Vox Populi

Palabrería gubernamental

2017-05-18

Peña Nieto no ofreció más que el reciclamiento de algo cercano a la nada. Solemne, con semblante...

Julio Hernández López, La Jornada


Como nunca, periodistas gráficos de la fuente presidencial objetaron sonoramente la postura política del objeto de sus cotidianos y siempre silentes esfuerzos informativos: justicia, exigieron a Enrique Peña Nieto, y que no hubiera más discursos, cuando el ocupante de Los Pinos se disponía a cumplir con un protocolario minuto de silencio en memoria de comunicadores asesinados, como contradictorio e insensible preámbulo a la pronunciación de un discurso hueco, burocrático, ofensivo en cuanto solamente habría de servir para propaganda de control de daños del palabrero priísta, durante cuyo gobierno la muerte y la impunidad han ido de la mano.

Peña Nieto no ofreció más que el reciclamiento de algo cercano a la nada. Solemne, con semblante duro al momento de los gritos de periodistas, meramente declamatorio, habló ante la élite política nacional, con representantes diplomáticos como invitados especiales. Pero no hubo una sola frase que se salvara de la fundada hoguera del escepticismo causado por el cinismo. El mexiquense recitó algunas fórmulas administrativas que no funcionaron mientras tuvo un poder pleno, así que menos aplicación exitosa habrán de tener ahora, cuando Peña vive un fin de sexenio adelantado y su mayor preocupación es la electoral.

La verbosidad, ya sin sustento ni viabilidad política, quiso asirse de etiquetas tan burocratizadas como sabidamente inútiles: el mecanismo de "protección" a periodistas y defensores de derechos humanos; el incremento, no precisado en cuantías ni tiempos, de recursos para ese presunto blindaje; los protocolos "homologados" entre oficinas federales y de las entidades federativas; el ondeo en lo alto de las banderas retóricas de la libertad de expresión, el respeto a la crítica, el estímulo al disenso y el ¡diálogo! con los periodistas a los que no ha querido, a lo largo de su sexenio, ofrecer la posibilidad de conferencias de prensa abiertas, con preguntas libres y sin presión de los coordinadores gubernamentales de comunicación social.

Peña Nieto en el clímax de la intrascendencia declarativa, antecedido por otro poeta de los abismos convertidos en fabulación con pretensiones analgésicas, Miguel Ángel Osorio Chong, reconociendo algunas fallas pero dotado de la voluntad demagógica de considerarlas excelentes oportunidades para superar esos detalles negativos, auténticos acicates para mejorar. El titular de la procuraduría federal de justicia, Raúl Cervantes Andrade, aprovechó la ocasión para emitir bonos de esperanza para ser cobrados cuando lo conviertan en fiscal "autónomo" por nueve años, impuesto por EPN para el cuidado transexenal dé las espaldas. El coro también contó con la participación del "apartidista" Miguel Ángel Mancera.

Pero, significativa y paradójicamente, el peñista minuto de silencio tuvo como referente noticioso la crítica a gritos, uno y luego otro, de parte de los fotógrafos y camarógrafos que pasaron a la acción verbal como legítima defensa ante la ampulosidad cupular deseosa de cubrir con retórica y promesas la terrible realidad conocida y palpada por esos periodistas, y no solamente a propósito de las ejecuciones recientes de Miroslava Breach y Javier Valdez, sino de muchos de sus compañeros de oficio y de una sociedad, en general, nunca protegida de verdad por esos declarantes ceremoniosos ni por sus discursos de vehemencia proporcional a la falsedad.

PROTECCCIÓN A PERIODISTAS 

La Presidencia de la República convocó ayer a una reunión de integrantes del gabinete de Seguridad y gobernadores del país. El presidente Enrique Peña Nieto anunció "medidas extraordinarias" ante la gravedad de la situación que enfrentan los comunicadores y defensores de derechos humanos. En la imagen, con Javier Corral, gobernador de Chihuahua, en Los PinosFoto Francisco Olvera    

Lo sucedido ayer en Los Pinos forma parte de una indignación generalizada en el gremio periodístico que se ha manifestado en plazas públicas, congresos y palacios estatales de gobierno y, la noche del martes, frente a la Secretaría de Gobernación. No anima a los manifestantes la pretensión de que su oficio cuente con privilegios o reciba tratos excepcionales: sucede que justamente el cumplimiento de ese oficio periodístico puede permitir el conocimiento veraz de lo que sucede en la sociedad en general y puede alentar a la corrección oportuna y sostenida de esos males políticos y sociales. Acallar ese periodismo es, al mismo tiempo, desposeer a la sociedad de la información y el análisis que permitan superar la caótica situación nacional.



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