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Singapur, las claves de una cumbre imposible


2018-06-11

MONICA G. PRIETO | El Mundo

Tras 18 meses de insultos, guiños y amenazas, la ciudad-Estado de Singapur se apresta a acoger un acontecimiento de proporciones históricas. El impredecible, incoherente y temperamental líder de un país dotado de armas atómicas va a reunirse con el dictador norcoreano Kim Jong-un. ¿Qué podría salir mal? La mera organización de un encuentro inconcebible hace un año es ya remarcable, y los objetivos marcados son tan ambiciosos como los líderes que lo negocian. Precisamente por ser una cumbre tan disparatada, no puede descartarse que derive en un acuerdo al estilo de los nuevos tiempos: rodeado de espectáculo pero con escaso contenido.

¿Qué se negocia en Singapur?

En términos generales, la desnuclearización de Corea. Para Washington, se trata del desmantelamiento completo, verificable e irreversible -CVID, una política ya acuñada hace 15 años- del arsenal atómico de Corea del Norte. Pyongyang habla de un proceso progresivo que derive en la desaparición de las armas atómicas en la península coreana, y eso incluye a Corea del Sur, donde EU mantiene bases habitadas por 28,500 militares y donde realiza entrenamientos militares periódicos: mantuvo armas atómicas durante 33 años antes de su completa retirada, en 1991.

El Norte ha llegado a mencionar que su desnuclearización debe producirse en un contexto global, lo cual implicaría el desarme de EU, China o Rusia: de ahí la importancia de los detalles del acuerdo. En cualquier caso, una cosa es prometer la desnuclearización y otra muy distinta llevarla a cabo y permitir que sea verificada de forma independiente en una dictadura tan hermética como la norcoreana.

Para Washington, se trata de desactivar la amenaza directa que plantea Pyongyang, que el pasado año probó con éxito su primer ICBM coincidiendo con el Día de la Independencia norteamericano. A cambio de su desnuclearización, el régimen de Kim Jong-un exige garantías de seguridad que le permitan mantenerse en el poder: es decir, que no vaya a ser derrocado como lo fueron otros "aliados" norteamericanos como Sadam Husein o Muamar Gadafi. También se refiere a un proceso de concesiones recíprocas, en velada referencia a un eventual levantamiento de sanciones.

Trump ha aventurado el encuentro podría arrojar un acuerdo de paz que ponga fin a la Guerra de Corea, inconclusa desde 1953, cuando se firmó el armisticio. Para que sea algo sólido, un acuerdo de paz requiere la firma de Corea del Sur y de China y ninguno de sus presidentes acudirán a Singapur. Una paz coreana despojaría de sentido a la presencia militar norteamericana en la península.

¿Por qué tanto interés en el encuentro?

Donald Trump y Kim Jong-un persiguen ambiciones personales. Trump pretende demostrar que su sísmica aproximación a la diplomacia convencional -su "diplomacia por instinto"- funciona e incluso puede dejar un legado histórico que le equipare a otros presidentes y, en particular, a su detestado Barack Obama, el cual le advirtió durante su reunión de traspaso de poderes que Corea del Norte era el principal desafío para la seguridad norteamericana.

Haya o no acuerdo, Kim Jong-un logra con este encuentro un hito histórico. Por primera vez en su Historia, Pyongyang es tratada como una potencia de primer orden, a la altura de Washington, algo que no habían logrado su padre ni su abuelo, Kim Il-sung, fundador de Corea del Norte. El joven dictador demuestra que la pertenencia al club nuclear conlleva ventajas, entre ellas la inmediata rehabilitación internacional. Tan sólo siete años en el poder, el norcoreano logra cumplir el sueño y el propósito de toda su dinastía: ser recibido como un igual por las potencias que controlan el mundo, y eso le consolida en el interior como un líder de altura internacional. Trump ya ha aventurado que podría invitarle a la Casa Blanca y se especula incluso con un discurso del norcoreano ante la ONU.

¿Cómo se han negociado los términos del encuentro?

Trump ha presumido de no haber preparado esta cumbre histórica porque, según ha declarado, no necesitaba hacerlo dado que lleva toda su vida preparado para este momento: confía en su instinto y no en los informes cuidadosamente elaborados por los expertos.

