Atrocidades

Yemen, un país que se desangra

2017-12-05

Los rebeldes hutíes, apoyados por Teherán, han querido dejar claro a los militantes...

Editorial, El Mundo

El brutal asesinato del ex presidente yemení Ali Abdalá Saleh a manos de sus aliados, el grupo rebelde chií de los hutíes, abre una peligrosa deriva en una guerra que ha provocado la mayor catástrofe humanitaria del planeta. Más de 20 millones de personas necesitan ayuda urgente como consecuencia del recrudecimiento del conflicto, mientras que Arabia Saudí e Irán continúan disputándose no sólo el territorio yemení, sino la supremacía del islam entre las tradiciones chiíta y sunita.

Saleh estaba sentenciado desde que el pasado sábado anunciara su intención de acercar posiciones con la coalición árabe liderada por Riad, a la que está enfrentado desde que fuese desalojado del poder en 2011, pero especialmente desde que comenzaron los ataques aéreos saudíes en 2015. Los rebeldes hutíes, apoyados por Teherán, han querido dejar claro a los militantes del Congreso Popular, el partido de Saleh, que no están dispuestos a ceder posiciones ni a iniciar ningún camino que lleve al diálogo y al fin de la guerra. Pero la comunidad internacional no puede seguir tolerando una catástrofe de estas dimensiones, que desde marzo de 2015 se ha cobrado la vida de más de 8,600 personas, ha causado casi 50,000 heridos y ha impedido el control de una epidemia de cólera que afecta ya a más de 70,000 yemeníes.

Es necesario evitar que la muerte de Saleh se convierta en el inicio de una nueva escalada de violencia, a la que organizaciones terroristas como Al Qaeda y Estado Islámico están contribuyendo de manera oportunista. Cada vez hay más intereses en juego en un país que se desangra víctima del fanatismo y las luchas por el poder.



yoselin