Diagnóstico Político

México, ¿Estado fallido?

2007-05-16

Antes que nadie los mexicanos tenemos que demostrar el foco y la disciplina para no avanzar hacia...

Rossana Fuentes-Berain

Un Estado incapaz de mantener el monopolio del uso de la violencia y cercado en cambio por otros monopolios, fuerzas dominantes en lo económico y lo mediático, con problemas para crear empleos de calidad, con una migración anual de cientos de miles y una depredación ambiental que podría devenir en tragedia presenta elementos de falibilidad.

En suma, México puede llegar a ser un "Estado fallido". Suena duro, ¿verdad? Pero es cierto. En estudios de prospectiva, donde se trabaja con escenarios, ese es un escenario posible, no deseable, pero posible.

Hemos acumulado décadas en las que simulamos que no pasa lo que pasa. Que la delincuencia no está penetrando todos los ámbitos del Estado mexicano, que aun con tasas de impunidad muy superiores a 90 % las cárceles están a reventar, que hay corrupción en los tres partidos principales y que las desavenencias entre ellos terminan cuando cualquiera de los suyos tiene que ser procesado; entonces, la clase política cierra filas y se gana sobradamente la desconfianza de cuatro de cada cinco mexicanos.

Tampoco la iniciativa privada tiene derecho alguno a apuntar a nadie con el dedo flamígero de Dios; lo que faltan son empresarios y lo que sobra son traficantes de influencias. No puede ser los pocos impuestos que pagan en México las grandes corporaciones. No hay impuesto a las herencias ni a operaciones en bolsa. La pinza en ese campo aprieta igualmente por la cantidad de evasores que escogen la economía informal no por pobres, sino porque la protección política que la rodea permite que, aun generando ganancias, no paguen por los servicios que usan.

Los datos de la OCDE que hablan de que 8% de la población económicamente activa mantiene a 100 % del país dan escalofríos.

Ya no hablemos del techo del millar de ejecutados, cruzado ayer con holgura, con la suma de un policía que presumiblemente hacía bien su trabajo y dos periodistas de TV Azteca en Monterrey, que se agregaron al saldo rojo del fin de semana.

No creo que estuviéramos mejor cuando estábamos peor: cuando no había democracia; cuando los asesinatos se cometían con la misma impunidad pero de parte de un sólo destinatario: el cártel seleccionado por el poder federal o el cacique local para dominar las plazas; cuando como consumidores teníamos que comprar el producto nacional fuera bueno o fuera malo (ahora ya sólo restan unos cuantos de esos) y no teníamos alternativas, ni económicas ni políticas.

Pero tampoco podemos continuar indefinidamente en la falta de acuerdos nacionales

En lo internacional la coyuntura tampoco nos favorece. Se avecina una recesión estadounidense (30% de probabilidades de que la haya, dice el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan), y el presidente George W. Bush no puede ser más impopular ante un país sumido en una guerra para la que no parece tener una estrategia de salida.

En ese contexto la liga se ha estirado tanto en el uso de las Fuerzas Armadas en Irak que tuvieron que desmovilizar a la Guardia Nacional de la frontera con México; nunca alcanzaron a tener los 6 mil anunciados para cumplir con la rotación de los elementos desplegados en Medio Oriente.

Cuando los expertos militares, citando un estudio de Caspar Weinberger, ex secretario de Defensa de Estados Unidos, calculan que si hubiera realmente un desastre en México, y sus pobladores buscaran refugio en Estados Unidos de manera masiva, el Ejército estadounidense tendría que movilizar dos unidades de divisiones completas -60 mil hombres- a la frontera para intentar no sellarla, sino cuando menos controlarla.

Antes que nadie los mexicanos tenemos que demostrar el foco y la disciplina para no avanzar hacia el escenario del Estado fallido. Hasta el cansancio organizaciones como la ONU han documentado que es la falta de acuerdo lo que impide el desarrollo del país.

Primero y antes que nada somos nosotros los que tenemos que encontrar los mínimos comunes denominadores para evitar el desastre.

Aunque al norte bien harían en desempolvar sus libros de teoría de escenarios y en darse cuenta que más vale que salgan de su zona de confort. Se enojaron porque el embajador de México les reclamó de mala manera que no están haciendo su parte en el combate al narcotráfico. Pues tiene razón. Más allá de las formas.

Qué bueno que el embajador Antonio Garza ofrezca el pésame por José Nemesio Lugo Félix, encargado del Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia de la PGR, quien fue ejecutado el lunes. Que nos ofrezca también las detenciones de los lavadores de dinero en su país.

Periodista e investigadora del ITAM



AAG