¡Despierta México!

¿Fascismo populachero?

2012-06-08

El paralelismo y análisis comparativo, entre las personalidades y estrategias para alcanzar...

José Antonio Alcocer

• Este artículo, con este título, lo escribió el autor de la columna "Policrato Philodemus" hace seis años, cinco semanas después de las elecciones del año 2006, luego de que Andrés Manuel López Obrador se inconformó de los resultados de la elección presidencial. El autor hizo en aquel entonces un bosquejo de la figura del perredista, de su comportamiento y de sus manifestaciones populares que emprendió, desde aquel entonces y hasta ahora, con una campaña de oposición permanente al gobierno de Calderón, que final y felizmente está por terminar, si es que después de la siguientes elecciones que se aproximan se va a estar quieto y conforme con los resultados, lo cual dudamos ya que desde hoy ya esta alegando su desconfianza, manifestando de antemano su inseguridad y anticipando su derrota.

• Hoy, un sexenio después, vale la pena tener en cuenta y sacar del archivo  esa nota periodística que retrata a López Obrador tal como sigue siendo,  y sobre sus  delirios mesiánicos. Al mismo tiempo encontramos en esta crónica similitudes y paralelismos del presente con los hechos del pasado. No habría que agregar nada para actualizarlo. Es un análisis político de la figura del que está obsesionado por ser presidente de México, sin más capacidad que su retórica demagógica En Lógica es una retórica demagógica que busca desprestigiar de una forma falaz la argumentación del adversario denotándola como impuesta o autoritaria.

De la columna: Policrato Philodemus, 11 Agosto, 2011

La izquierda como pretexto encubridor de delirios mesiánicos

"El momento y la puerta por donde entran fantasías, delirios y fijaciones, son los mismos por donde escapa el razonamiento".

Cuando se observan los disturbios que buscan desquiciar la gobernabilidad en la Ciudad de México y en Oaxaca, acompañados por los jaloneos políticos y las declaraciones para desacreditar a las instituciones de la República, sumados a la polarización social inducida por el candidato presidencial perdedor en las urnas, en su lucha por alcanzar el poder presidencial a cualquier costo, necesariamente acuden a nuestra memoria sus promesas pre electorales, su proyecto de gobierno con ideas deshilvanadas, sus cambiantes ocurrencias diarias, y la metamorfosis que ha tenido hasta mostrar su verdadera personalidad de intolerante y autocrático, que había mantenido oculta, pero que ahora descubre con sus delirantes reclamos post electorales sin fundamento legal, ante multitudes que sazonan sus reclamos con gritos y aplausos durante los mítines, a los que convoca para seducir y fanatizar a las masas con promesas demagógicas y mentiras, que a fuerza de repetirse como mantras religiosos, otorgan cierta certidumbre de tipo dogmático a la multitud esperanzada, ante quien se les presenta como un mesías salvador de su miseria.

Este fenómeno de exaltación colectiva que anula la capacidad de razonar es contagioso, y lo podemos observar en las presentaciones espectaculares de masas, durante los conciertos juveniles con galanes o músicos de moda, o en los encuentros deportivos de audiencia multitudinaria, en que el público cae fácilmente en una psicosis colectiva, de exaltación patológica, que nos hacen recordar y revivir, en el ámbito político, acontecimientos y dramas que se han repetido periódicamente en todos los países a lo largo de la historia, especialmente durante épocas de crisis y de malestar social que, desgraciadamente, siempre han terminado en tragedia, circunstancia que nos obliga a analizar las similitudes y paralelismos del presente con los hechos del pasado, a fin de tomar enseñanzas, así como para evitar los tropiezos y las tragedias en que cayeron las sociedades y pueblos, al seguir ciegamente a líderes ávidos de poder, que en su enfermedad delirante y aprovechando su carisma, los arrastraron al precipicio de sus alienaciones.

En nuestro país, lo que empezó como una campaña electoral entre candidatos surgidos de los diversos partidos y coaliciones políticas, compitiendo para alcanzar la presidencia de la República dentro del marco legal establecido para ello, se fue degradando ante la ausencia de propuestas coherentes y de un programa viable de gobierno por el candidato de la coalición “Por el bien de todos”, así como ante la inexistencia de un proyecto de nación en que éste pudiera encasillarse, circunstancia que modificó la estrategia de la campaña, que en vez de confrontar ideas, programas y proyectos, se convirtió en un intercambio de diatribas y descalificaciones personales, en el que las mentiras, a fuerza de ser repetidas hasta la nausea, fueron convirtiéndose en dogmas de fe y verdades absolutas, a pesar de no tener sustento alguno ni de resistir el menor análisis.

