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La revuelta iraní abre expectativas sauditas


2018-01-02

Por Alberto Zanconato

El guía supremo iraní, Ali Jamenei, definió hoy a las manifestaciones de los últimos días como un complot de los "enemigos" externos, en medio de una tensión que se expande en la capital y en distintos puntos del país y que ha dejado como saldo 23 muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos. En el sexto día consecutivo, las violentas protestas contra el gobierno de Irán han tomado por sorpresa tanto a las autoridades iraníes como a la propia oposición, mientras crece el malestar, sobre todo entre los sectores más postergados.
    
El descontento se explica por múltiples factores, entre ellos, el hecho de que acuerdo sobre la cuestión nuclear sellado en 2015 no haya producido para muchos ciudadanos los beneficios económicos esperados.

Además, en el último año la opinión pública se vio sacudida por episodios que aumentaron la exasperación, como por ejemplo escándalos financieros, la reacción juzgada como desastrosa del Estado ante el terremoto en el oeste de Irán y una ley de presupuesto que corta los subsidios para millones de ciudadanos.
    
También aumentaron vertiginosamente los impuestos para salir del país y el precio de la gasolina, en tanto sumas cuantiosas siguen destinándose para fundaciones y centros de estudios religiosos.
    
No obstante, lo que más irrita a los manifestantes opositores es el compromiso militar y financiero de Irán, de un valor de varios miles de millones de dólares, en beneficio de los aliados en la región y funcional a un expansionismo que las autoridades iraníes persiguen desde hace tiempo en Irak y Siria. Tales iniciativas han sido denunciadas por Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita, país que entre noviembre y diciembre pasados se encontró con dos misiles lanzados hacia Riad por rebeldes yemenistas Houtíes, aliados de Irán. Las protestas tuvieron el apoyo del presidente estadounidense, Donald Trump, y del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu.
    
Riad, entretanto, ha mantenido el silencio, aunque subyace una satisfacción por las dificultades internas de Irán y la protesta contra las ambiciones geoestratégicas de Teherán.
    
En un análisis para Al Arabiya, Abdulrahman al Rashed, ex gerente general de esa emisora televisiva controlada por los sauditas, expresó que las esperanzas aumentan en Riad. Las expectativas no tienen que ver exactamente con una caída del régimen iraní, lo cual tendría consecuencias "aterradoras" para una región ya golpeada por guerras y hostilidades, sino con "un cambio en la política exterior de Teherán y el fin de su enfoque agresivo". Eso, para Al Rashed, sería un resultado "perfecto".
    
Por su parte, en el frente opuesto, el gobierno sirio expresó plena solidaridad con las autoridades iraníes, y consideró lo que está sucediendo en Teherán como producto de una "conspiración". En tanto, el Ministerio de Exteriores de Turquía expresó "preocupación" por lo que está sucediendo en Irán y manifestó la esperanza de que prevalezca "el sentido común para prevenir la escalda de los sucesos y evitar la retórica provocativa y las intervenciones extranjeras". 



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