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La Didajé


2017-10-11

Por: José Miguel Arráiz


Descubrir a través del estudio de la Iglesia primitiva cómo la fe católica contiene la plenitud de la fe cristiana

Didaché es una palabra griega que significa “enseñanza”, de allí que el título completo de la obra sea “La instrucción del Señor a los gentiles por medio de los doce apóstoles”, o de forma más resumida “Instrucciones de los apóstoles”. Es considerado como uno de los documentos más importantes de la Iglesia primitiva perteneciente al grupo de escritos de los Padres Apostólicos [1]. Aunque la fecha de su composición no se conoce con exactitud algunos autores opinan fue escrito aproximadamente entre los años 50 al 70, otros lo situan entre comienzos y mediados del siglo II.

El Bautismo

En la Didaché se encuentra información de valioso interés apologético porque se describen las prácticas católicas de bautizar tanto por inmersión [2] como por infusión [3]:

    “Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva [corriente]. Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con caliente. Si no tuvieres una ni otra, derrama agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Antes del bautismo, ayunen el bautizante y el bautizando y algunos otros que puedan. Al bautizando, empero, le mandarás ayunar uno o dos días antes.” (Didaché 7,1-4)

Esto es relevante porque algunas denominaciones protestantes han entendido que sólo es válido el bautismo por inmersión. Argumentan que la palabra “bautismo” es una romanización (bapto o baptizo) cuyo significado es «lavar» o «sumergir», y eso implica que la forma de bautizar ha de ser de esa manera. De allí que el bautismo por inmersión es el que se suele aplicar en comunidades eclesiales protestantes como las bautistas y evangélicas, además de algunas sectas como La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y los Testigos de Jehová. Sin embargo el texto de la Didaché demuestra que para los primeros cristianos el significado de la palabra no establecía una manera fija para la administración del sacramento, y que este podía variar de acuerdo a las circunstancias [4].

El texto de la Didaché también arroja mucha luz sobre la antigua polémica relacionada a la formula de bautismal, sobre si en la Iglesia primitiva se bautizaba sólo en nombre de Jesús como se menciona en Hechos 2,38; 8,16; 10,48; 19,5, o en nombre de la Trinidad como Jesús ordena en Mateo 28,19. Esto, porque la Didaché también hace referencia al bautismo en nombre del Señor (Didaché 9) pero cuando indica las palabras a utilizar al momento de bautizar se dice que ha de hacerse en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo:

“Que nadie coma ni beba de vuestra acción de gracias, sino los bautizados en nombre del Señor…” (Didaché 9)

“…bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Didaché 7)

Esto apoya la tesis de que efectivamente cuando en la Escritura se hace referencia al bautismo en nombre de Jesús lo que se hacía era hacer referencia de forma abreviada al bautismo en nombre de la Trinidad, diferenciandolo así de otros bautismos como el de Juan el bautista. También descarta el hecho de que la fórmula Trinitaria haya sido una interpolación tardía originada en el siglo IV, tal como han supuesto algunas sectas que rechazan la doctrina de la Trinidad [5].

La forma de orar

Respecto a la forma de orar, la Didaché presenta instrucciones muy interesantes de orden apologético de cara a las críticas del protestantismo con respecto a las oraciones prefabricadas católicas. Esto, porque si bien el protestantismo ha visto tradicionalmente en este tipo de oraciones un tipo de oración vacía, aquí se enseña precisamente a recitar el “Padre Nuestro”, una oración ciertamente prefabricada, como contraposición a la oración de los hipócritas [6].

    “Tampoco oréis a la manera de los hipócritas, sino que, como el Señor lo mandó en su Evangelio, así oraréis: Padre nuestro celestial, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo, así en la tierra. El pan nuestro de nuestra subsistencia dánoslo hoy y perdónanos nuestra deuda, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos lleves a la tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos. Así oraréis tres veces al día.” (Didaché 8,2-3)

La celebración de la Eucaristía

Si bien en la Didaché no encontramos un testimonio explícito a favor de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, doctrina católica rechazada casi unánimemente por el protestantismo, si encontramos un texto que la insinúa implícitamente al exigir que sólo puedan acceder a ella los bautizados por ser un alimento sagrado.

