Miscelánea Humana

Comida de la reconciliación

2018-07-13

Sea cual sea el grupo con el que mejor nos hayamos identificado a lo largo de las campañas,...

Cileya Muslera

Después de la intensa jornada electoral que vivimos este 1 de julio de 2018, quedó una atmósfera postelectoral bastante singular; por un lado los tristes porque perdió su gallo pero tranquilos porque no somos Venezuela y hasta el peso se ha ido recuperando; por otro lado los felices que por fin les hizo justicia la revolución y vieron por primera vez ganar al candidato que votaron. Sea cual sea el grupo con el que mejor nos hayamos identificado a lo largo de las campañas, ha llegado la hora de reconocer algo fque ocurrió fuera de lo común acompañado de cualquier cantidad de espectativas. Sea lo que sea hemos de dejar a un lado esas diferencias que no conducen a nada y miremos todos hacia el mismo horizonte y hagamos lo pertinente para que el barco no se hunda más aprovechando el cambio de capitán. Por cierto sugiero organizarnos, en el ámbito de nuestra especialidad marinera, para participar en alguna de las batallas propias de hacerse a la mar y organizarnos con responsabilidad en el rol de guardia con el fin de evitar se pierda el rumbo si todos nos volvamos a dormir.

Así que fumémonos la pipa de la paz, no dejemos cabos sueltos y arreglemos diferencias con una buena comida. Para limar asperezas, reavivar el espíritu de cuerpo y entrar en comunión con mi tripulación me agarrado inspiración en donde menos tengo: la cocina.

He aquí mi propuesta para entrar en comunión después de este tormentoso verano de 2018:

Pasta de la reconcileación 2018

Todos los ingredientes van en cantidades al gusto moldeado por la disciplina y la armonía.

Pasta de coditos. A manera de nostalgia de la infancia cuando estamos aprendiendo a ser mexicanos en nuestra vida social iniciada en las fiestas de piñatas de los amigos.

Yerbabuena picada con todo y tallo por aquello de ser incluyente con lo que por costumbre y sin cuestionarnos dejamos a un lado.

Por cierto, también el rabo del perejil y los cebollines dan buena batalla.

Chiles secos en aceite totalmente molidos. Agregar sin ingenuidad y mucha conciencia porque aunque fabuloso con cualquier tipo de comida no se puede dejar al azar su interacción con los demás ingredientes. En nosotros está no permitirle sacar su lado oscuro y corruptor de la alegría de comer.

Yogur con probióticos y ligeramente endulzado para recordar que en nuestro mismo cuerpo conviven millones de bacterias que ni las vemos ni las escuchamos; por pura ignorancia a pesar del bien que nos hacen a diario.

Mayonesa porque es un lugar común de los mexicanos a la hora de hacer ensalada de coditos, ensalada rusa, tortas y todo tipo de empaderados, sándwiches y demás que llegaron del extranjero y que acogimos tan bien que hasta se nos olvida su origen; como debe de ser.

Pepinillos en salmuera y arándanos secos que dan ese toque agridulce que nos recuerda nuestra complicada relación con el vecino del Norte. Una de las tantas cosas que han quedado con ese intenso ir y venir de gente y cultura.

Zanahoria rayada

Mango en rebanadas para recordar esa abundancia al alcance de la mano y muchas veces mal aprovechada.

Piña en cuadritos porque es tanto para la niña, como para el niño y todos aquellos que se identifiquen en lo intermedio (LBGTTTI) entre esta dicotomía.

Manzana es muy importante porque su presencia nos recuerda evitar en tentaciones y discordias que no resuelven nada y mal logran todo.

Limón es esa especie de comodín mexicano que se lleva con todo dentro y fuera de la cocina. Creo que es de los ingredientes que mejor nos representa y que junto con el chile todos lo extrañamos mucho cuando estamos lejos de casa.

Como toque mágico una pizca de caldo de pollo para exocirzar cualquier mal talante.

Y a mezclar festivamente todos los ingredientes con esa singular alegría que nos caracteriza internacionalmente



JMRS