Calamidades

Del Támesis a Texcoco

2013-06-30

Más difícil será que encuentre forma de deslindarse de los dogmas arcaicos de...

Rolando Cordera Campos, La Jornada

Off the record, como se decía en la era antes de Assange y Snowden, el gobierno mexicano tendrá que devanarse los sesos para darle a las poco afortunadas declaraciones británicas del presidente Peña una perspectiva congruente con sus pactos y con el debate que el país requiere con urgencia para precisar objetivos claros y prioridades sensatas para su complejo energético.

Más difícil será que encuentre forma de deslindarse de los dogmas arcaicos de sus sedicentes partidarios de la cúpula empresarial y sus corifeos de la arena mediática. De seguir como va, esta nueva cruzada dizque modernizadora, en su enésima versión de cosmopolitismo totonaca, puede derivar en una confrontación destructiva y carente de todo sentido político reformador, para no decir "transformador", como se dice en Londres. De ocurrir esto, ni reforma energética ni pacto compacto ni estabilidad política tendrá México y todo se volverá remolino y desilusión, díada por la que pocos apuestan hoy.

Es sabido que al empresariado mexicano no le gustan las fórmulas de compromiso que los gobiernos han buscado para encarar conflictos y dar paso a nuevas maneras de crecer en la economía y desarrollarse como sociedad. No les gustaba la fórmula de economía mixta desplegada después del alemanismo, a pesar de que en ella se basó la "alianza para las ganancias" (en feliz síntesis de Roger Hansen) que caracterizó a la época. Apenas pudieron, desconocieron el acuerdo trazado con Ortiz Mena y Salinas Lozano y volvieron a la carga de la mano del embajador estadunidense de entonces, cuyo gobierno estaba preocupado por las veleidades tercermundistas del presidente Echeverría.

Luego, pasada la tregua del auge petrolero que no les dio sino más ganancias, los conjurados en el Consejo Coordinador Empresarial decidieron que había llegado el momento y decretaron el fin del modelo mexicano heredado de la Revolución. Con los sindicatos debilitados –en realidad doblegados por un gobierno que no veía cómo evitar que "el país se les fuera de las manos", como dijera el presidente De la Madrid en su toma de posesión–, el cambio del "modelo" se apresuró en 1985 para apaciguar las inauditas exigencias de los testaferros del FMI que amenazaban con quedarse para siempre en Palacio Nacional y ofrecerle a este ridículo, pero no por ello menos parasitario patronato de la propiedad privada, pruebas fehacientes de confianza y buena conducta.

No sirvió de mucho este primer paso, pero sí trajo consigo la eliminación de las áreas de planeación del gobierno y la profundización de la política económica de ajuste a ultranza en que se había embarcado el gobierno para capear la tormenta de la crisis de la deuda. Sólo con la combinatoria "no ortodoxa ni heterodoxa" ideada por Pedro Aspe en las postrimerías del gobierno de De la Madrid, empezó a verse alguna salida del pantano, que logró continuidad en los pactos estabilizadores, de solidaridad económica y demás que puso en acto el presidente Salinas sin haberse atrevido a dar el paso indispensable para entrar en un nuevo curso: pasar del acuerdo estabilizador al acuerdo fundamental para el desarrollo.

De cualquier forma, el daño al tejido político y social que sostenía al pacto posrevolucionario había sido mayor y lo que siguió fue una transición multivariada y a velocidades diversas que nos trajo a donde hoy estamos: una trayectoria de lento crecimiento, mal empleo por su calidad y remuneración, y mucha, creciente, informalidad laboral que hoy se ve como única salida para una juventud desvalida y desprotegida. Y es ante esta compleja coyuntura, que en realidad es ya una estructura siempre al borde del descontrol económico, la anomia social y el equilibrio catastrófico en un sistema político casi autista, que el gobierno tiene que afirmarse como tal.

La falta de empleo cunde y la desaceleración en la generación de trabajos formales le pega a nuestras joyas de la corona: en Nuevo León se generaron al mes de mayo 15 mil 887 empleos menos que en el mismo periodo de 2012, mientras que en el estado de México la cifra llegó a 28 mil 147 empleos menos que el año pasado, una caída de 66 por ciento. En total, reporta El Economista con base en datos de la Secretaría del Trabajo: "De las 32 entidades del país, 23 generaron menos empleos formales en los primeros cinco meses del año en comparación con el mismo periodo de 2012"… Ítem más: "De acuerdo con las minutas de la junta de gobierno del Banco de México, las tasas de desocupación registraron un nuevo aumento y continúan en niveles mayores a los observados antes de la crisis de 2008. Esto, a pesar de que el número total de trabajadores asegurados en el IMSS siguió exhibiendo una tendencia ascendente" ( El Economista, 27/06/13, p. 31).

A través de estos lodos hay que andar y, por si hiciera falta, los jefes yaquis de Vícam se plantan en plena autopista del Pacífico y los lugareños de la Costa Grande dejan varados a estudiantes y viajeros a la mera salida de Ixtapa. ¿Algo más? Mucho quizá, pero no para documentar el absurdo optimismo con la venta de garaje del gas y el crudo.



EEM