Esta coyuntura desestabilizadora de carácter político social, provocada por líderes inescrupulosos que buscan el poder por el poder mismo, para calmar sus enfermizos demonios interiores y su megalomanía a cualquier costo, inclusive destruyendo a la sociedad o país (al que pretenden dirigir para supuestamente salvarlo de todos los males que lo aquejan), como lo pretende Andrés Manuel López Obrador, candidato perdedor en los comicios del 2 de Julio pasado, quien en su furia antidemocrática y frustración paranoicamente enfermiza, ahora pretende desconocer la legalidad de unas elecciones democráticamente realizadas por la propia ciudadanía, así como la naturaleza misma de las instituciones democráticas que avalaron y sostuvieron económicamente su participación en la contienda electoral, fenómeno político social que tiene dos antecedentes cercanos en la historia del Siglo pasado, por citar los más significativos de dicho período.

El primero de ellos es el del revolucionario ruso Vladimir Ilich Ulianov “Lenin”, quien como teórico del marxismo proponía en su libro “El estado y la revolución”, que (sic)”La liberación de la clase oprimida es imposible no solo sin una revolución violenta, sino sin la destrucción del estado”, que fundamentó la implantación de la “Dictadura del proletariado” en la extinta Unión Soviética”, paradigma que parece seguir al pie de la letra el señor López Obrador, ya que de acuerdo a sus declaraciones no aceptará el fallo del Tribunal Electoral, además de que declaró iniciar una lucha contra el nuevo gobierno al que descalifica de antemano asumiendo una posición maniquea de la realidad y de la democracia, cuando éstas no le favorecen y no se pliegan a sus ambiciones de poder, pues su visión enfermiza  no soporta que la realidad contradiga su percepción, razón de más para él y sus seguidores no respeten las instituciones de la república ni las leyes, así como tampoco los derechos de los ciudadanos a los que actualmente atropella con sus plantones en el D. F., negándoles el derecho que tienen a la libre circulación, y en clara provocación a las autoridades constituidas legal y democráticamente, intentando así trastocar la gobernabilidad y el estado de derecho.

El segundo antecedente es el del “Nazismo” alemán, cuyo líder más destacado fue Adolfo Hitler, quien llegó al poder por asalto a la democracia y con engaños, polarizando maniqueamente a la sociedad alemana, desconociendo la legalidad de la República de Weimar, y cometiendo toda clase de crímenes para autonombrarse “Fuhrer” (líder iluminado), quien en sus delirios paranoicos y criminales arrastró al pueblo alemán a la aventura bélica de la Segunda Guerra Mundial, que dejó una secuela de millones de muertos y devastada a esa nación.

El paralelismo y análisis comparativo, entre las personalidades y estrategias para alcanzar el poder de Adolfo Hitler (“Fuhrer” nazi fascista), y Andrés Manuel López Obrador, nuestro “Mesías tropical” (Enrique Krauze “dixit”), es bastante interesante y digno de ser señalado, dado que hasta el momento el principal candidato derrotado en las urnas el 2 de Julio pasado, parece seguir el mismo patrón y estrategia que el “Fuhrer” alemán, para hacerse del poder presidencial… veamos:

I.- El “Fuhrer” alemán fue un enfermo mental cuyo diagnóstico responde al de un paranoico delirante mesiánico, con una personalidad amoral que carece del mínimo respeto hacia los demás… Nuestro “Mesías” parece responder, de acuerdo a declaraciones, gestos y actos de desprecio a los derechos de los demás, a la misma patología… Ambas personalidades comparten las características de liderazgo carismático, egocentrismo e infalibilidad de un narcisismo enfermizo, con ambición desmedida de poder como compensación a dicha patología.

II.- El “Fuhrer” alemán polarizó maniqueamente a la sociedad en “malos” (judíos, gitanos, eslavos, y bolcheviques), y en “buenos” (los alemanes de raza aria que le apoyaban en sus alucinaciones y para los que crearía el “Tercer Reich” que duraría mil años)… Nuestro “Mesías” pretende polarizar de forma maniquea a la sociedad mexicana en “malos” (los ricos, los banqueros, y quienes discrepen de sus percepciones, incluyendo al gobierno federal), y en “buenos” (los pobres a los que mañosa e interesadamente dice que defenderá)… En ambos casos, los buenos deben enfrentarse y destruir a los malos, para crear un paraíso utópico en donde solo gobiernen los pobres.

III.- El “Fuhrer” alemán pedía al pueblo que se sacrificara para alcanzar el “Tercer Reich” de mil años en donde reinaría la supremacía alemana y la pureza de la raza aria… Nuestro “Mesías” le pide a la ciudadanía que “acepte las molestias” de “plantones”, “cierres de carreteras”, “bloqueos a sus centros de trabajo”, y la consecuente disminución de sus ingresos y retardos en sus traslados (los atropellos a sus derechos), que ocasiona “mientras construye la democracia”.

IV.- El “Fuhrer” alemán manipulaba a las masas durante las concentraciones que convocaba, exaltándolas dramáticamente con promesas en las que mezclaba irrealidades fantasiosas y esperanzas redentoras de supremacía alemana… Nuestro “Mesías” hace lo mismo jugando con un discurso delirante, cuando afirma que acabará con la pobreza repartiendo subsidios y eliminado a los ricos.

