Vox Populi

Domingo fraudulento; Dinero y poder, "eligen"

2016-06-06

Obtengan los resultados que obtengan, PAN y PRD mostraron en estos comicios un terrible...

Julio Hernández López, La Jornada

¿Ganan Peña y Manlio?

A la hora de entregar la presente columna lo único cierto es que se habían disparado las declaratorias de triunfo que a título propio hacían varios candidatos a gubernaturas, arguyendo tener mejores números que sus adversarios, mientras encuestas de salida y sondeos cumplían la segunda parte del libreto electoral, atribuyendo victorias y derrotas conforme al cliente o a los intereses de los grupos político-económicos patrocinadores de tales ejercicios "orientadores" de la opinión pública.

Domingo de consolidación de la anormalidad como normalidad. El fraude electoral, corregido y aumentado, paseó su impunidad por medio país, a través del catálogo clásico de las marrullerías ya virtualmente institucionalizadas, más el grado de elevación que ahora se propició, con una mayor dosis de violencia y cinismo. La compra del voto fue practicada con una soltura inusitada, confirmando que el futuro electoral seguirá estando en quienes tienen el poder y el dinero y, por tanto, la capacidad de poner en marcha maquinarias aplastantes frente a las cuales la oposición, genuina o ingenua o ambas cosas, poco puede hacer de verdad. Y en varios estados se produjeron incidentes de violencia física abierta que dan testimonio de que el crimen organizado está tomando con mucha responsabilidad su papel de factor determinante, ya no sólo promoviendo candidaturas y campañas con dinero en abundancia sino, además, con acciones directas de confrontación y disuasión.

No están disponibles a la hora de emitir los presentes teclazos algunos indicios confiables respecto de los resultados, pero la "orientación" electrónica de la opinión pública cerraba la contienda por Veracruz solamente a dos competidores con posibilidades, los primos Yunes. Es decir, sea cual fuese el desenlace, según los primeros apuntes difundidos, dos piezas del sistema estarían al frente de la minigubernatura veracruzana. Uno, el panista, abiertamente confrontado con el actual gobernante, el inenarrable Javier Duarte de Ochoa, a quien dice que llevará a la cárcel (para lo cual, motivos no faltan, pero Miguel Ángel Yunes podría verse en el espejo del fallidamente Bronco de Nuevo León, quien presentó denuncias penales contra su antecesor, Rodrigo Medina, y varios de sus colaboradores, pero dando la impresión de que sólo es una jugada para las tribunas, que podría más adelante "caerse" en términos judiciales). El otro Yunes, priísta, cercano a Manlio Fabio Beltrones, también reclama la delantera, con una probabilidad de que el sistema cierre filas para que las cuentas públicas de Duarte de Ochoa no sean revisadas por un opositor (sobre todo si esas cuentas veracruzanas financiaron precampañas y campañas electorales antes y durante 2012).

De confirmarse la versión dada en primer impacto demoscópico y mediático, el PRI habría logrado una buena votación y probablemente un alto número de gubernaturas. Eso demostraría que un gobierno federal puede hacer un mal papel, lo que en otro esquema electoral significaría derrotas para los candidatos de su propio partido, pero en México todo puede solucionarse con la magia de la compra del voto y el aprovechamiento crudo de miseria e injusticia provocadas por el gobierno federal en mención. En sus peores momentos de popularidad, con un generalizado rechazo a la manera en que ha conducido al país, Peña Nieto pareciera triunfador, en una especie de referéndum ganado con base en mapachería. Si Manlio Fabio Beltrones entrega tales cuentas, haiga sido como haiga sido, revitalizará su aspiración de ser candidato presidencial en 2018, frente al hoy muy inflado Miguel Ángel Osorio Chong y los tecnócratas José Antonio Meade y Aurelio Nuño.

Obtengan los resultados que obtengan, PAN y PRD mostraron en estos comicios un terrible encogimiento práctico y doctrinal. Nada de fondo propusieron ni defendieron, más que la retahila de lugares comunes que marca la mercadoctecnia. Sus candidaturas comunes no generaron más esperanza que la del cambio de siglas. En Puebla, el precandidato presidencial Rafael Moreno Valle, en funciones de gobernador, hizo todo lo necesario para reposicionarse, imponiendo a su candidato a la sucesión, frente al activismo escandaloso de Felipe Calderón que anduvo asomándose a cierres de campañas para hablar y criticar, como si él no hubiese sido responsable central de la tragedia que hoy vive el país.

El PRD sólo tuvo una opción "propia" en Tlaxcala y allí concentró su atención el dirigente formal del sol azteca, Agustín Basave, quien habrá de dejar la presidencia del comité nacional y regresar a San Lázaro, pues no soporta más la envenenada vida interna de la cúpula de ese partido, en especial a los Chuchos. La mayor pelea perredista de este domingo se dio en la Ciudad de México, donde la estructura delegacional y del gobierno central, a cargo de Miguel Ángel Mancera, pelearon con todo tipo de armas (algunas incluso limpias) contra el presunto ascenso apabullante de Morena en la capital del país. Lo único cierto es que hubo abstencionismo y apatía generalizada, lo que restan legitimidad a la tal "Constituyente".

A reserva de saber si obtuvo cargos específicos (sobre todo en Zacatecas), Morena, es decir, Andrés Manuel López Obrador, habrán avanzado en cuanto a la extensión de la base territorial de apoyo a la candidatura presidencial del tabasqueño. A fin de cuentas, esa es la apuesta real y conforme a ella se han procesado las candidaturas, las campañas y los resultados. En especial, tuvo gran progreso numérico en Oaxaca, Veracruz y la citada Zacatecas.

Cumplida, pues, la fase procesal del libreto electoral mexicano en las urnas, con los sabidos incidentes y las sabidas denuncias de fraude, se pasó después de las seis de la tarde a la parte de las encuestas y sondeos de opinión (fraudulencia electoral de cuello blanco) y luego vendrán los litigios, la parte judicial. Peña gana, Manlio gana (¿las nueve prometidas?), el PAN aspira a quedarse con dos o tres gubernaturas y Morena gana posicionando mejor a su precandidato presidencial. Pero, ¿quiénes pierden? ¡Hasta mañana!



JMRS