A diferencia de él, su equipo enviado al lado norcoreano de Panmunjom, la ciudad en plena Zona Desmilitarizada que sirve de escenario a las negociaciones políticas, ha negociado los términos hasta el extremo. El embajador norteamericano en Manila Sung Kim, antiguo negociador nuclear con Corea del Norte, y su contraparte, la jefa de Protocolo norcoreana Choe Son-hui, han mantenido seis reuniones para consensuar los detalles entre el 27 de mayo, tras la cancelación fantasma del encuentro por parte de Trump, y el 6 de junio.

El protocolo y la seguridad del encuentro de alto voltaje se ha definido en Singapur con delegaciones de ambos países. Entre los preparativos del lado norcoreano, podrían incluirse las reuniones mantenidas por Kim Jong-un con el presidente chino Xi Jinping y el surcoreano, Moon Jae-in, y las visitas a Pyongyang de Mike Pompeo y de su homólogo ruso, Sergei Lavrov. Pekín y Moscú, valedores de Pyongyang, sólo amparan una solución progresiva que implique medidas recíprocas.

Se desconocen los términos que han sido consensuados, pero es de esperar que el norcoreano haya prestado atención al ejemplo iraní. Hace unos días, el negociador iraní que arrancó el histórico acuerdo nuclear con Irán cancelado por Trump hace algunas semanas, Sayyed Hossain Mousavian, recomendaba a Pyongyang que no cayese en los errores de Teherán cuando se comprometió a abandonar su programa nuclear a cambio de una rehabilitación internacional. Para el iraní, Kim debe considerar cinco puntos vitales. Primero, "Pyongyang debe asegurarse de que su acuerdo no puede ser víctima de las batallas políticas domésticas de EU". Segundo, debe garantizar que "sea inmune a futuros presidentes deseosos de desembarazarse del legado de Trump". Tercero, debe estar segura de que "la estrategia americana de cambios de régimen termine con este acuerdo". En cuarto lugar, debe recordar que "su principal baza son las armas nucleares, las que han facilitado entrar en la negociación desde una posición de fuerza. Si las entrega, que se olvide de que EU cumpla su parte del acuerdo. Debe firmar un acuerdo progresivo que requiera compromisos recíprocos". Y en quinto lugar, "debe recordar que el principal interés norteamericano en la negociación es las eliminación de los ICBM: todo lo demás es secundario".

¿Existen precedentes de las negociaciones?

Sí, y no tuvieron ningún éxito. En octubre de 1994, Estados Unidos y Corea del Norte ya firmaron el Acuerdo Marco, que implicaba el congelamiento del programa nuclear y el reemplazo de las bases nucleares norcoreanas por reactores de agua ligera financiados por EU a cambio de una normalización progresiva de las relaciones. Además, Corea del Norte regresaba mediante este acuerdo al Tratado de No Proliferación, del que se había retirado un año antes, y Estados Unidos se comprometía a salvaguardar al régimen y a enviar combustible al aislado país asiático.

El entendimiento, que incluyó visitas de los inspectores de la OIEA y el sometimiento por parte de Pyongyang a los acuerdos de seguridad que implica la Agencia Nuclear, estuvo marcado por los vaivenes, las acusaciones mutuas y la desconfianza hasta 2003, cuando el incumplimiento de los términos por ambas partes -el Norte admitió estar enriqueciendo uranio a escondidas, mientras EU retrasaba la construcción de los prometidos reactores nucleares- llevó a la ruptura. El 31 de diciembre de 2002 los inspectores fueron expulsados de Corea y el 10 de enero de 2003, Corea del Norte se retiró del Tratado de No Proliferación.

En agosto de aquel año, se inauguró otro foro de diálogo: las negociaciones a seis partes (Corea del Sur, China, Rusia y Japón se sumaron a Corea del Norte y EU) acogidas por Pekín. Corea del Norte pidió una normalización de las relaciones con EU y un pacto de no agresión que hicieran innecesario su programa nuclear, pero Washington, acostumbrado a las medias verdades, rechazó el acuerdo hasta comprobar su voluntad de desarme. Hubo seis rondas de conversaciones entre 2003 y 2009, cuando Pyongyang se retiró de forma permanente.