V.- El “Fuhrer” alemán y sus acólitos se hicieron del poder en su partido manipulando sus fuerzas de choque (las militarizadas SA), y eliminando a sus oponentes internos… Nuestro “Mesías” se hizo candidato presidencial, aprovechando su poder como jefe de gobierno en el D.F. y manipulando a sus incondicionales facciosos (líderes de ambulantes, de taxis piratas, y organizaciones gansteriles como lo macheteros de Atenco, Panchos Villas, Cuatrocientos Pueblos, etc.), para eliminar políticamente y desacreditar a sus oponentes dentro del partido, e imponer a sus incondicionales en la dirigencia.

VI.- El “Fuhrer” alemán convirtió en “verdades” oficiales sus mitos y mentiras a base de repetirlas constantemente, bajo el principio instaurado por su ministro de propaganda “Goebbels”, quien afirmaba que”una mentira repetida mil veces, acaba convirtiéndose en verdad”… Nuestro “Mesías” parece ser un alumno receptivo y muy aventajado de dicho paradigma, cuando repite constantemente las mentiras siguientes: “las elecciones fueron un cochinero”, “todo es un complot en mi contra”, “los ricos no pagan impuestos”, “los ricos y los banqueros son unos ladrones”, “soy hombre de izquierda”, “siempre digo la verdad”, “soy muy honesto”, “la derecha es fascista”, “voy a purificar a las instituciones”, y muchas otras más, sin que presente prueba alguna que avale sus afirmaciones, mientras que en los hechos se hace evidente que pertenece a un partido político que desconoce lo que es democracia interna y que es incapaz de disciplina organizacional por estar compuesto por grupos facciosos y opuestos, y que como líder de dicho partido se rodea de la escoria política y ladrona que deserta, o es expulsada, de otras organizaciones… Ambos líderes se rodearon de agitadores incondicionales y de ideólogos radicales… Hitler de los “Camisas pardas”, de las “Juventudes Hitlerianas”, de la NSDAP y de los SA, entre otros grupos de choque, y se acompañó de ideólogos como Joseph Goebbels y Alfred Rosemberg… López Obrador tiene a los grupos de choque y agitadores incondicionales a sueldo, como los Pancho Villa, los Macheteros de Atenco, los taxistas piratas Panteras, los Cuatrocientos pueblos, la mafia del ambulantaje capitalino, y el “lumpen” clientelar del P.R.D., y se acompaña de ideólogos radicales o de resentidos políticos y sociales como son Manuel Camacho Solís, Pablo Gómez, Gerardo Fernández Noroña, Porfirio Muñoz Ledo, Martí Batres, Bejarano, y Dolores Padierna, por citar a los más notorios.

VII.- El “Fuhrer” alemán, en sus últimos momentos, antes de suicidarse, culpó a los alemanes de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, por no haber obedecido inmolándose como él se los pedía, sin aceptar que él fue quien la hundió con su fanatismo delirante y estupideces estratégicas… Nuestro Mesías en su infalibilidad paranoide, reparte las culpas de sus propios errores y estupideces, culpando a sus representantes y seguidores de venderse a sus opositores durante las elecciones… La personalidad de ambos personajes, en su mesianismo delirante, no puede aceptar equivocación alguna de su parte, pues en concordancia con su patología sienten, y están seguros de que solo siguen las indicaciones de un ser superior que los guía, porque son puros, sinceros, y han nacido para redimir a la sociedad.

VIII.- El “Furor” llegó al poder de la república alemana de Weimar empezando por dirigir una manifestación callejera y agresiva para atemorizar a la población y a las autoridades gubernamentales, presuntamente amparado en derechos pseudolegales, como ocurrió con el “Putch” de Múnich donde lanzó a las calles a los “camisas pardas”, precursores de la posterior organización paramilitar de los SA… Nuestro “Mesías” ha hecho lo mismo, lanzando a la calle a sus agitadores profesionales y a sueldo, incluyendo en este grupo a los empleados del Gobierno del Distrito Federal (que en complicidad extralegal y delictiva, obliga a sus burócratas a asistir a los plantones establecidos y a las “asambleas informativas” de López Obrador), para secuestrar a la Ciudad de México con actos pseudolegales que rebasan los límites establecidos en nuestra Carta Magna, con el fin de atemorizar a la ciudadanía y hacer trastabillar el orden jurídico de la Ciudad Capital.

Las preguntas que surgen ante este avatar político que se repite una vez más en la historia, y esta vez en el México del presente, son… ¿Cuánto más deberá dejarse crecer esta pústula enfermiza de la política?... ¿Acaso deberemos esperar a que llegue ilegalmente al poder ejecutivo de la nación, un engendro fascista con visiones de redentor y discurso amañado de izquierdad, que nos lleve al despeñadero de sus visiones paranoicas delirantes, tal y como sucedió en la Alemania de Hitler?.



gilberto
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