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La premier Theresa May en su laberinto 


2017-12-05

Por Alessandro Logroscino

(ANSA) - LONDRES, 5 DIC - Después del fracaso a último momento del acuerdo con Bruselas por el "divorcio", la premier Theresa May se encuentra ahora con la urgencia de arreglar la situación "en casa" para salvar en pacto, en las relaciones con los unionistas norirlandeses del DUP, y también en los equilibrios internos al Partido Conservador.

Al día siguiente de que la Unión Europea y el Reino Unido acercaran posturas sobre el "Brexit", aunque sin llegar a cerrar un pacto por la cuestión de la frontera irlandesa, May iniciaba una ronda de diálogo con los los unionistas del DUP, cuyos 10 escaños le otorgan una mayoría parlamentaria y por lo tanto son vitales para la supervivencia de su gobierno.

Desde Bruselas, Jean-Claude Juncker ha considerado que el acuerdo aún está al alcance de la mano. Pero también desde ahí se hizo saber que el tiempo aprieta y que es necesario cerrar como muy tarde durante la semana si se quiere que el próximo Consejo de Europea apruebe el paso a la segunda fase de las tratativas, referidas a las futuras relaciones comerciales.

O sea, el Reino Unido debe clarificar sus ideas y el "plazo límite" para una propuesta final es mañana.

El acuerdo sobre los tres puntos preliminares (obligaciones financieras, derechos de los ciudadanos de la UE residentes en Gran Bretaña y frontera con Irlanda) ya tendría que estar sellado, de acuerdo con las expectativas generales. Pero el problema de último minuto -más allá del obstáculo del "no" de Londres a las "pretensiones" europeas de una prórroga de la jurisdicción de la Corte de Estrasburgo sobre la tutela de los "inmigrantes comunitarios"- fue sobre el escollo irlandés, dominado por vetas cruzadas. Si, por un lado, Dublín insiste en dar pruebas de inflexibilidad, por su parte, May está obligada a sufrir el veto humillante del DUP.

Los unionistas, apoyados por los más agresivos "brexiteers" de la "parroquia Tory", no quieren saber nada de un "estatus especial" para el Ulster que dejaría abiertas de par en par las puertas con la República, creando en cambio barreras al menos potenciales con el resto del Reino Unido. En efecto, Londres, Dublín y la Comisión Europea habían alcanzado ayer un pacto que le daba garantías a la administración de Leo Varadkar de que el "Brexit" no traería a Irlanda una frontera física. Dublín entiende que el único modo de evitar una frontera es garantizar un alineamiento regulatorio entre Irlanda del Norte y la República.   

Es decir, que Irlanda del Norte continúe, de facto, en el mercado único y la unión aduanera.

Al respecto, Arlene Foster, jefa del DUP, advirtió de que su partido no tolerará un alineamiento regulatorio si este implica un conjunto de normas diferentes para Irlanda del Norte que para el resto del país. Como May no pudo convencer a Foster, el acuerdo se esfumó.

Ahora le toca al ministro por el "Brexit", David Davis, calmar las aguas.

Recurriendo a ejercicios de equilibrismo verbal, Davis jura que un acuerdo posible no prevé un régimen separado para Belfast.

Y sostiene que el alineamiento regulatorio no quiere decir mantenimiento del status quo en los vínculos con Bruselas, ni que Irlanda del Norte deba conservar estándares idénticos a la Unión Europea (permaneciendo esencialmente en el mercado común).

Por el contrario, adoptará reglas capaces de producir "resultados similares" en términos de armonización normativa.

No sólo: añade que el mismo marco de relaciones comerciales -definidos los detalles en la segunda etapa de negociaciones- podrá ser extendido automáticamente a todas las regiones británicas.

Explicaciones que no convencen a la oposición, con el Laborismo a la cabeza. Revitalizado por las encuestas, el partido de Jeremy Corbyn replicó polémicamente por boca de su ministro "sombra" para el "Brexit", Keir Starmer, y por un grupo de diputados. La figura de ayer en Bruselas fue "fue desafortunada", denunció Starmer, para quien May se encuentra sumida al chantaje de la patrulla del DUP y a la guerra de bandas de la corriente Tory (euroescépticos de variada graduación y pragmáticos).


 



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