Testimonios

Así fue el martirio de Joselito

2016-10-18

 Los federales utilizaron a su familia, se escudaron en ella como materia prima para un intercambio...

Abimael César Juárez García

Recientemente, Desde la fe platicó con el P. Fidel González Fernández, de nacionalidad española, postulador de la Causa de Canonización de José Sánchez del Río, conocido como el “Niño Cristero” o “Joselito”, quien, la noche del 10 de febrero de 1928, a los 14 años de edad, al grito de “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”, dio su vida valerosamente frente a los federales que intentaban disuadirlo de sus creencias.

El P. Fidel González explicó a este periódico que José Sánchez del Río era un cristiano bautizado y confirmado, como tantos otros jóvenes de la época, quien fue perseguido por haberse unido, junto con sus hermanos mayores, a la Cristiada, con lo cual sus padres no estaban de acuerdo. “Los mismos dirigentes del movimiento en esa localidad coincidían en que era muy joven y no medía las penalidades a las que iba a ser sometido de ser capturado, entre ellas, la muerte”.

Añadió que el muchacho se mantuvo firme en ser admitido, y lo logró bajo la condición de fungir como cocinero, portabandera y clarinetista. “Pero no fue el único; durante los tres años que se mantuvo esta guerra, hubo más jóvenes de su edad que hicieron lo mismo y que corrieron la misma suerte”.

El P. Fidel González considera que “un joven de la edad de Joselito muestra el gran potencial de un testimonio cristiano, ante un martirio que no se limitó sólo a lo verbal; también fue físico y psicológico. Los federales utilizaron a su familia, se escudaron en ella como materia prima para un intercambio chantajista y de extorsión emocional, a fin de que, a través de diversas artimañas, el mártir abandonara su fe, algo que no consiguieron”.

Explicó que sus captores pidieron a la familia un rescate de cinco mil pesos oro para presionar al niño, situación a la que se opuso, pidiendo a sus padres no ceder, ya que él “estaba dispuesto a morir por Cristo Rey”.

Destacó la claridad en la fe del niño: “una fe que no se compraba ni se vendía por nada del mundo; con esta actitud demostró que la vida no es mercancía, que prefería la muerte antes de renegar de Cristo, que era la esencia de su vida. El precio por mantener invicta su fe fue algo sádico y duro”.  

Detalló que se le practicaron varios interrogatorios y se le intentó persuadir de que abandonara su fe en Cristo, pero ante su negativa, fue llevado con el alto mando, ubicado en un hotel cercano, para convencerlo bajo métodos más severos: lo sobajaron, lo torturaron y le desollaron los pies. “El joven siempre mostró una fortaleza extraordinaria, y nunca dejó de exclamar ‘¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!’, lo que motivó que le rompieran la boca, mandíbula y dientes de un culatazo.

No obstante –dijo– Joselito continuó balbuceando sus consignas, así que fue conducido al Panteón Municipal, donde volvieron a ofrecerle libertad a cambio de renunciar a los motivos de su detención. Esto sólo hizo que él se reafirmara confeso de su fe cristiana y católica, volviendo a exclamar ‘¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!’ Lo golpearon una vez más, y en ese momento el dirigente del pelotón de fusilamiento sacó el revólver, le dio un par de tiros en la nuca y lo remató en la sien”, relató el postulador.

Dijo que existen varias versiones sobre la tumba de Joselito; algunas inverosímiles, dado el fuerte martirio al que fue sometido, como el hecho de que habría sido él mismo quien cavó su tumba en medio del panteón, junto a un árbol que aún existe. “Lo importante es que esa fosa existió, y que ahí lo echaron cuando fue ejecutado; el sepulturero cubrió el cuerpo de tierra y, una vez que se marcharon los soldados, él mismo lo sacó, lo envolvió en una sábana y volvió enterrarlo, pero ya protegido.”

Explicó que tiempo después los restos de Joselito fueron exhumados para trasladarlos a la Iglesia de Santiago, donde años antes lo habían recluido y martirizado; fue en este proceso cuando se encontraron las balas que se le habían alojado en el cráneo.

“Su fusilamiento se realizó a altas horas para que la gente no se enterara; los habitantes de la localidad veían todo a través de las rendijas de sus ventanas y puertas. Sahuayo era una población católica, en la que muchas personas apoyaban a los cristeros; la gente vio al niño pasar camino al panteón, rodeado de aquel grupo de soldados que lo llevaba a la muerte. Mucha de esa gente recogió la sangre que iba dejando a su paso, como sucedía en la Iglesia primitiva, cuando recogían las huellas de sus mártires. Así fue en síntesis la historia de su martirio”, explicó el P. Fidel González.

Finalmente, el sacerdote consideró a José Sánchez del Río como un mártir de la libertad debido a que luchaba por uno de los derechos fundamentales: la libertad de religión. “Todos los derechos fundamentales son naturales, no los otorga el Estado; este únicamente los protege, y así como debe defender la libertad de religión, también debe hacerlo con el derecho a la educación y el derecho a la vida”, concluyó.



JMRS