Vuelta al Mundo

Un mundo incapaz

2016-07-17

Si nos fijamos en sucesos como el atentado en Niza o el intento de golpe de Estado en...

ANTONIO NAVALÓN, El País

En la era de la globalización, la hegemonía de la política ha ido disminuyendo. En un mundo convulso como el nuestro, mientras se globaliza la comunicación y alcanzamos una interrelación económica nunca vista, el fracaso, las contradicciones y las epidemias morales —similares desde China hasta España— están provocando que los objetivos internacionales se sacrifiquen por comportamientos colectivos más afectados por los fallos de las políticas interiores.

En ese sentido, es muy difícil entender el fracaso de una generación de políticos que ni es capaz de formar gobierno, tal y como sucede en España. Ha quedado claro que, por segunda vez, el resultado de las elecciones mostró una sociedad que abandona el bipartidismo y, pese a que no se cumplieron los pronósticos de las encuestas sobre el triunfo de Podemos, es evidente que la alternancia en el poder que comenzó con las elecciones de 1977 está liquidada. Lo que resulta contradictorio es que ni los jóvenes, ni los viejos, ni todos aquellos que se aterraron ante la posibilidad de tener un Gobierno demasiado nuevo y alejado del espíritu de la Transición hayan sido capaces de formular un plan que permita construir, con o sin el presidente Mariano Rajoy, alternativas que permitan formar un Gobierno en minoría.

En mi opinión, esto sucede por varias razones. La primera, por la incompetencia y la falta de talento político en gran parte de los nuevos líderes del sistema. Y la segunda, por la existencia de una sombra que está polarizando y condicionando todo por la crisis internacional y las crisis multiplicadas por la depreciación moral de la corrupción en todos los países. Ese contexto ha desencadenado una contradicción, que aún no resulta tan clara, pero que sí genera una pregunta clarísima: ¿Con qué autoridad moral los mismos protagonistas bloqueados a la hora de formar Gobierno podrán combatir un fenómeno que ha terminado por convertirse en un tigre que devora a los Ejecutivos del mundo?

Si nos fijamos en sucesos como el atentado en Niza o el intento de golpe de Estado en Turquía nos percatamos de que, como sucede en la campaña electoral estadounidense o en la incapacidad española, el fenómeno local va constituyéndose, gracias al escepticismo general no verbalizado de que se pueda resolver un problema estructural, en un elemento que unifica las preocupaciones, las políticas, las contradicciones y las incapacidades de los sistemas para gobernar a golpe del impulso de los nuevos tiempos. Los problemas son múltiples, sin embargo, los ejes sobre los que se podría construir son una y otra vez ignorados.

Ahora hay un círculo de acción-reacción por el que los policías y los fiscales descubren y sancionan a los malos administradores. A su vez, los gobernantes que los nombraron, los toleraron y forman parte del mismo partido son los mismos que vuelven a repetir la oferta de que en esta ocasión sí tendrán un comportamiento acorde a las promesas electorales y a los códigos de conducta morales que invocaron ante sus pueblos. Esta situación va abriendo las puertas para que las ideologías populistas o demagógicas tengan una oportunidad electoral, como con Donald Trump.

En el caso de España, mientras sigan pendientes temas como la organización del Estado o la capacidad de plantear políticas alternativas claras, lo único que seguirán exteriorizando sus políticos es que no son capaces de ordenar siquiera el sentido común entre lo que dicen y lo que hacen. Con el paso del tiempo será más difícil explicar tanta incompetencia, tanta necedad al no querer abandonar el poder, aunque no haya nada que ofrecer, y tanta ausencia de propuestas que puedan garantizar un verdadero cambio.

Pero en mi opinión, el corazón del problema que nadie quiere afrontar radica en el hecho de determinar quién tendrá la credibilidad para pedir a la gente de nuevo que tenga fe ante esta transformación de los modelos en la que la pérdida de los referentes internacionales no es un asunto menor. Quién será capaz de poner orden y purgar el cuerpo social ofreciendo otra política y otros controles que impidan que el abuso siga siendo una forma de gobierno.



JMRS