    “Respecto a la acción de gracias, daréis gracias de esta manera: Primeramente, sobre el cáliz: Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos. Luego, sobre el fragmento: Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos manifestaste por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos. Como este fragmento estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo eternamente. Que nadie, empero, coma ni beba de vuestra acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor, pues acerca de ello dijo el Señor: No deis lo santo a los perros” (Didaché 9,1-4)

Muchas denominaciones cristianas no católicas a raíz de la Reforma Protestante han rechazado también el carácter sacrificial de la Eucaristía al leer en Hebreos 9,28 que “Cristo ha sido ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos”, por eso para ellos Misa católica es una abominación [7]. En la Didaché por el contrario vemos que los primeros cristianos veían la Eucaristía como el sacrificio puro y perfecto profetizado por el profeta Malaquías “Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura.” (Malaquías 1,11).

    “Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, … Porque éste es el sacrificio del que dijo el Señor: En todo lugar y en todo tiempo se me ofrece un sacrificio puro, porque yo soy rey grande, dice el Señor, y mi Nombre es admirable entre las naciones.” (Didaché 14,1-3)

Cabe resaltar que la doctrina católica no enseña que Cristo se “resacrifica” en cada Misa como asumen muchos protestantes de forma errónea. Lo que enseña es que el único sacrificio de Cristo es presentado a Dios Padre en cada Eucaristía, y por eso en el Catecismo oficial de la Iglesia Católica se ensena que “actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador”(CEC 1330) y no que lo “repite”.

Confesión de los pecados

En contraposición con la práctica común dentro del protestantismo donde la persona se confiesa directo con Dios, en la Didaché encontramos un temprano testimonio de la disciplina penitencial de la Iglesia primitiva que inicialmente implicaba una confesión pública de los pecados ante los presbíteros y la comunidad tal como se menciona en la Sagrada Escritura (Hechos 19,18; Santiago 5,16) y cuya forma de desarrolló paulatinamente hasta la confesión auricular que conocemos hoy en día [8].

    “Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.” (Didaché 14,1)

La limosna

Se encuentra también una breve mención a la limosna como una obra piadosa ordenada en el evangelio.

    “Respecto a vuestras oraciones, limosnas y todas las demás acciones, las haréis conforme lo tenéis mandado en el Evangelio de nuestro Señor.” (Didaché 15,4)

Ahora, ¿se refería esta limosna también a la contribución voluntaria de los fieles para el sostenimiento de la Iglesia y la ayuda de los más necesitados mencionada en Romanos 15,26-28; 1 Corintios 16,1; 2 Corintios 8,10? Si bien el texto no lo indica es bastante probable. Lo que si parece ser seguro es la ausencia total de la práctica del diezmo tal como la ha adoptado el protestantismo y que ha sido derivada de la Ley Mosaica prescrita en el Antiguo Testamento. La norma cristiana reflejada en la Didaché es por el contrario la misma norma evangélica donde cada creyente debe contribuir no con un estricto 10%, sino “según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues: Dios ama al que da con alegría.” (2 Corintios 9,7)

Segunda venida de Cristo

Según se observa en la Didaché los cristianos en la Iglesia primitiva tenían pensaban que no podía ser predicho el momento de la segunda venida de Cristo, tentación en la que han caido una y otra vez numerosas sectas (Adventistas, Testigos de Jehová, Creciendo en Gracia, etc.). Para los primeros cristianos había que estar preparados precisamente por la razon contraria: porque al no saber ni el día ni la hora, lo prudente era evitar que los tomara desprevenidos.

    “Vigilad sobre vuestra vida; no se apaguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir vuestro Señor” (Didaché 16,1-2)

Justificación y Salvación

En cuanto a la doctrina de la justificación la Didaché hace un aporte rico en doctrina para un texto cristiano tan breve y antiguo. Rechaza por un lado y con antelación al pelagianismo, herejía que surgió formalmente en el siglo V donde el hombre se justifica por sus propios méritos y no por la gracia de Dios mediante la fe:

    “Luego, tampoco nosotros, que fuimos por su voluntad llamados en Jesucristo, nos justificamos por nuestros propios méritos, ni por nuestra sabiduría, inteligencia y piedad, o por las obras que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe, por la que el Dios omnipotente justificó a todos desde el principio.” (Didaché 32,4)

Pero al mismo tiempo rechaza con antelación la herejía adoptada por Lutero y el protestantismo en donde sólo la fe basta para salvarse (“Sola Fides”) aunque no esté acompañada de la obediencia a los mandamientos y a una vida conforme a la voluntad de Dios. Rechaza también la idea de que la salvación no se pueda perder (doctrina protestante “Salvo siempre salvo”) señalando que de nada sirve haber tenido fe durante mucho tiempo si la muerte no sorprende al creyente en gracia de Dios [9].

    “Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe, si no sois perfectos en el último momento.” (Didaché 16,2-3)



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