Vuelta al Mundo

Mijaíl Gorbachov, líder soviético reformista, muere a los 91 años

2022-08-30

- Si bien fue ambiguo en un inicio, con el tiempo expuso el desastre de la planta nuclear de...

Marilyn Berger | The New York Times

Mijaíl Gorbachov tuvo un impacto profundo en su época: en poco más de seis años tumultuosos, levantó la Cortina de Hierro, con lo que el mapa de Europa y el clima político del mundo se transformaron.

Mijaíl S. Gorbachov, cuyo ascenso al poder en la Unión Soviética puso en marcha una serie de cambios revolucionarios que transformaron el mapa de Europa y pusieron fin a la Guerra Fría que amenazó al mundo con la aniquilación nuclear, murió en Moscú. Tenía 91 años.

Su muerte fue dada a conocer por las agencias de noticias estatales rusas, que mencionaron al hospital central en Moscú. El informe decía que había muerto tras “una larga y grave enfermedad”, que no se especificaba.

Pocos líderes del siglo XX, de hecho de cualquier siglo, han tenido un impacto tan profundo en su época. En poco más de seis años tumultuosos, Gorbachov levantó la Cortina de Hierro, alterando de manera decisiva el clima político del mundo.

En su país prometió y brindó mayor apertura mientras se dispuso a restructurar la sociedad y una economía en dificultades. No fue su intención acabar con el imperio soviético pero a cinco años de llegar al poder presidió la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Finalizó los infortunios en Afganistán y, en cinco meses extraordinarios de 1989, se mantuvo firme mientras el sistema comunista implosionaba desde los Bálticos hasta los Balcanes, en país ya debilitados por una corrupción generalizada y economías moribundas.

Al asumir el poder, Gorbachov era un hijo leal del Partido Comunista, pero que había llegado a ver las cosas con nuevos ojos. “No podemos vivir más de esta manera”, dijo una vez.

Debido a esto, lo acosaron por igual los conspiradores comunistas de línea dura y los liberales decepcionados: los primeros porque temían que destruiría el viejo sistema y los segundos por miedo a que no lo hiciera. Fue en el extranjero donde lo calificaron de heroico. Para George F. Kennan, el distinguido diplomático y sovietólogo estadounidense, Gorbachov era “un milagro”, un hombre que veía el mundo tal como era, sin ceguera ante la ideología soviética.

Al asumir el poder, Gorbachov era un hijo leal del Partido Comunista, pero que había llegado a ver las cosas con nuevos ojos. “No podemos vivir más de esta manera”, le dijo a Eduard A. Shevardnadze, quien se convertiría en su ministro de Relaciones Exteriores de confianza, en 1984. En cinco años anularía mucho de lo que el partido consideraba inviolable.

Hombre de apertura, visión y una gran vitalidad, al mirar el legado de siete décadas de régimen comunista veía corrupción oficial, una fuerza laboral sin motivación ni disciplina, fábricas que producían bienes de mala calidad y un sistema de distribución que garantizaba a los consumidores poco más que estantes vacíos, vacíos de casi todo excepto vodka.

La Unión Soviética se había convertido en una gran potencia mundial agobiada por una economía endeble. A medida que la distensión Occidente-Oriente permitió que su sociedad cerrada tuviera más información, las crecientes élites tecnológicas, científicas y culturales ya no podía dejar de comparar a su país con Occidente y lo consideraban deficiente.

Los problemas estaban claros; las soluciones, menos. Gorbachov tuvo que ir a tientas en la reestructuración que prometió de los sistemas político y económico. Estaba atrapado entre dos fuerzas opuestas enormes: por un lado, los hábitos arraigados durante 70 años de subsistencia de la cuna a la tumba del comunismo; por el otro la urgencia de avanzar con rapidez para cambiar las formas del pasado y demostrar que cualquier disrupción que resultara era temporal y valía la pena.

Fue una tarea que se vio obligado a delegar a otros cuando fue retirado del cargo, consecuencia de su propia ambivalencia y de un fallido golpe en su contra emprendido por la línea dura, a quien él mismo había introducido a su círculo cercano.

La apertura que Gorbachov buscaba —lo que llegó a conocerse como la glásnost— y su política de perestroika encaminada a restructurar los cimientos mismos de la sociedad, se convirtieron en una espada de doble filo. Al proponerse llenar los “espacios vacíos” de la historia soviética, como lo explicó, con discusiones honestas sobre los errores del país, abrió la puerta para que sus aliados impacientes lo criticaran y la burocracia comunista amenazada lo atacara.

No obstante, los primeros cinco años de Gorbachov en el poder fueron marcados por logros significativos e incluso extraordinarios:

- Presidió un acuerdo armamentístico con Estados Unidos que eliminó por primera vez todo un tipo de armas nucleares y empezó la retirada de la mayoría de las armas nucleares tácticas soviéticas de Europa del Este.

- Retiró las fuerzas soviéticas de Afganistán, un reconocimiento tácito de que la invasión de 1979 y la ocupación de nueve años había sido un fracaso.

- Si bien fue ambiguo en un inicio, con el tiempo expuso el desastre de la planta nuclear de Chernóbil al escrutinio del público, en una muestra inédita de franqueza en la Unión Soviética.

- Autorizó elecciones multipartidistas en ciudades soviéticas, una reforma democrática que en muchos países sacó del poder a líderes comunistas que fueron sorprendidos.

- Supervisó un ataque a la corrupción en las altas esferas del Partido Comunista, una purga que retiró a cientos de burócratas de sus cargos.
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Míjail Serguéyevich Gorbachov nació el 2 de marzo de 1931. Misha, como se le conocía, aparece con sus abuelos a los 3 años.

-Permitió la liberación del disidente Andréi Sájarov, el físico que había sido instrumental para desarrollar la bomba de hidrógeno soviética.

-Retiró las restricciones a los medios y permitió la publicación de libros que habían sido censurados, así como la exhibición de películas prohibidas.

-En una dramática divergencia con el ateísmo oficial de la historia soviética, estableció contactos diplomáticos formales con el Vaticano y ayudó a promulgar una ley de libertad de conciencia que garantizaba el derecho del pueblo a “satisfacer sus necesidades espirituales”.

Pero si Gorbachov fue idolatrado en el extranjero como alguien que ayudó a cambiar el mundo —recibió el Premio Nobel de la Paz en 1990— en su país fue vilipendiado por no haber logrado cumplir la promesa del cambio económico. Se decía ampliamente que, con unas votaciones libres, Gorbachov sería electo presidente en cualquier lugar excepto en la Unión Soviética.

Tras cinco años de mandato con Gorbachov, los estantes de las tiendas seguían vacíos mientras el imperio desaparecía y la unión se desintegraba. Shevardnadze, quien había sido su mano derecha al poner un fin pacífico al control soviético en Europa del Este, renunció a fines de 1990, y advirtió sobre el advenimiento de una dictadura y que los reaccionarios del Partido Comunista iban a paralizar las reformas.

Peter Reddaway, autor y experto en historia rusa, dijo en ese momento: “Nosotros vemos el mejor lado de Gorbachov. Los soviéticos ven el otro lado y lo culpan”.
 



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