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Hay líneas rojas


2018-04-15

Editorial, El País

El ataque contra instalaciones del Ejército sirio ha sido aparentemente quirúrgico y localizado, lo suficiente como para no generar bajas pero, sobre todo, para enviar un mensaje coordinado desde Estados Unidos, Reino Unido y Francia de que no se volverá a permitir el uso de armas químicas. El régimen de Bachar el Asad ha infligido terribles daños a su población civil en numerosas ocasiones con estas sustancias prohibidas y ha engañado y desafiado a la vez y sin cesar a la comunidad internacional. Si Barack Obama titubeó en 2013 e incumplió su promesa de no tolerar que Siria se saltara la líneas rojas; si el régimen burló a la comunidad internacional al asegurar después que ya las había destruido; si Rusia demostró una vez más que no trabaja suficientemente por la paz, Donald Trump, Emmanuelle Macron y Theresa May parecen dispuestos a establecer reglas nuevas en el conflicto.

El ataque de la madrugada del sábado había estado precedido del habitual discurso frívolo e impulsivo de Trump, que prometió a Rusia por Twitter el próximo envío de “misiles nuevos, bonitos e inteligentes”. Moscú respondió en el mismo tono y amenazó con represalias si sufría bajas. Entre la prudencia del demócrata Obama y las bravuconadas de Trump se abría un abismo de consecuencias impredecibles. Pero, frente a los temores iniciales, el ataque se ha concentrado en tres instalaciones relacionadas con las armas químicas. Ninguno de los 105 misiles empleados ha sido interceptado por las defensas sirias; y los sistemas rusos de defensa no fueron activados. “Misión cumplida”, declaró ayer Trump, que agradeció a Macron y May su compromiso. En 2013, David Cameron se desentendió y François Hollande, que estaba dispuesto, afrontó una dura oposición.

La multilateralidad en la responsabilidad del ataque es un factor que abre nuevas oportunidades a la solución del conflicto, frente a la unilateralidad que podía haber representado Trump en solitario. Que Estados Unidos sea capaz de coordinarse con sus aliados en un ataque preciso y sin bajas conocidas hasta ayer envía un mensaje de firmeza nuevo para Damasco, Teherán y Moscú. El presidente Putin ha dado siempre cobertura internacional a Bachar el Asad en una guerra que ha dejado ya cerca de medio millón de muertos y millones de ciudadanos desplazados desde 2011 y ahora debe hacerse consciente también de los límites.

La nueva exhibición de firmeza por parte de Occidente, con el ataque más masivo desde que se inició el conflicto, no solo muestra la verdadera línea roja que supone el uso indiscriminado de armas químicas como el que afectó a 500 personas en Duma la semana pasada, sino que fija el camino de un pulso diplomático en el que Rusia se debe involucrar. Forzar a Moscú a llevar a Bachar el Asad a una verdadera mesa de negociación para avanzar en el fin del conflicto sería el verdadero éxito de una firmeza cuya mejor noticia será siempre la contención, la multilateralidad y la proporción.



JMRS


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