Internacional - Población

Los "chalecos amarillos" van por más

2018-12-05

El anuncio unilateral de una moratoria de seis meses para aplicar los aumentos de impuestos por...

Tullio Giannotti

(ANSA) - PARIS.- Para los "chalecos amarillos", que luego de tres semanas de manifestaciones piden la renuncia del presidente francés y ya piensan en integrar una lista para las elecciones europeas, la "rendición" firmada hoy por Emmanuel Macron no es suficiente.
    
El anuncio unilateral de una moratoria de seis meses para aplicar los aumentos de impuestos por parte del premier, Edouard Philippe, fue recibido como una ducha fría por los manifestantes quienes ratifican que seguirán protestando.
    
"Estamos desilusionados. El sábado estaremos de nuevo en París", fue la respuesta de los "chalecos amarillos".
    
Elevaron la apuesta, saben que son populares y en el juego de ajedrez con el gobierno están claramente en ventaja. Los "gilet jaune" no solo quieren dictar la orden del día sino también marcar el ritmo de las intervenciones. "Queremos impuestos sobre los gigantes de Internet, aquellos que tienen los bolsillos repletos de dinero", dijo a BFM-TV una de las voceras del movimiento, Laetitia Dewalle.
    
Dewalle sostuvo, además, que "Francia no es un país pobre, es un país rico. Reequilibramos la distribución de la riqueza, aumentamos el balance general y reducimos las contribuciones a la seguridad social". La rabia de los "chalecos amarillos" se concentra cada vez más en el presidente francés, y en las últimas horas en la elección de no tomar públicamente la palabra.
    
"Emmanuel Macron todavía no se dignó a hablarle al pueblo.
    
Advertimos un desprecio incalificable de su parte", acusó Dewalle y anunció que el sábado el pueblo saldrá a la calle en París. En tanto, Macron visitó hoy la prefectura de Puy en Velay, en el sur de la capital francesa, que el sábado fue incendiada por los manifestantes. Cuando se iba fue silbado e insultado por un grupo de personas. Como si fuera poco, un nuevo sondeo demuestra que su popularidad sufrió un nuevo descenso, tocando el mínimo del 23%.
    
El primer paso atrás del presidente -#Marchearriere es el hashtag que explota hoy en las redes sociales, ironía sobre el giro de En Marche, el partido de Macron- aumenta las incógnitas sobre la tenencia del gobierno y de la mayoría. El Eliseo subrayó hoy durante todo el día que no existe ninguna renuncia a la reforma impositiva, y se trata justamente del punto débil de este pasaje: "Nosotros queríamos que se anulen los aumentos de impuestos sobre el carburante, somos claros. Una moratoria es una afrenta política camuflada, significa tomarle el pelo a los franceses y aplicar los impuestos en seis meses", subrayó otro vocero de los chalecos amarillos, Benjamin Cauchy. En el programa del presidente y sus intenciones siempre reiteradas está la aplicación de sus promesas electorales, las reformas. Macron siempre dijo que él quería avanzar allí donde sus antecesores se habían visto obligados a frenarse, especialmente Francois Hollande, que no logró aplicar el "impuesto ecológico" tras la rebelión, en 2014, de los "boinas rojas", menos generalizada y violenta que la de los "chalecos amarillos".
    
También aquel intento de Hollande de aplicar un impuesto ecológico a los camiones pesados de más de 3,5 toneladas había desatado una rebelión que unió a camioneros, pescadores y agricultores para que el tributo fuera anulado. El entonces presidente francés, también tenía 23% de popularidad. Hace algunas semanas se consideraba que el momento crucial de la presidencia de Macron llegaría en marzo de 2019, con una reforma radical sobre las jubilaciones sobre la cual, hasta ahora, se rompieron todos los proyectos de los antecesores del actual mandatario. Otro sondeo revela hoy que para 7 de cada 10 franceses la postergación de la aplicación de impuestos debería implicar el fin de la protesta de los "chalecos amarillos".
    
Sin embargo, los tres impuestos de los cuales Philippe anunció hoy su postergación (tasa especial sobre el combustible, aumentos de electricidad y gas, incremento sobre la revisión de automóviles) no convencieron a la marea amarilla. "Pacificar y llevar serenidad al país" eran los objetivos enunciados por el premier francés con sus medidas, que de todos modos costarán 2,000 millones de euros a la caja del Estado, una décima de punto del Producto Bruto Interno (PBI).
    
"Ningún impuesto merece poner en riesgo la unidad de la nación", decía hoy Philippe mientras la situación en todo el país se tornaba incandescente: los estudiantes de escuela media ocuparon cientos de institutos en toda Francia y se enfrentaron con la policía; los "chalecos amarillos" bloquearon rutas y depósitos de carburante. A cuatro días de un nuevo sábado de tensión, el ministro del Interior, Christophe Castaner, pidió a los "chalecos amarillos" que sean "razonables" y no se manifiesten ese día.
    
De todos modos, hizo saber que la eventual manifestación deberá ser, esta vez, autorizada. Y que deberá desarrollarse "con calma".
    
El dispositivo de seguridad se está modificando: los policías, dijo, deberán ser más "móviles y eficaces" para evitar que se propague el desorden.
    
"Los franceses no quieren migajas, quieren toda la baguette", proclamó Cauchy, mientras otros líderes locales de los "chalecos amarillos" se pusieron en marcha para elaborar una lista de candidatos para presentar en las próximas elecciones europeas.



Jamileth
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