Miscelánea Humana

Un profesor de Yale insinuó que las personas mayores en Japón debían optar por el suicidio masivo. ¿Qué quería decir?

2023-02-17

Un creciente grupo de críticos advierte que la popularidad de Narita podría influir...

Por Motoko Rich y Hikari Hida | The New York Times

Sus afirmaciones son muy drásticas.

En entrevistas y apariciones en público, Yusuke Narita, profesor asistente de Economía en la Universidad de Yale, ha tratado de responder la pregunta de cómo lidiar con la carga que representa el rápido envejecimiento de la sociedad japonesa.

“Creo que la única solución es muy clara”, sentenció durante un programa noticioso en línea a fines de 2021. “A fin de cuentas, ¿acaso no será el suicidio en masa y el ‘seppuku’ en masa de los ancianos?”. El término seppuku describe un ritual de evisceración, un código imperante entre los samuráis que sufrían la deshonra en el siglo XIX.

El año pasado, cuando un estudiante de primaria le pidió que ahondara en sus teorías sobre el “seppuku” masivo, Narita le respondió, frente a un grupo de estudiantes reunidos en el lugar, con la descripción gráfica de una escena de Midsommar: el terror no espera la noche, una película de terror de 2019. En ese filme, una secta sueca hace que uno de sus miembros de mayor edad salte desde un despeñadero y muera por suicidio.

“Que la opción sea buena o mala es otro asunto, más difícil de determinar”, Narita le respondió a su interlocutor, que tomaba notas con diligencia. “Así que, si te parece que está bien, quizá debas empezar a trabajar para crear una sociedad así”.

En otras ocasiones, ha hecho referencia al tema de la eutanasia. “La posibilidad de hacerla obligatoria en el futuro”, dijo en una entrevista, será “tema de debate”.

Narita, de 37 años, aclaró que sus declaraciones se habían “tomado fuera de contexto” y que, en esencia, se refería a un plan cada vez más extendido de obligar a las personas mayores a abandonar los puestos de liderazgo en los negocios y en la política, con el fin de darles paso a las generaciones jóvenes. Sin embargo, con sus comentarios sobre la eutanasia y la seguridad social, atizó el tema más candente en Japón.

Aunque es prácticamente desconocido incluso en los círculos académicos de Estados Unidos, gracias a sus posturas extremas ha ganado cientos de miles de seguidores en las redes sociales de Japón entre jóvenes frustrados que están convencidos de que una sociedad gerontocrática ha obstaculizado su progreso económico.

Narita, que participa con frecuencia en programas japoneses en línea luciendo atuendos informales de camiseta, sudadera con capucha u otro tipo de ropa y se distingue por sus anteojos con un lente redondo y otro cuadrado, suele comportarse como un cerebrito insolente, confiado por el pedigrí de su título de la “Ivy League”. Pertenece a un pequeño grupo de agitadores japoneses empeñados en romper tabúes sociales, actitud que les ha ganado una audiencia entusiasta. Su bío de Twitter dice: “Las cosas que te dicen que no puedes decir suelen ser ciertas”.

El mes pasado, varios comentaristas descubrieron las declaraciones de Narita y empezaron a difundirlas en redes sociales. Durante una mesa redonda en un respetado programa de entrevistas en línea con académicos y periodistas, Yuki Honda, socióloga de la Universidad de Tokio, describió sus comentarios como “odio hacia los vulnerables”.

Un creciente grupo de críticos advierte que la popularidad de Narita podría influir indebidamente en la política pública y las normas sociales. Dada la baja tasa de natalidad de Japón y su deuda pública, la más alta del mundo desarrollado, los responsables políticos se preocupan cada vez más por cómo financiar las crecientes obligaciones de Japón en materia de pensiones. El país también se enfrenta al creciente número de personas mayores que padecen demencia o mueren solas.

En su respuesta por escrito a las preguntas que le enviamos por correo electrónico, Narita indicó que su “principal preocupación es el fenómeno en Japón, donde los mismos magnates han dominado por años el mundo de la política, la industria tradicional y los medios/entretenimiento/ periodismo”.

Según escribió, usó las frases “suicidio en masa” y “‘seppuku’ en masa” como una “metáfora abstracta”.

“Debería haberlas usado con más cautela por sus posibles connotaciones negativas”, añadió. “Después de reflexionar un poco, dejé de usar esas palabras el año pasado”.

Sus detractores afirman que sus repetidos comentarios sobre el tema ya han diseminado ideas peligrosas.

“Es irresponsable”, opinó Masaki Kubota, periodista que ha escrito sobre Narita. La gente que ya está alarmada por las cargas del envejecimiento de la sociedad “podría pensar: ‘Oh, mis abuelos son de los que viven más tiempo’”, señaló Kubota, “‘así que deberíamos deshacernos de ellos’”.

El columnista Masato Fujisaki argumentó en Newsweek Japan que las declaraciones del profesor “no deberían tomarse fácilmente como una ‘metáfora’”. Los admiradores de Narita, dijo Fujisaki, son personas “que piensan que los ancianos deberían morir de una vez y que habría que recortar las ayudas sociales”.

