Consultorio Financiero

Sobre políticos y tragedias

2007-10-06

Para financiar su consumo, tienen que "importar" tres mil millones de dólares del...

Por Jorge Suárez-Vélez

La crisis de crédito en los mercados financieros empieza. Esta es como una de esas largas telenovelas donde la trama dará todo tipo de vuelco, y apenas vamos por los primeros capítulos. Lo que sí les voy anticipando, esperando no echar a perder el desenlace, es que "los malos" de esta telenovela serán los políticos.

Si analizamos lo que ocurre, los mercados están haciendo todo lo que necesitamos que hagan. Sin embargo,  dejar que las cosas se compongan solas va totalmente en contra de la naturaleza de los "servidores públicos". Es un hecho que a ellos les convienen dos cosas: que la situación parezca desesperada, y ser ellos quienes ante los ojos del público la resuelvan.

Los estadounidenses han desarrollado el pésimo hábito de gastar más de lo que tienen, vivir de prestado. Le compran agua a Francia, automóviles a Japón, juguetes a China, televisores a México, fruta a Chile, etcétera. Pero como consecuencia del creciente desbalance, cuando en 2001 se necesitaban ochenta centavos de dólar para comprar un euro, ahora requieren de un dólar cuarenta.

Conforme el dólar se devalúe, los bienes que importan se irán encareciendo. No en proporción directa, debido a que sin duda quienes comercializan esas importaciones irán reduciendo sus márgenes, tratando de que el precio no resienta demasiado la debilidad de la moneda. Por otra parte, las exportaciones estadounidenses irán ganando competitividad marginalmente. ¿Se balanceará el déficit comercial? Difícilmente, es astronómico y lleva mucho tiempo siendo deficitario. El mundo entero se beneficia de la voracidad del consumidor estadounidense. Pero mientras más pierda valor el dólar, más impacto negativo tendrá en la economía del resto del mundo.

Conforme el dólar se devalúe, les será más difícil seguir atrayendo al ahorro que proviene del resto del mundo. Para financiar su consumo, tienen que "importar" tres mil millones de dólares del dinero que ahorran otros países cada día hábil de la semana. Como he dicho antes, los ahorradores estarán renuentes a comprar bonos denominados en una moneda que se debilita, y que pagan tasas a la baja.

Una vez más, el mercado funciona. Si bien la Reserva Federal redujo la tasa de fondos federales, las tasas a 10 y 30 años de los bonos del tesoro se encuentran al alza. Esta tendencia continuará. En mi opinión, no sólo se tendrá que compensar por la debilidad del dólar, las tasas pueden recibir presión por la necesidad de financiar un déficit fiscal creciente.

Es un hecho que la recaudación de impuestos va a caer en los Estados Unidos, como resultado de menor crecimiento económico, de la caída en impuestos prediales, y de la contracción en la actividad inmobiliaria. El gasto, sin embargo, seguramente crecerá tanto por Irak como porque los malos de la telenovela van a salir al rescate del mercado hipotecario, pasándoles la factura a los ciudadanos que pagan impuestos.

Es posible, incluso, que eventualmente se reduzca marginalmente el flujo de ahorro que proviene de países exportadores de petróleo, de China y de Japón, por dos motivos. Primero, porque el consumo en los primeros sigue aumentando –es decir, que ahorrarán menos- a pesar del alto precio de los energéticos. Segundo, porque las reservas internacionales de los bancos centrales están probablemente sobre-invertidas en dólares.

A tasas más altas, quizá entonces los estadounidenses ahorrarán más y comprarán menos. Endeudarse les resultará más caro. No se necesita de decretos para convencerlos, sólo de dejar al mercado en paz.

El mercado también es capaz de corregir la debacle inmobiliaria. Sí, la caída en los precios de las casas es vertiginosa. Pero el mito de que millones de familias perderán sus casas ha sido propagado alegremente por los políticos que saben que difícilmente los bancos que han financiado la compra de inmuebles se pueden dar el lujo de dejar que la gente simplemente deje la casa deshabitada, deteriorándose y sin mantenimiento. Tendrán que negociar.

Si se les deja solos, compartirán el dolor de la pérdida; como debe de ser. Se habla de que los bancos "forzaron" a los compradores a tomar créditos hipotecarios que no podrían pagar. Si hiciéramos un análisis, sin embargo, le apuesto que encontraríamos que un alto porcentaje de los créditos otorgados se dieron en base a información falsa. Los deudores en muchos casos mintieron sobre su ingreso, omitieron decir que tenían otras deudas, o simplemente dejaron de dar información que era relevante para quien decidió prestarles. Es por ello justo que parte de la pérdida lo asuma quien prestó, y la otra quien pidió prestado.

El que seguro se beneficiará será quien quiere hacerse de una casa, y los precios de éstas hacían que los pagos de una hipoteca fuesen proporciones imposibles del ingreso de las familias. Aún cuando los bancos empezarán a ser más conservadores en cuanto a cómo dan crédito, y aún cuando seguramente bajará la oferta de casas nuevas, los precios seguramente serán más razonables. Si se deja al mercado solo.

En los mercados de bonos, por fin los mercados empiezan a volver a reconocer la existencia de riesgo y empiezan a pagar premios relativos a la calidad de crédito de lo que se compra, o al plazo al que se invierte. Poco a poco las aguas toman su nivel.

Pero, como dije, los políticos no resistirán la tentación. Los congresistas demócratas crearon una comisión de emergencia para salvar al mercado hipotecario. Estas "brillantes" medidas se toman como si el salvamento fuera gratuito; nunca lo es. Pero a diferencia del sabio mercado, los políticos forzarán a que la asignación de ese gasto público vaya a dar a donde no debe, distorsionando ajustes que son importantes para el bienestar de largo plazo del mercado.

Este es sólo el principio de la actividad del "malo". Va a ver cómo tratará de ser protagonista de muchos capítulos más de esta telenovela que, le repito, sólo empieza.

Para acabar, sin embargo, le pido que no se espere al desenlace para decidir qué hacer. Dé un paso atrás, vea el bosque y evite concentrarse en los árboles. Es importante darnos cuenta de que quizá la economía de los Estados Unidos está ya inmersa en una recesión. Todas las señales están ahí. El desempleo aumenta, el precio del principal activo en la economía (la vivienda) cae rápidamente, el crédito escasea y el dólar se desploma. Es evidente que el mundo no se ha acabado, pero le digo algo menos evidente: la economía estadounidense tampoco.

A pesar de los pesares, y en contra de lo que hoy vemos, si de apostar se tratara, sigo apostando diez a uno a la economía estadounidense contra la europea. A pesar de los déficits, de las burbujas, del abuso del crédito y de lo que me diga, ésta es la economía más flexible del mundo. Despedir a un trabajador no implica costos adicionales, por lo cual contratarlos es infinitamente más fácil. El capital se asigna en forma eficiente. Hay mercados financieros infinitamente profundos y líquidos. El financiamiento para ideas nuevas es inagotable, y sigue siendo un país que atrae a la gente más talentosa del mundo. Por eso, apostar contra el dólar indefinidamente puede ser una inversión miope.

Pero déjeme que le explique por qué, la próxima semana.



AAG

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