Vuelta al Mundo

El doble rasero del racismo en Sudáfrica 

2017-06-16

La crisis se agravó cuando Zille dijo que ni por esas se iba a retractar, aunque su intención no...

CAROLINA VALDEHÍTA / El Mundo

Helen Zille, la "premier" del Cabo Occidental pide perdón por sus comentarios procolonialismo en Twitter y queda suspendida de algunos de sus cargos

"El lidiar con el racismo de una manera selectiva debe ser investigado", dice una organización

El principal partido de la oposición en Sudáfrica, la Alianza Democrática (AD), suspendía a principios de mes a su ex líder Helen Zille después de una serie de tuits en el mes de marzo en los que dijo que "no todo el legado del colonialismo fue negativo". Su líder actual, Mmusi Maimane, no dudó en rebatir a Zille en la misma red social: "El colonialismo, al igual que el apartheid, fue un sistema de opresión y sometimiento que nunca podrá ser justificado", alegó temiendo que el comentario pudiera dañar su camino a la presidencia.

La crisis se agravó cuando Zille dijo que ni por esas se iba a retractar, aunque su intención no era ofender a nadie ni causar dolor a quienes sufrieron las peores consecuencias del colonialismo. El pasado 13 de junio llegó el desenlace en forma de rueda de prensa conjuntar para atajar la polémica. Maimane se coronaba como ganador y Zille mantenía su puesto como 'premier', aunque quedaba relegada de sus cargos en la ejecutiva federal del partido y en los consejos federales y provinciales. Durante la comparecencia volvió a pedir perdón, esta vez "sin reservas", a sabiendas de que sus palabras podrían determinar el futuro de su partido en las elecciones de 2019. Zille, que jugó un importante papel como activista anti apartheid, fue alcaldesa de Ciudad del Cabo entre 2006 y 2009, y es actualmente la jefa de gobierno de la Provincia Occidental del Cabo.

Han transcurrido más de 20 años desde que Sudáfrica se reconcilió del brazo de su héroe nacional. El apartheid fue doloroso y duró más tiempo del que cualquier democracia madura podía tolerar llegados los 90. Las primeras elecciones multipartidistas dieron el poder en 1994 al Congreso Nacional Africano (CNA) con un anciano pero necesario Nelson Mandela al frente. Desde entonces, el CNA no ha tenido rival en las urnas, aunque actualmente esté inmerso en una crisis interna que le llevó a tener sus peores resultados en los comicios locales del verano pasado.

Muchos han criticado recientemente que Madiba fue demasiado blando y optó por contentar a la élite blanca. De hecho, su predecesor en el cargo, Frederik de Klerk, fue integrado en el gobierno asumiendo la vicepresidencia junto con Thabo Mbeki hasta 1996. En 1993, Madela y De Klerk recibieron el Nobel de la Paz conjunto por poner fin a décadas de apartheid. Mandela había ganado una batalla importante cuando el apartheid fue abolido, pero no ganó la guerra fría que nunca abandonó el país.

La Comisión Sudafricana para los Derechos Humanos (SACHR) reconocía en su último informe, que tras 20 años en activo, "la cuestión del racismo sigue siendo uno de los desafíos más persistentes a los que se enfrenta la nación". Por otro lado, la organización de defensa de las minorías AfriForum -que salvaguarda a la comunidad 'afrikaner' y pugna por una "convivencia pacífica y sostenible entre culturas"-, dijo durante un acto en Johannesburgo que los sudafricanos tienen "un doble rasero" en lo que se refiere al racismo.

Este "doble rasero" se refiere a que los actos xenóbofos de blancos hacia negros son duramente condenados mientras que no sucede lo mismo a la inversa. En su exposición pusieron el ejemplo de un vídeo que hace unos meses se viralizó en el que dos terratenientes blancos obligaron a un joven negro a meterse en un ataúd y le amenazaron con prenderle fuego. El caso llegó a los tribunales y tuvo una gran repercusión social. Por otro lado, Julius Malema, el controvertido líder de la tercera formación política, los Economic Freedom Fighters (EFF), ha declarado en más de una ocasión que "los blancos deben ser expropiados y asesinados", sin que haya habido ningún tipo de condena o represalia por este discurso de enaltecimiento del odio. La repercusión generada en el caso de Zille ha sido abrumadora y ha terminado convirtiéndose en una caza de brujas 2.0.

A principios de mayo el Sindicato de Solidaridad, también con raíces "afrikaner", acusaba a la propia SACHR de ser selectiva a la hora de presentar sus quejas relacionadas con el racismo ya que no han investigado a ningún sudafricano negro de alto rango. "El fenómeno de lidiar con el racismo en Sudáfrica de una manera selectiva debe ser profundamente investigado y analizado", declaraban desde el sindicato.



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