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Si Donald Trump tuitea sobre política exterior, ¿hay que tomar en serio sus palabras? 


2018-01-11

Steven Erlanger, The New York Times

BRUSELAS — Desde el primer día de 2018, el presidente estadounidense Donald Trump ha atacado a varios países con sus publicaciones en Twitter, ha animado a los manifestantes a derrocar al gobierno iraní, ha amenazado con bombardear a Corea del Norte y ha hecho llamados a favor de recortes en la asistencia a los palestinos. Su tono y sus bravuconerías mantienen una continuidad desde el año pasado.

En los mensajes sobre política exterior que Trump ha publicado en Twitter desde que asumió el cargo destacan dos cosas: lo mucho que se alejan de la manera tradicional en que los presidentes estadounidenses se han expresado —sin mencionar su manejo de la diplomacia— y lo poco que Trump ha dado seguimiento a sus propias palabras. En efecto, casi un año después de entrar a la Casa Blanca, el resto del mundo sigue tratando de averiguar si Trump solo ladra, pero no muerde; si es más  habladurías que acción.

Los países no saben si deben tomar en serio sus palabras, como si fueran un pronunciamiento político, o si pueden ignorarlos sin correr peligro. Y si las amenazas de Trump se consideran vacías, ¿qué pasa con la credibilidad estadounidense? En una serie de tuits que publicó el 6 de enero, Trump reaccionó a cuestionamientos sobre su capacidad mental diciendo que es un “genio muy estable”.

Aun cuando se reconoce que en gran medida los tuits de Trump pueden tener el propósito de aliviar tensiones o tranquilizar a sus simpatizantes en casa, hay una percepción creciente de que la credibilidad de su gobierno y de la presidencia se están viendo afectadas.

Las palabras importan, dijo en un tuit Richard N. Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York. “Por eso es que muchos de los tuits del presidente son alarmantes. El problema no es la política a veces cuestionable, sino el juicio y la disciplina cuestionables”.

Al fin y al cabo, dijo Haas, lo que publique Trump en Twitter debería manejarse tan seriamente como cualquier otra declaración de la Casa Blanca, para no correr el riesgo de que las palabras de un presidente pierdan su valor.

“Para mí, los tuits del presidente son una forma de comunicarse, y los incorporo a mis tácticas y estrategias”, dijo el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, en una entrevista reciente con The New York Times Magazine.

Algunos tuits ya han devaluado las palabras de Trump, en opinión de R. Nicholas Burns, un diplomático de carrera y antiguo embajador de la OTAN que da clases en Harvard y trabajó en la campaña de Hillary Clinton. “Son las declaraciones del presidente, del gobierno estadounidense, así que los tuits son importantes”, dijo Burns.

“Incluso cuando Trump tiene razón”, como cuando defendió a los manifestantes iraníes o condenó las pruebas de misiles en Corea del Norte, “siempre hay excesos o declaraciones objetables que socavan la credibilidad de Estados Unidos; después, es difícil recuperarla”, explicó. “Los aliados y los rivales confían en tu juicio y sentido común”.

Burns apuntó a la decisión de Trump de mudar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, por tardía o simbólica que parezca. Eso acabó con años de un consenso internacional que hacía un llamado a favor de que el estatus de Jerusalén se definiera en diálogos de paz.

En Corea del Norte, a pesar de los tuits de Trump, Pyongyang ha seguido adelante con las pruebas de misiles balísticos intercontinentales y no ha dado señales de que abandonará su programa nuclear a cambio de sostener conversaciones con Washington. En vez de eso, ha ignorado al gobierno estadounidense y ha restablecido el diálogo con Seúl.

Incluso en Pakistán, donde Trump sí cumplió con amenazas de suspender la ayuda al país por el apoyo ambiguo del gobierno a los combates contra los talibanes, el presidente estadounidense cambió varias veces de parecer; en una conversación inicial con su homólogo paquistaní, Nawaz Sharif, dijo que era “un gran país” y que todos los paquistaníes “eran personas excepcionales”. Después, en Twitter, escribió que Pakistán no había hecho más que “mentir y engañar”.

Algunos sugieren que los tuits de Trump no deben ser tomados seriamente. Daniel Hamilton, un antiguo funcionario del Departamento de Estado que dirige el Centro de Relaciones Trasatlánticas en la Universidad Johns Hopkins, dijo que Trump “utiliza esos tuits y redes sociales para afianzar a su base política” y “que la probabilidad de que sus tuits se conviertan o no en políticas es tema aparte”.

No se pueden ignorar los tuits presidenciales, dijo Hamilton, “pero su propósito no es hacer pronunciamientos políticos diarios”. El exfuncionario añadió que Trump está muy consciente de su efecto y del momento en que los publica, y que cuando tuitea muy temprano por la mañana “da pie a que los medios hablen de eso todo el día”.

Para quienes acompañan a Trump en Washington, la batalla diaria es “intentar calmar su temperamento”, dijo Hamilton. “Pero para los aliados es muy difícil descifrarlo”.

Sin embargo, cuando las amenazas del presidente no se cumplen —o el personal de la Casa Blanca, el congreso o los tribunales las apaciguan— eso también socava la credibilidad de Estados Unidos.

Aunque sus aliados no necesariamente interpreten sus publicaciones de Twitter como pronunciamientos de políticas, de todos modos los tuits provocan una confusión considerable, dijo Pierre Vimont, antiguo embajador francés en Washington y exsecretario general del Servicio Europeo de Acción Exterior.

Incluso respecto de temas en los que sus aliados están de acuerdo —la amenaza que representa Corea del Norte y su dirigente Kim Jong-un, por ejemplo— “nos cuesta trabajo entender la verdadera línea política de Washington”, dijo Vimont.
 



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