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Matteo Renzi y el naufragio de la izquierda italiana 


2018-03-07

JORGE DEL PALACIO | El Mundo

El ascenso meteórico y la caída del líder del Partido Democrático, que llegó a ser visto como ejemplo de una nueva generación, es la crónica del fracaso de la izquierda italiana

Matteo Renzi (Florencia, 1975) conquistó la secretaría del Partido Democrático, el principal partido de la izquierda en Italia en 2013. Pocos meses después, y no siendo diputado sino alcalde de Florencia, recibió el encargo del Presidente de la República, entonces Giorgio Napolitano, para formar gobierno en sustitución de Enrico Letta, convirtiéndose en el Presidente del Consejo de Ministros más joven de la historia de Italia. Permaneció en el cargo desde febrero de 2014 hasta diciembre de 2016, representando el cuarto gobierno más longevo de la historia italiana de posguerra. Tras perder el referéndum constitucional celebrado el 4 de marzo dimitió tanto de la Presidencia del Gobierno como de la Secretaría del PD. Y en 2017 volvió a confirmar su control sobre el partido con una nueva abultada victoria, del 69,17%, en las primarias del PD en 2017. Ayer, Renzi volvió a dimitir tras los malos resultados de su partido y anunció su intención de permanecer en la política como senador del PD.

En este periodo Matteo Renzi ha llevado al Partido Democrático a su techo electoral, un histórico 40,8% en las elecciones europeas de 2014, para después dejarlo en el mínimo, menos de un 20%, cosechado en las elecciones celebradas el domingo. Lejos del 25% obtenido por Bersani, anterior secretario del PD, cifra que Renzi se había impuesto como umbral irrenunciable. Ambas citas electorales marcan el ascenso meteórico y la caída de un político que hasta no hace mucho tiempo era visto por la prensa nacional e internacional como la figura emergente de una nueva generación de líderes de la izquierda europea. Queda para las hemerotecas la portada que la revista Rolling Stone le dedicó finales de 2016. En ella se jugaba con el título de la serie del director Paolo Sorrentino protagonizada por Jude Law y la popularidad de Renzi para acompañar su foto con la leyenda 'The Young Pop'.

Matteo Renzi ha desarrollado un estilo de liderazgo marcado por un fuerte carácter decisionista y una personalidad soberbia y divisiva, siempre inmune a la crítica, que le ha generado grandes detractores. El 'Washington Post' llamó a Renzi "master of social media" ["maestro de las redes sociales"] por poner en marcha un tipo de liderazgo que explotaba de forma intensa las nuevas tecnologías como forma de comunicación directa con sus seguidores. Y para algunos analistas, como el profesor Marco Tarchi, Renzi encarna la categoría del "populismo institucional", por haber cimentado su carrera en un discurso contra la clase política tradicional desde su condición de miembro de uno de los principales partidos políticos italianos. Sin embargo, ¿el renzismo ha significado algo más que un liderazgo carismático, una gestión moderna de la imagen a través de las nuevas tecnologías y un discurso sincronizado con los tiempos de la anti política?

Divergencias ideológicas en el PD

Matteo Renzi impulsó su carrera en el PD innovando el lenguaje de la izquierda italiana e incorporando préstamos abiertamente liberales. Articuló un discurso en el que la modernización y el progreso del país se asociaban al dinamismo del capitalismo, la justicia social a la creación de riqueza, la rapidez y la eficiencia en la toma de decisiones con la simplificación de la Administración pública y el inmovilismo con los privilegios de la clase sindical y política. A saber, lo que otros contemporáneamente estaban llamando "casta". Renzi puso en circulación un discurso progresista perfectamente sintonizado con las ideas clave de la Tercera vía. Jugó con la imagen de Blair y su revolución laborista y se dejó ver comprando libros de Giddens, cuya obra 'La Tercera vía' fue prologada en versión italiana por Romano Prodi. No obstante, el mérito que analistas como el politólogo Angelo Panebianco atribuyen a Renzi no tiene tanto que ver con una definición ideológica concreta, sino con el hecho de haber renunciado al antiberlusconismo como principal seña de identidad política de la izquierda a favor de una nueva agenda de problemas.

No es de extrañar, por tanto, que en una ocasión Silvio Berlusconi aprovechase para preguntar a Matteo Renzi: "¿Y qué hace un tipo como tú, que viene del mundo del marketing, entre comunistas?". La pregunta de Il Cavaliere no carecía de fundamento porque la principal batalla de Renzi ha sido con la llamada "vieja guardia" de su partido, en su mayoría heredera del PCI. En todo caso, las divergencias ideológicas de Renzi con parte de su partido, una minoría, también son la mejor expresión de la indefinición de modelo de partido que ha lastrado la vida política y organizativa del PD desde su fundación en 2007.

Como ha señalado Gianfranco Pasquino, en el PD conviven como pueden dos modelos de partido que, además, apuntan tanto a fuentes de legitimidad como idearios distintos. El primero, representado por las secretarías de Walter Veltroni (2007-2009) y Matteo Renzi (2013-2017), es un modelo de partido de inspiración norteamericana, de ahí el nombre, diseñado para ganar elecciones y orientado a maximizar el número de votantes. El segundo, inspirado en la secretaría de Bersani (2009-2013), defiende un modelo de partido orientado a los militantes. El primero, reforzado por el método de elección directa del secretario del partido en elecciones abiertas a simpatizantes, tiene una clara vocación mayoritaria y busca ir más allá del electorado natural del centroizquierda. Se presta, por tanto, a un discurso progresista que va más allá de las fronteras de la socialdemocracia y explica la renuncia de Renzi al antiberlusconismo. El segundo, por el contrario, se muestra atento a los intereses de los grupos a los que representa -por ejemplo, los sindicatos-, busca armonizar sus intereses con los objetivos del partido y se siente más cómodo dentro de los márgenes de la socialdemocracia clásica.

Cuando Renzi lanzó su carrera política a nivel nacional lo hizo presentándose a las primarias de la coalición de la izquierda en 2012 con la promesa de enviar a casa a toda la clase política italiana, incluida la de su propio partido. Eran los años en los que el consenso anti político anticipaba nuevas tendencias ideológicas. En una entrevista concedida al periódico 'L'Unità' en 2012 Renzi afirmaba, "Si no hubiese utilizado la metáfora del desguace, ni siquiera me habrían escuchado". A pesar de que perdió frente a Bersani, Renzi convirtió la 'rottamazione' (el desguace) en su divisa política y en su discurso el despiece de la clase política tradicional se convirtió en la conditio sine qua non del progreso. En 2013, año cuyas elecciones marcaron el fin del bipolarismo con la irrupción del M5S, consiguió imponerse en las primarias del PD por un aplastante 67,55%. Su victoria y acceso a la secretaría del PD marcó el inicio de una guerra fratricida dentro del primer partido de la izquierda italiana. Hasta el punto de que una parte del PD hizo campaña activa por el 'no' en el referéndum sobre la reforma constitucional del Gobierno Renzi.

La guerra entre las facciones del PD encontró su culminación en la serie de escisiones que se produjeron cuando Renzi revalidó su condición de secretario en las primarias de 2017. Su último capítulo han sido las elecciones del domingo: con el peor resultado del PD en su historia, con Renzi presentando su dimisión y los clásicos de la "vieja guardia" naufragando con su nuevo partido.



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