Detrás del Muro

Moraleja de un suicida optimista

2016-12-08

El gobierno está en la obligación de tranquilizar a los mercados locales y...

Jorge Zepeda Patterson, El País

El aire que agita los cabellos y una sensación de libertad y liviandad absoluta hacen exclamar al hombre: "Hasta ahora todo va bien". Y tiene razón, salvo que acaba de tirarse de lo alto de un edificio y le espera el inexorable pavimento 30 metros abajo. Es la escena de una vieja película francesa que he vuelto a recordar estos días, tras percibir la narrativa del gobierno mexicano ante el inminente arribo de Donald Trump a la Casa Blanca.

Ciertamente no vamos a quedar desparramados en el pavimento un vez que suceda lo inexorable (Trump en la oficina oval), pero el inmediato futuro pinta bastante más preocupante de lo que sugiere esa política de evasión que han puesto en marcha en Los Pinos. Giras risueñas, públicos cautivos y entusiastas, intensificación de la campaña de desplegados y anuncios presumiendo los logros de la administración y el progreso de México.

No deja de ser admirable la confianza que los priistas tienen en el poder de la narrativa. La Secretaría de Hacienda ni siquiera reconsideró a la baja el pronóstico de crecimiento para el 2017 luego del triunfo del republicano, a pesar de que el deslizamiento del peso necesariamente aumentará el costo de la deuda pública, entre otras cosas. Un avestruz no lo habría hecho mejor.

La prensa internacional ha publicado diversos balances sobre la capacidad real que tiene Trump para cumplir o no las amenazas que hizo durante su campaña. Negociar el TLC en condiciones desfavorables para nuestro país es una de las más sencillas. No necesariamente puede concluir en catástrofe absoluta (hay fuertes contrapesos en la economía estadounidense), pero podemos estar seguros de que habrá afectaciones. Los actos en contra de inmigrantes y sus remesas pueden no alcanzar la ferocidad anunciada en campaña, pero el ejecutivo tiene a su alcance una batería de facultades que le permiten fastidiar a millones de familias si se lo propone.

Los actos de bullying que el presidente electo ha iniciado en contra de empresas de su país que intentan trasladar empleos a México (Carrier y Ford, entre otras) son aisladas, y exigen la contraprestación de subsidios locales y federales que Washington no podrá permitirse de manera indefinida, pero seguramente ejercerán un efecto disuasorio en el sector privado estadounidense.

Se me dirá que el gobierno está en la obligación de tranquilizar a los mercados locales y foráneos plantando buena cara. Ciertamente el capitán del barco no puede ser el primero en ponerse el chaleco salvavidas y entrar en pánico. Pero tampoco puede quedarse cenando tranquilamente, brindando y escuchando música de violines para apaciguar a los pasajeros inquietos. Sería mucho más deseable comenzar a preparar con mesura y responsabilidad a la tripulación y la infraestructura del buque para un choque que puede ser de mayor o menor consecuencia, pero que se sabe inevitable.

No se trata de emitir alarmas catastrofistas. La exitosa convocatoria internacional de Pemex esta semana para la explotación de aguas profundas muestra que hay vida al margen de lo que pretenda Trump. La asociación de la petrolera con Chevron y la licitación ganada por una empresa China no tienen precedentes.

Asumir las buenas noticias en su justa dimensión es necesario. Usarlas como argumentos para prepararnos para las adversidades que se avecinan sería mejor. México tiene contrapesos, recursos y posibilidades a condición de usarlos a tiempo y de forma estratégica.

La autonegación cobró un alto precio en Ayotzinapa, en donde se actuó tarde y con torpeza. El potencial de daño que puede tener la presidencia de Trump para México tendría que ser atendido con mayor atingencia, realismo y responsabilidad. Pero eso requeriría abandonar la mesa de los brindis del "hasta ahora todo va bien". No es un iceberg lo que nos espera, ni México quedará horadado de muerte, pero lo que hagamos o dejemos de hacer en los próximos meses puede hacer una diferencia abismal en materia de miseria humana y sufrimiento para los que habitan en los sótanos y las salas de máquinas. Las inevitables víctimas de toda adversidad.



JMRS