A pesar de la cultura de deferencia hacia las generaciones mayores, en Japón ya han surgido ideas sobre su eliminación selectiva. Hace una década, Taro Aso —ministro de Economía en ese momento y quien ahora es un poderoso actor en el gobernante Partido Liberal Democrático— sugirió que los ancianos deberían “darse prisa en morir”.

El año pasado, Plan 75, una película distópica de la cineasta japonesa Chie Hayakawa, imaginaba a alegres vendedores cortejando a los jubilados para que se acogieran a la eutanasia patrocinada por el gobierno. En el folclore japonés, las familias llevan a sus parientes mayores a la cima de las montañas o a rincones remotos de los bosques y los dejan morir.

El lenguaje de Narita, sobre todo cuando ha mencionado el “suicidio en masa”, despierta sensibilidades históricas en un país donde se envió a la muerte a jóvenes como pilotos kamikazes durante la Segunda Guerra Mundial y los soldados japoneses ordenaron a miles de familias de Okinawa que se suicidaran antes que rendirse.

Los críticos temen que sus comentarios puedan evocar el tipo de sentimientos que hicieron que Japón aprobara una ley de eugenesia en 1948, en virtud de la cual los médicos esterilizaron a la fuerza a miles de personas con discapacidad intelectual, enfermedades mentales o trastornos genéticos. En 2016, un hombre que creía que los discapacitados debían ser sometidos a eutanasia asesinó a 19 personas en una residencia a las afueras de Tokio.

En su trabajo cotidiano, Narita se dedica a la investigación técnica de algoritmos computarizados usados en las política sanitarias y educativas. No obstante, su presencia regular en numerosas plataformas de internet y en la televisión en Japón le ha dado gran popularidad, por lo que ha aparecido en portadas de revistas, programas de comedia y anuncios de bebidas energizantes. Incluso tiene un imitador en TikTok.

Por lo regular, aparece con agitadores de la generación X como Hiroyuki Nishimura, un empresario convertido en celebridad que es propietario de 4chan, el tablero de mensajes en línea en el que prosperan algunas de las ideas más tóxicas de internet, y Takafumi Horie, un empresario charlatán que estuvo encarcelado por fraude bursátil.

En ocasiones, ha ignorado los límites del buen gusto. En un panel organizado por Globis, una escuela de Administración de Empresas en Japón, Narita le dijo a la audiencia que “si esta puede convertirse en una sociedad japonesa en la que personas como ustedes cometan ‘seppuku’ una tras otra, no sería solo una política de seguridad social, sino la mejor política de ‘Cool Japan’”. Cool Japan es un programa de gobierno que promueve los productos culturales del país.

Impactantes o no, algunos legisladores afirman que las ideas de Narita han abierto espacios para sostener conversaciones políticas muy necesarias sobre la reforma del sistema de pensiones y cambios en la previsión social. “Algunos críticos argumentan que la gente mayor recibe demasiado dinero de pensión y los jóvenes mantienen a todos los ancianos, incluso a los adinerados”, explicó Shun Otokita, de 39 años, miembro de la Cámara Alta del Parlamento por el partido de derecha Nippon Ishin no Kai.

Pero sus detractores afirman que Narita resalta las cargas del envejecimiento poblacional sin dar sugerencias realistas de políticas para aliviar algunas de esas presiones.

“No se concentra en presentar estrategias que ayuden, como mejor acceso a guarderías o una mayor inclusión de las mujeres o de los inmigrantes en la fuerza de trabajo”, comentó Alexis Dudden, historiadora de la Universidad de Connecticut dedicada al estudio del Japón de la era moderna. “Algo que de hecho pueda fortalecer a la sociedad japonesa”.

En relación con el tema de la eutanasia, Narita ha hablado en público sobre su madre, que sufrió un aneurisma cuando él tenía 19 años. En una entrevista con un sitio web en el que las familias pueden buscar asilos para ancianos, Narita dijo que, incluso con seguro y con fondos del gobierno, gasta 100,000 yenes (unos 760 dólares) al mes por el cuidado de su madre.

Algunas encuestas en Japón han indicado que la mayoría del público apoya la legalización de la eutanasia voluntaria. Pero la referencia de Narita a una práctica obligatoria espanta a los expertos en ética. En la actualidad, los países que han legalizado la práctica únicamente “la permiten si la persona misma la quiere”, explicó Fumika Yamamoto, profesor de Filosofía en la Universidad de la Ciudad de Tokio.

En el correo electrónico que envió, Narita señaló que “la eutanasia (voluntaria o involuntaria) es un tema complejo, con muchos matices”.

“Mi intención no es promover su aplicación”, añadió. “Mi predicción es que habrá un debate más amplio”.

En Yale, Narita se ciñe a cursos sobre probabilidad, estadística, econometría y economía de la educación y el trabajo.

Ni Tony Smith, director del departamento de economía, ni un portavoz de Yale respondieron a las peticiones de comentarios.

Josh Angrist, ganador del Nobel de Economía y uno de los supervisores del doctorado de Narita en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés), dijo que su antiguo alumno era un “académico talentoso” con un “sentido del humor excéntrico”.

“Me gustaría que Yusuke continuara con su prometedora carrera como académico”, dijo Angrist. “Así que mi principal preocupación en un caso como el suyo es que se distraiga con otras cosas, y eso es una pena”.



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