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La ciencia en el futbol: del Dinamo de Kiev a Rusia 2018 – Español

2018-06-12

En medio de la masculinidad tóxica y el machismo que impera en el medio deportivo...

Marion Reimers, The New York Times


En 2013, luego de un partido amistoso entre el Paris Saint-Germain y el Real Madrid, se hizo viral una imagen de Zlatan Ibrahimovic: en medio del campo de juego, luego del encuentro, el astro sueco portaba lo que a primera vista parecía ser un sports bra, un corpiño especial que utilizamos las mujeres para practicar deporte.

En medio de la masculinidad tóxica y el machismo que impera en el medio deportivo —particularmente entre la prensa y los aficionados— la imagen se convirtió en objeto de burla.

No era que Ibrahimovic necesitara contener el movimiento de sus pechos, sino que estaba usando un dispositivo para medir su rendimiento físico durante los entrenamientos y los partidos, un geolocalizador de la empresa GP Sports. Ahora esta herramienta se puede apreciar bajo los uniformes de los jugadores que participan en la mayoría de las competencias importantes del mundo, lo cual es una muestra de la influencia cada vez mayor de la ciencia en el deporte.

Pocas carreras deportivas experimentaron tanto los contrastes del debate entre ciencia e intuición como la de Valeri Lobanovski en el futbol. Formado en las filas del Dinamo de Kiev, era un jugador al que le gustaban las florituras, el toque exquisito y la lucidez de la individualidad. Pero como entrenador se convirtió en un hombre obsesionado con los datos, la repetición y la mecanización de los movimientos de sus dirigidos.

Lobanovski nació en 1939 y fue marcado por la era del desarrollo científico en la Unión Soviética. La ciudad de Kiev, que hoy alberga un estadio que lleva su nombre, era el centro de desarrollo computacional más importante de la URSS y fue pionera en el estudio de la inteligencia artificial y los modelos matemáticos.

De la mano del decano del Instituto de Ciencias Deportivas de Kiev, Anatoly Zelentsov, Lobanovski logró dominar la superliga rusa en ocho ocasiones y la copa en seis para finalmente coronarse en 1975 en la Supercopa y Recopa de Europa. En 1986 volvieron a la Recopa con una exhibición de altísima categoría frente al Atlético de Madrid de Luis Aragonés.

El futbol de aquel Dinamo y de la selección de la antigua Unión Soviética en la Eurocopa de 1988 significaron la consolidación del futbol total que Holanda ya había descubierto por otras vías. Con un acercamiento epistemológico distinto, Lobanovski pregonaba en la URSS una filosofía similar a la que confeccionaron Cruyff y Rinus Michels y que revolucionó el futbol.

Principios como la máxima presión, priorizar el funcionamiento colectivo por encima del individual, la constante labor de sacrificio de todos los elementos sobre el campo de juego con constante movimiento y una mecanización absoluta de los movimientos eran algunos de los elementos que caracterizaban a aquel Dinamo de Kiev, que tuvo como grandes exponentes a Oleh Blokhin o Igor Belanov. Se trataba del futbol total detrás de la cortina de hierro.

Entre el arte y el método científico

Lobanovski y Zelentsov se conocieron en la Universidad de Kiev y posteriormente desarrollaron modelos para aplicar variables científicas al campo de juego, al rendimiento de los jugadores y que todos estos datos pudieran ser procesados por gigantescas computadoras. En Kiev, diez años antes, se había desarrollado el primer prototipo de lo que hoy conocemos como PC.

Ambos estaban fascinados por la aplicación de las matemáticas y el método científico en el futbol, una disciplina deportiva que, en apariencia, es tan aleatoria. Eso marcó a generaciones posteriores de entrenadores como Marcelo Bielsa o Pep Guardiola.

Zelentsov comparaba los movimientos de un equipo de futbol con los de un enjambre de abejas. “La colonia se encuentra en el aire y alguna es la lideresa. Gira a la derecha y todas giran a la derecha, si gira a la izquierda todas giran a la izquierda. Lo mismo sucede en el futbol. Hay alguien que lidera y toma una decisión de moverse y el resto debe corregir su movimiento para seguir al líder”, mencionaba en alguna de sus explicaciones recogidas en el libro que publicó con Lobanovski, La base metodológica del desarrollo de modelos de entrenamiento.

El dúo ucraniano no ha sido el único en buscar una metodología o darle un sentido científico a lo que el periodista argentino Dante Panzeri denominó “dinámica de lo impensado”; también el físico Stephen Hawking desarrolló un modelo para cobrar de manera más certera los tiros penales.

No obstante, hubo y habrá siempre quienes se resistan a la mecanización y dureza de la ciencia en un deporte que consideran que debe fluir de manera casi empírica. Los críticos más duros de Lobanovski y Zelentsov aseguraban que habían convertido al futbol de su país en un estilo orientado exclusivamente a cumplir órdenes y servir como meros datos y números sin darle al juego un sentido de estética o disfrute.

“La función es primaria, la táctica secundaria” es otro axioma establecido por la dupla ucraniana de aspirantes a científicos del deporte. Es un concepto que, en más de una ocasión, ha sido utilizado por el entrenador de la selección mexicana, Juan Carlos Osorio. Su metodología para este proyecto privilegia el estado físico de los jugadores, la rotación de futbolistas acorde al análisis puntual del rival y el uso de metodologías científicas para medir el rendimiento de sus jugadores.

En vísperas de una participación más de México en la Copa del Mundo, la pregunta gira en torno a las capacidades del entrenador y sus jugadores. Hay quienes presumen que esta es la mejor selección de todos los tiempos y que el técnico únicamente hace experimentos sin sentido. Otros plantean que el colombiano vive adelantado a los tiempos que transita el balompié mexicano. ¿Es Osorio un incomprendido? ¿Sería mejor dejarse guiar por la mística de una “cuauhtemiña”?

En la era de los algoritmos el futbol presenta sus propios debates existenciales, ¿puede seguir patrones matemáticos? ¿Es arte, ciencia, improvisación o planeación? En la batalla por deconstruir todo hasta el más mínimo detalle, el futbol tiene todavía a algunos protagonistas que se rebelan a través de la irreverencia de la intuición y la imaginación.

En palabras de Asimov: “Hay arte en la ciencia y ciencia en el arte”.



regina