Detrás del Muro

Vallas, muros y murallas

2017-01-31

Entre México y Estados Unidos hay un muro metálico de 1.125 kilómetros. El...

MARÍA RUIZ GUITERA, La Jornada

El 9 de noviembre de 1989, los alemanes festejaban la caída del muro de Berlín, probablemente la frontera amurallada que primero viene a la mente. Pero muchas vallas y tapias siguen siendo la frontera entre países para evitar el paso de personas. Por cuestiones políticas y religiosas, algunas fronteras se terminan levantando sobre el suelo, en forma de valla o muro; separando naciones, pueblos e incluso familias.

Entre México y Estados Unidos hay un muro metálico de 1.125 kilómetros. El gobierno israelí, bajo un proyecto conocido como Reloj de arena prentende “sellar todas sus fronteras” con Egipto. Entre Marruecos y el Sahara Occidental hay una zona militar marroquí protegida por 2.720 kilómetros de muro, vallas y campos de minas para proteger los territorios ocupados. En Dajabón, frontera entre Haití y República Dominicana, se levantaron grandes muros alambrados con puertas de barrotes para evitar el flujo de inmigrantes haitianos ilegales, sobre todo a partir del terremoto de 2010. Y una verja alambrada divide la Península de Corea por el Paralelo 38. Pero hay muchas más. Entre España y Marruecos, en Irlanda del Norte, entre India y Pakistán, en Chipre, o entre Irak y Kuwait. La mayoría de estas barreras físicas se han construido después de que cayese el muro de Berlín.

Para los Estados, el control y la vigilancia de sus fronteras exteriores son una responsabilidad prioritaria. La protección de las fronteras y, por tanto, del territorio son la idea misma de Estado. Pero la lucha contra la inmigración ilegal va más allá: se trata de una situación compleja donde la dimensión humana se fusiona con la responsabilidad primera del Estado. El aumento del control fronterizo, además, ha provocado que la inmigración se convierta en un negocio, donde mafias y redes criminales se aprovechan de la vulnerabilidad de los migrantes.

En los últimos años, EE UU ha reforzado su frontera con México, aumentando el presupuesto, ampliando el número de agentes destinados a vigilarla, e incorporando nuevas tecnologías para detectar la entrada de indocumentados. Los muros fronterizos se levantan como elemento disuasorio para detener el flujo de inmigrantes indocumentados por tierra. Pero sus supuestos beneficios no se han traducido en un impedimento para las entradas ilegales, que en muchos países se hacen de forma mayoritaria por mar y aire, y no por tierra. El gobierno español ha reforzadolas fronteras con Marruecos, aunque las llegadas de inmigrantes han seguido aumentado en los últimos años.

Las guerras, la desesperación, la persecución y la pobreza son las principales causas que llevan a la gente a huir de sus países. En este sentido, España es uno de los grandes receptores de inmigración a través de la ruta del Mediterráneo occidental, que conecta por mar el norte de África con la Península Ibérica, y por tierra con Ceuta y Melilla. Durante el 2014, los conflictos y la violencia en algunos países de África han provocado el desplazamiento de miles de personas, aumentando la presión migratoria a pesar de las medidas adicionales adoptadas por las autoridades españolas para controlar la situación.

El feudo europeo

El anuncio de Hungría de la construcción de una valla de cuatro metros de altura, que recorrerá los 175 kilómetros de frontera con Serbia, ha avivado el debate sobre las posibles respuestas y soluciones ante el aumento de la de inmigración ilegal en la Unión Europea durante los últimos meses.

En Europa, el Acuerdo de Schengen suprime desde 1995 las fronteras interiores de los Estados signatarios y establece una única frontera exterior, haciendo del espacio de Schengen, en términos migratorios, un solo país. Hungría pertenece a este espacio, por lo que sus fronteras son una puerta de entrada. En 2015, según fuentes oficiales húngaras, han entrado en el país 57. 000 personas, frente a las 43,000 de 2014 y las 2,000 de 2012. Aunque se trata de un lugar de paso, dado que los inmigrantes que llegan a Hungría suelen continuar su camino hacia Austria o Alemania, en diciembre de 2014 se detuvo a más de 12,000 personas en la frontera.

Según Frontex, la agencia de la UE para mejorar la gestión integrada de las fronteras exteriores, en lo que va de año 152.835 personas han logrado cruzar ilegalmente las fronteras de la Unión, por tierra o mar. La ruta más utilizada es la de los Balcanes, por donde han entrado desde enero 50.430 personas, la mayoría de Kosovo y Afganistán. El Mediterráneo sigue siendo el canal más transitado para llegar a Europa. Por la ruta este han llegado 48.015 inmigrantes, la mayoría sirios que huyen de la guerra. Por la ruta central han pasado 47.008 personas en 2015, fundamentalmente originarios de Eritrea. Y por la ruta oeste, 4.170 desde enero. A Grecia han llegado 2.846 albaneses este año. Sin embargo, a pesar de estas cifras, la ruta de entrada más importante para los inmigrantes en la UE es a través de los aeropuertos internacionales. La mayoría de las personas que residen ilegalmente en la Unión entraron con documentos de viaje legales y visados, cuyo periodo de validez ha sobrepasado desde entonces.

Ante la oleada de inmigrantes ilegales que están llegando al territorio comunitario, la Comisión Europea ha presentado una estrategia basada en un sistema de cuotas para repartir entre los miembros a los que piden asilo, en función del PIB, población y desempleo de cada país y el número de demandantes de asilo registrado en los años anteriores. La Comisión plantea para el futuro tres propuestas novedosas: sistema y criterios únicos de asilo para todos los países, gestión unitaria de las fronteras y un sistema integrado de inmigración legal cualificada accesible para los empresarios. Pero según el gobierno húngaro, cualquier solución llega tarde, y la decisión de amurallar sus fronteras parece irrevocable. 

Mientras los países del norte se quejan de que acogen a la mayor parte de los refugiados políticos, los del sur afirman que no reciben ayuda suficiente para controlar las fronteras. La presión migratoria no se soluciona con vallas. Se necesita una nueva estrategia más comunitaria.



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