de combustible de la historia del país ha llegado en un momento crítico para el nuevo Gobierno, cuya estrategia de combate frontal contra los ladrones de combustible ha provocado, en las últimas semanas, un desabastecimiento generalizado de gasolina en buena parte del país.

Para implementar eficientemente esta estrategia, el Ejecutivo mexicano decidió desplegar a más de 5,000 militares para apoyar las tareas de detección y clausura de tomas clandestinas. El pasado viernes, al menos 25 de ellos recibieron la orden de controlar la fuga intencionada en Tlahuelilpan pero, según la versión oficial, los soldados decidieron replegarse antes que confrontar a los cientos de civiles que, en ese momento, participaban en una fiesta bañada en gasolina. Esta decisión de no intervenir, respaldada por el Gobierno central, ha desatado la polémica por la posibilidad que tuvieron los militares de impedir la tragedia. "No se hubiera logrado mucho. Hay el antecedente de que en estos casos no se respeta al ejército", justificó en rueda de prensa López Obrador.

En los últimos tres meses se habían detectado más de 10 tomas clandestinas en este pequeño municipio, según destacó Octavio Romero, director de la petrolera estatal Pemex. Tan solo una semana antes del trágico accidente, y a escasos 15 kilómetros de Tlahuelilpan, unos 200 pobladores retuvieron durante varias horas a 3 militares que habían tratado de impedirles llevarse el combustible de otra fuga intencionada. Este es el escenario en el que viven miles de mexicanos del interior del país. La zona cero del robo de combustible a nivel nacional es un territorio humilde donde la gente subsiste a sabiendas que, debajo de ellos, pasa uno de los oleoductos más importantes de la región, el de Tula-Tuxpan, con capacidad para transportar 70,000 barriles diarios de combustible.

La crisis de gasolina y su papel en la tragedia

En las últimas semanas, dentro del marco de combate al huachicoleo (robo de combustible), el gobierno mexicano cerró temporalmente éste, entre otros tantos oleoductos del país, para poder detectar las posibles tomas clandestinas. Este cierre parcial provocó una crisis de desabastecimiento generalizado en varias ciudades del país. En la Ciudad de México, varias gasolineras colgaron el cartel de: "Tanques vacíos" provocando una histeria generalizada, y las llamadas 'cargas del pánico', en una megalópolis que necesita el preciado combustible para seguir funcionando a diario. Con el paso de los días, la situación se fue normalizando aunque, en pequeños municipios como el de Tlahuelilpan, llevaban una semana "con el abasto de gasolina al mínimo", según confesó una pobladora a El Sol de México.

Esta escasez provocó que "entre 800 y 900 personas" se dieran cita frente a un chorro de gasolina de hasta 7 metros de altura que corría a escasos metros de sus casas. La posibilidad de poder llevarse algunos bidones, con las que evitarían largas colas en las gasolineras, empujaron a muchos, que en otra ocasión nunca habrían acudido, a participar de una ordeña clandestina que, según se comprueba en varios vídeos difundidos en redes sociales, se había convertido ya en una fiesta patrocinada por la gasolina de la petrolera estatal.

La explosión fue tan grande que todavía hay 54 cadáveres carbonizados cuya identidad ha sido imposible identificar. La ausencia de testigos no ha ayudado a detectar el origen del accidente aunque, según ha desvelado el fiscal general Alejandro Gertz, la teoría que toma más fuerza entre los investigadores es que "el alto octanaje del combustible provocó unos gases letales que habrían reaccionado con alguna fricción de ropa sintética de la gente que estaba allí".



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