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Cada día mueren dos mujeres en México durante el embarazo


2018-01-30

KARINA SUÁREZ-El País

Mareos, náuseas y fatiga. Haide León Paz de 24 años pensaba que eran molestias normales para todas las mujeres que, como ella, tenían cuatro meses de embarazo. Sus dolencias físicas se eclipsaban con la ilusión de convertirse en madre por primera vez. La gestación avanzaba y el cansancio también. Una tos extraña hizo presencia y su fuerza para realizar actividades cotidianas como subir escaleras se perdía. Alarmados, ella y su esposo, Abisai Villalobos, acudieron en busca de una explicación al centro de sanidad pública en Azcapotzalco, al norte de la Ciudad de México. El doctor concluyó que Haide padecía un ligero resfriado y le recetó solo un jarabe para la tos.

La pareja regresó a su casa, pero los síntomas se agravaron a pesar de la medicina. “Antes de que fuera el quinto mes ella ya presentaba un deterioro mucho mayor, su respiración era menor, los labios se le empezaban a poner morados por la misma falta de oxígeno, su semblante iba ya cambiando, se veía muy cansada”, relata Villalobos. Fue necesario hospitalizar a Haide. Durante siete días Abisai pasó de la preocupación a la angustia al ver que los días transcurrían en un ir y venir de especialistas, de hospitales, de suposiciones médicas que no se traducían en una mejora para su esposa y su hija.

Las respuestas llegaron demasiado tarde. El 19 de octubre de 2014 Haide y su bebé de cinco meses de gestación fallecieron en el hospital del Centro Médico Nacional La Raza del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). La autopsia reveló, tardíamente, la causa de la tos y la fatiga: fibrosis pulmonar, una enfermedad caracterizada por cicatrices en el tejido pulmonar, que dificultan la respiración e impiden la oxigenación de la sangre. Una condición de Haide que se aceleró con el embarazo.

La frustración acompaña a Abisai Villalobos desde aquel día. Este hombre de 30 años ha repasado una y otra vez los días de angustia y concluye que los doctores no les brindaron, ni su mujer ni su hija, las atenciones oportunas para salvarles la vida. “Con un buen diagnóstico que le hubiesen hecho a ella cuando presentó los primeros síntomas, si la hubieran tratado de la manera adecuada, en el tiempo adecuado, no hubiera pasado por todo esto”, afirma su viudo. A tres años de esta tragedia, en México la muerte materna es una realidad con un saldo de 722 fallecimientos en 2017, según las cifras preliminares de la Secretaría de Salud.

La mayoría de las muertes maternas registradas en 2017 sucedió en hospitales de la Secretaría de Salud, con 322 casos, mientras que en 269 casos las mujeres ni siquiera recibieron atención médica. El reporte de la Dirección General de Epidemiología, las principales causas de muerte materna son hemorragia obstétrica, enfermedad hipertensiva, edema y proteinuria en el embarazo, el parto y el puerperio, así como abortos.

El desglose de los datos revela que la muerte materna acecha más a las mujeres de los Estados más pobres, en el sur del país. Chiapas encabezó la lista de decesos con 60,9 muertes por cada 100,000 nacimientos. En segundo lugar, se ubicó Guerrero con 51,7, seguido de Oaxaca con un índice de 45,6. La media nacional estima que por cada 100,000 nacimientos en México ocurren 32 defunciones de mujeres.

Una cifra alejada de las metas fijadas por México ante la Organización Mundial de la Salud (OMS) que establecía que para 2015 el promedio nacional de muerte mujer debía ser de 22 mujeres fallecidas por cada 100,000 nacidos vivos. Hilda Eugenia Argüello Avendaño, portavoz del Observatorio de Mortalidad Materna en México detalla que la muerte materna está relacionada con otros problemas como la pobreza, la falta de información y de servicios de salud suficientes para atender adecuadamente a las mujeres embarazadas. “Ningún padecimiento tiene las brechas que tiene la mortalidad materna. El 98% de las muertes maternas ocurre en países empobrecidos o en vías de desarrollo”, asegura Argüello Avendaño.

Para Abisai Villalobos la muerte de su familia ha significado continuos episodios de depresiones, de los que se está recuperando con auxilio de terapia psicológica. Pese al dolor, el ahora viudo está en proceso de resolver una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en contra de los médicos que atendieron a sus seres queridos. Esa lucha y los recuerdos de su matrimonio con Haide son su fuente de fortaleza. “Recordar desde el momento en que fuimos novios, el momento en que supimos que íbamos a ser papás, el momento de vivir juntos, de ir haciendo un hogar, son con los momentos de los que yo trató de agarrarme más fuerte para no caer luego en la tragedia que nos sucedió”, concluye.



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