Panorama Norteamericano

¿Estados Unidos podrá recuperarse de la intolerancia de Donald Trump?

2016-09-02

El reto que deberán enfrentar los líderes responsables de cualquier partido...

Comité Editorial, The New York Times

Mientras se acerca el mes de noviembre, Donald Trump trata de resistir el viento en su contra e intenta nuevas tácticas como contratar al director de Breitbart News para dirigir su campaña, experimentar con una emoción nueva (el arrepentimiento) y promete dialogar más sobre inmigración, su tema principal.

Es posible que las encuestas estén en lo correcto y Trump se desplome. Eso solucionaría un problema inmediato, pero quedaría pendiente un problema mayor. El mensaje de odio y paranoia que incita a millones de electores sobrevivirá al mensajero, así que será necesario lidiar con los efectos tóxicos del trumpismo.

El daño más obvio ya está hecho: los efectos en el debate sobre la inmigración, un tema que es el orgullo de Estados Unidos pero que también puede mostrar su peor cara.

La solución que Trump propone es construir un muro en la frontera y obligar a 11 millones de personas a abandonar el país, además de dejar regresar a otros millones de “los buenos”.

O tal vez no, porque ahora dice que quiere prohibir la entrada a inmigrantes de casi todos los países del mundo, salvo los pocos que aprueben un examen de religión e ideología. El nombre que le ha dado a este esquema es “veto extremo”, y con él revive las Leyes de Extranjería y Sedición y el macartismo.

Sí, el mensaje de Trump bordea la estupidez. El nativismo declarado sigue siendo un fenómeno radical. Pero cuando varios políticos tradicionales le expresaron su apoyo al nominado republicano, respaldaron su mensaje.

Quien busque ofrecer una solución sensata a la inmigración, después de estas elecciones, deberá confrontar las ideas inviables y emociones perversas que Trump y muchos incitadores han alentado.

Aunque parece que fue hace un siglo, en realidad fue en 2001 cuando George W. Bush comenzó a hablar sobre una revisión única de las obsoletas leyes de inmigración estadounidenses. Trató de obtener el consenso de ambos partidos para estimular la economía y corregir la situación de millones de personas.

Entonces ocurrió el ataque del 11 de septiembre. Aunque una reforma migratoria razonable obtuvo amplio apoyo del público estadounidense, los miembros del Partido Republicano organizaron una emboscada para evitar que el congreso aprobara la legislación en varias ocasiones.

Este año se creó un sueño perturbador en la Convención Nacional Republicana de Cleveland donde todos los oradores presentaron a los extranjeros como personas que cruzan la frontera para robar, violar y matar. Bajo la dirección de Trump, convirtieron en chivos expiatorios a inmigrantes y refugiados en general, y a latinos y musulmanes en particular.

La multitud aclamó al sheriff Joe Arpaio, quien trata con brutalidad a los latinos de Arizona, y a Rudolph Giuliani, quien persigue a terroristas y delincuentes como si quisiera ganar las elecciones para ser el alcalde de Ciudad Gótica.

No sorprende que los nativistas se sientan inspirados y los fanáticos, animados. David Duke, activista de la supremacía blanca, es candidato a senador.

Stephen Bannon, quien se ha convertido en la principal fuente de teorías de conspiración, veneno contra los musulmanes y los inmigrantes en Breitbart, es el aliado natural de un candidato que se atreve a insinuar que el presidente Obama es musulmán e insiste en que miles de musulmanes de Nueva Jersey bailaron cuando vieron caer las torres en el ataque del 11 de septiembre.

Los optimistas que siguen las encuestas esperan que cuando pierda Trump estas ideas pierdan credibilidad y el año entrante los republicanos busquen la paz. En esta situación, Hillary Clinton y Paul Ryan, o quien esté a cargo del Congreso de Estados Unidos, se apresurarán a impulsar un proyecto de ley racional para la reforma migratoria.

Sin embargo, debemos recordar el análisis que reveló que los republicanos escarmentaron tras el nativismo más moderado de la campaña de 2012 de Mitt Romney. Los últimos vestigios de ese arrepentimiento se desvanecieron mientras Trump, con sus advertencias sobre los violadores mexicanos, comenzó a escalar lugares en las encuestas.

El abanderado republicano le ha prometido a sus partidarios una nación que cerrará sus fronteras para quienes no sean originarios del país, al igual que a sus hijos. Les prometió que con un muro habrá fábricas nuevas donde todos construirán cosas, solo hablarán inglés y serán ricos. ¿Qué va a pasar cuando descubran que nada de eso es verdad?

El reto que deberán enfrentar los líderes responsables de cualquier partido político será separar el descontento económico del fanatismo y la paranoia que han sido clave para el fenómeno Trump. La pregunta para los líderes republicanos del futuro es si, por lo menos, lo intentarán.



JMRS