Curiosidades

Trabajar como rotulista en las alturas es tan seguro como te amarres

2008-05-03

Asegura que su oficio lo heredó de su padre y que su hijo ya le ayuda, pero no en las...

México, (Notimex).- El rotulista Marcelino Izquierdo considera que su oficio es un trabajo artístico, intelectual, creativo, de imaginación, muy colorido, libre y a veces muy riesgoso, pero que da para vivir bien.

Asegura que su oficio lo heredó de su padre y que su hijo ya le ayuda, pero no en las alturas. La labor de un rotulista no es fácil, se requiere de habilidades que no se obtienen de un día para otro, tampoco lo enseñan en las universidades.

Marcelino sostiene que aquí, en el taller, en una pared, en una manta, una lona o una fachada se aprende más de lo que te puede decir un libro sobre este quehacer.

El diseño publicitario es mi oficio, en donde hay que adaptar el espacio que uno tiene a lo que se quiere vender, a las imágenes, las figuras, las dimensiones de las paredes deben ser aprovechadas para ofrecer al consumidor una imagen agradable que llame la atención.

El trabajo no es trepar a un edificio de 15 o 20 pisos, sino concentrarte para aplicarte a tu labor allá en medio de los fuertes vientos, bajo la lluvia o a golpe de sol, en cualquier tipo de clima y condiciones, aunque ahora ya es más fácil que antes.

Tres de cada 10 trabajos de Marcelino implican algún tipo de riesgo, que es subirse a una cartelera de anuncio espectacular, a la pared de un edificio o bien a las ventanas para rotular lo que sea, todo tiene su dificultad, pero también su recompensa, según expresa.

"La primera vez que me subí a una cartelera fué hace 20 años, cuando tenía 15 años, mi papá me ayudó y me enseñó a amarrarme, porque no usábamos plataformas firmes, sino que se amarraba una escalera horizontal a dos cuerdas y con garruchas o poleas se subía o bajaba uno para pintar", detalló.

Las condiciones hoy para este tipo de trabajo son muy diferentes, pues ahora los anuncios se imprimen por computadora y se descuelgan las lonas, solamente hay que sujetarlas bien, también hay que subirse, pero no se compara el tiempo de permanencia en las alturas, pues ahora se trata nada más de fijar el anuncio.

Antes, dice Marcelino, había que subirse primero a fondear la cartelera, a dejarla pareja de un solo color de fondo, luego a cuadricularla para hacer la distribución de los dibujos y los anuncios y después a dibujar.

Su compañero y socio es Luis Felipe Ireta, otro rotulista, con quien ha trabajado desde hace dos décadas, y juntos lo hacían con el padre de Marcelino, pero hace algunos años "decidimos independizarnos y ahora estamos por nuestra cuenta, porque mi papá igual desde hace 45 años".

El trabajo del rotulista, sobre todo del que hace las imágenes gigantes en las alturas es prácticamente a ciegas, porque uno está pegado a la pared, no tiene idea de cómo están quedando las cosas, se basa uno en la cuadrícula y con sus pinceles largos se dan las formas, pero uno vé el resultado hasta que se baja.

Este es un oficio que requiere de experiencia, pero sobre todo de dedicación, pues ambos coinciden en que "las habilidades de dibujar deben traerse y desarrollarse con base en las técnicas que su maestro le enseñe".

Marcelino reconoce que de quien más ha aprendido el oficio es de su compañero Luis Felipe, quien además de enseñarle el trabajo del diseño y la pintura le mostró cómo anudar las cuerdas para asegurarse para evitar una caída, "porque entre más te asegures mejor puedes trabajar y desplazarte de un lado al otro de la plataforma".

El miedo siempre estará presente mientras estás colgado de una azotea a 10 o 15 pisos de altura, porque el viento te mueve, al grado que el temblor del domingo pasado, que dicen que fué de 5.6 grados ni lo sentimos, estábamos trabajando en se mismo edificio de Insurgentes y Nuevo León, decorando con imágenes de peces, pero no lo sentimos.

"Luis y yo estábamos en la plataforma y un señor nos gritaba, pero no le entendíamos y fué hasta que bajamos cuando nuestro compañero nos dijo que había temblado y que el señor que nos gritaba estaba espantado porque pensaba que nos íbamos a caer", detalló.

Normalmente se trabaja en equipos de tres, cuando se trata de un anuncio en las alturas, porque así se avanza mejor, dos en la plataforma, y uno desde abajo que apoya, los dos de arriba en la alineación y lo que es el trabajo de la rotulación.

El tercero, desde abajo apoya con un radio, le decimos lo que necesitamos y él lo sube con la garrucha, porque no podemos estar subiendo y bajando a cada momento la plataforma.

"Cuando uno tiene 15 o 20 años, no piensa más allá que en la emoción de subirse, a veces es la curiosidad, pero el verdadero miedo se siente cuando ya tienes hijos, cuando sabes que alguien te necesita que alguien depende de ti y entonces se cuida uno más".

Marcelino recuerda que hace 14 años "mi hijo tenía un mes de nacido y estábamos trabajando en el edificio del Consejo Nacional de Población, en Angel Urraza, yo estaba solo en la plataforma y un nudo se corrió por el viento, se dio un bajón pero no pasó a mayores.

"Fue la primera vez que sentí el verdadero miedo, me espanté porque lo primero que pensé es que quería estar cerca de mi hijo, y me acordé de las bendiciones que siempre me da mi esposa para que me vaya a trabajar y regrese con bien", expresó.

A partir de ese susto, asegura Marcelino, como 20 días se negó a trabajar en la alturas, estaba espantado le daba miedo subirse y aclara que aprendió a valorar más su vida, pues ahora tenía que cuidarse para no dejar en el desamparo a su hijo, hoy también tiene a una niña de 11 años y a su esposa.

"Cuando uno se sube a cualquier parte a trabajar se encomienda a Dios o a lo que uno cree, a lo que uno tiene fe. Cada trabajo tiene su riesgo, pero en este caso, el peligro lo ocasionamos nosotros o lo eliminamos, y eso depende de cómo nos aseguremos", sostuvo.

Marcelino asegura que le gusta su trabajo, que seguirá haciéndolo con mucho gusto, porque es una vocación y porque es una labor a la que siempre se ha dedicado y que siempre la ha visto de cerca porque su padre también lo hacía desde antes de que él naciera.



EEM