¿Qué posibilidades de éxito tiene la cumbre?

Aunque haya un acuerdo, a medio y largo plazo no parece haber demasiadas. Los expertos insisten en que ya hemos vivido esta situación con Pyongyang, y que el astuto régimen siempre ha ocultado sus programas e instalaciones a los inspectores tras la firma de acuerdos. En el interior de la hermética dictadura, no puede ser verificado nada que no quiera el régimen, y eso empañará la firma de cualquier tratado, al menos cuando se apaguen los flashes.

Si confiamos en la solidez política de quienes deben suscribirlo, las posibilidades de éxito parecen aún más remotas. Con el precedente de Libia y las supuestas garantías de Washington hacia Gadafi, por no mencionar el malogrado acuerdo con Irán, la credibilidad de Estados Unidos es tan endeble como la de Corea del Norte y, además, empeora por momentos: el sábado, el presidente norteamericano firmó el comunicado de acuerdo del G-7 para retractarse horas después, a bordo del avión que le llevaba precisamente a Singapur.

Kim Jong-un, cuyo entorno se caracteriza por seguir de forma milimétrica la política norteamericana, ya debe saber que la palabra de Trump es papel mojado. Trump se ha distinguido por sus giros impredecibles, por romper todos los acuerdos adquiridos por las administraciones anteriores y por su nula lealtad hacia sus socios internacionales. Pero Kim, bregado en artimañas similares, cuenta con todo eso y sabe que cualquier otro presidente de Estados Unidos, probablemente, ni siquiera le habría recibido. En eso radica el éxito potencial de esta cumbre: ambos tienen la voluntad personal de resolver al precio que sea.

El encuentro goza del momento adecuado y de un interés generalizado en que derive en un éxito. La ventana de oportunidad que se ha abierto con la presencia de Trump -capaz de lo más inesperado- en la Casa Blanca y su ambición de pasar a la Historia facilita una reunión inconcebible con otras Administraciones, como ocurre con la presencia del izquierdista y partidario del diálogo Moon Jae-in en la Casa Azul, la Presidencia surcoreana: él ha sido el promotor en la sombra de todo el proceso. China y Rusia, ambos con frontera e intereses estratégicos en Corea del Norte, también son partidarios de resolver -bajo sus términos- al problema. Sólo Japón habría deseado una solución militar, pero sin el apoyo norteamericano debe acomodarse a la nueva situación.

Kim ha estudiado, ayudado por Xi Jinping y por Moon Jae-in, el lenguaje que puede complacer a Trump mientras que el norteamericano ha tratado con más complacencia al jefe de espías norcoreano, Kim Yong-chol que a sus principales socios internacionales. La cumbre parece destinada al éxito, al menos sobre el papel, pero resulta imposible pensar que, tras décadas invirtiendo en su programa nuclear, Pyongyang vaya a desmantelar su arsenal para satisfacer a su histórico enemigo a cambio de garantías o del levantamiento de sanciones.

¿Y los Derechos Humanos?

Serán los grandes ausentes, y en eso radica lo extraordinario de esta cumbre: un líder despótico cuya familia lleva décadas ignorando los Derechos Humanos de su pueblo será recibido como un igual por quien se arroga la condición del líder del mundo libre. Trump incluso le invita a la Casa Blanca, haciendo caso omiso de los campos de concentración y de reeducación, de las ejecuciones sumarias y de la violencia extrema que inflige el régimen a quienes osan disentir. Según una investigación de la ONU, que acusa al régimen de crímenes de Lesa Humanidad que incluyen "el exterminio, el asesinato, la esclavitud, la tortura, la inanición, la violación y los abortos forzados", entre 80,000 y 120,000 presos políticos permanecen recluidos en los cuatro campos principales "con características de gulags".

Trump ni siquiera mencionó el asunto cuando se encontró con el jefe de espías norcoreano, Kim Yong-chol, en la Casa Blanca. Pero ¿desde cuánto importan los Derechos Humanos?


 



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