Nacional - Economía

Para México, la relación con Estados Unidos es un acto de equilibrismo

2017-02-07

El déficit comercial de EU con México, señaló, ha aumentado....

Por David Luhnow y Jacob M. Schlesinger, The Wall Street Journal

A mediados de la década de los 80, México tenía una economía cerrada y en problemas, con poca inversión estadounidense y un sentimiento popular que veía a Estados Unidos como enemigo histórico. El presidente Ronald Reagan cerró temporalmente la frontera después de que narcotraficantes mexicanos torturaron y asesinaron a un agente de la Administración de Control de Drogas de EU (DEA, por sus siglas en inglés).

Mucho ha cambiado en los siguientes 30 años. Bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés), los dos países comercian cada año medio billón de dólares en bienes y servicios. Existe cooperación en materia de seguridad, migración y medio ambiente. Wal-Mart Stores Inc. se ha convertido en el mayor empleador del sector privado en México. Los estadounidenses no podrían hacer suficiente guacamole para el Super Bowl sin aguacates mexicanos.

Las promesas del presidente Donald Trump de moverse rápidamente para renegociar el Nafta, construir un muro a lo largo de la frontera y acabar con la inmigración están poniendo esos vínculos a prueba. El mandatario ha dicho que la alianza promovida por sus cuatro predecesores, dos republicanos y dos demócratas, ha socavado la economía de EU al alentar a los fabricantes estadounidenses a trasladar puestos de trabajo al sur de la frontera, y ha minado la seguridad debido a lo que llama una laxa aplicación de las restricciones de inmigración.

El déficit comercial de EU con México, señaló, ha aumentado. México “nos ha superado y nos ha hecho papilla a través de nuestros líderes del pasado”, dijo el 27 de enero. “Nos han hecho parecer tontos”. El jueves, anunció a los legisladores estadounidenses que tiene el objetivo de iniciar el proceso de renegociación del Nafta.

La creciente tensión ha puesto en duda si la amistad de las últimas tres décadas perdurará o si los dos vecinos volverán a la hostilidad común en los primeros 170 años de relaciones entre EU y México. Mucho dependerá de si los primeros indicios de la relación de trabajo entre funcionarios de nivel inferior superan la propensión de Trump a irritar al gobierno mexicano.

La confrontación está provocando una reacción nacionalista en México que no se veía desde hace años. La insistencia de Trump de que México pague por el muro que él ha propuesto —una exigencia considerada como un insulto en México— llevó al presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, a suspender una visita a Washington. “Esta no es una estrategia de negociación”, dijo el canciller Luis Videgaray a una cadena mexicana. “Este es un límite que no vamos a cruzar porque se trata de la dignidad del pueblo mexicano”.

El hashtag #FueraStarbucks fue recientemente tendencia en Twitter, refiriéndose a la cadena de cafeterías estadounidense que ha abierto cientos de locales en todo México. El estallido está generando apoyo para el populista de ala izquierdista Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza la contienda con miras a las elecciones presidenciales del año próximo. López Obrador ha calificado las acciones de Trump de “agresión extranjera” y ha declarado que “la patria es primero”. Una encuesta reciente halló que 59% de los mexicanos cree que las relaciones con EU son malas o muy malas, comparado con 13% hace dos años.

El enfoque de Trump sobre México es una prueba para su política exterior, que da primacía al comercio y promete reconsiderar alianzas y supuestos de larga data. El desarrollo de la confrontación con México podría afectar la forma en que la presidencia de Trump asuma otros desafíos en el extranjero, en especial cuando trate de corregir el desequilibrio comercial con China.

“Trump heredó una serie de problemas de política exterior que podrían calificarse de desalentadores”, dijo Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y ex funcionario del Departamento de Estado durante la administración de George W. Bush. Lo que ha hecho con México y China es sumar problemas, indicó Haass.

Trump anunció formalmente su plan de avanzar con la construcción del muro fronterizo el mismo día en que altos funcionarios mexicanos llegaron a Washington para iniciar conversaciones sobre la agenda bilateral. La ocasión fue vista en México como una bofetada diplomática.

Sin embargo, el secretario de Relaciones Exteriores, Videgaray, y el ministro de Economía, Ildefonso Guajardo, se reunieron con altos funcionarios de la Casa Blanca durante dos días, entre ellos el yerno de Trump, Jared Kushner, y el asesor Steve Bannon. “Las reuniones iban bien hasta el tuit de Trump”, dijo un alto funcionario mexicano en referencia a la sugerencia de Trump de que Peña Nieto cancelara su visita si su país no estaba dispuesto a pagar por el muro. Un portavoz de la Casa Blanca no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios sobre la reunión.

Los asistentes de ambos líderes programaron otra llamada telefónica para ese viernes para suavizar las cosas. Ambas partes acordaron no discutir públicamente la cuestión del pago del muro. Trump fue citado diciendo que México no estaba haciendo un buen trabajo enfrentando a las bandas de narcotraficantes, a quienes llamó “hombres malos”, enfureciendo a muchos en una nación que ha tenido cientos de muertos en la lucha contra los carteles de la droga.

Trump dice que su postura dura sobre comercio, inmigración y el muro fronterizo ayudará, no perjudicará, los lazos entre los dos países. “Trabajando juntos en el comercio positivo, en las fronteras seguras y en la cooperación económica, realmente creo que podemos mejorar la relación entre nuestras dos naciones en un grado no visto antes en mucho, mucho tiempo”, dijo al anunciar sus acciones. “Creo que nuestra relación con México va a mejorar”.

Michael C. Camúñez, ex secretario adjunto de Comercio de EU en el gobierno de Barack Obama y director ejecutivo de ManattJones Global Strategies, una firma de consultoría de Washington, dijo que “a pesar de la retórica, existe un escenario plausible en el que, irónicamente, la relación entre EU y México podría salir aún más fuerte, comercialmente hablando, debido a la voluntad política de llegar a la mesa y fortalecer y mejorar el acuerdo del Nafta”.

Las sensibilidades mexicanas sobre los desaires estadounidenses se reflejan a lo largo de la historia de la relación bilateral. El evento seminal en la historia de México es la guerra de 1846-1848 que llevó a EU a tomar el control de más de la mitad del territorio mexicano. Porfirio Díaz, dictador mexicano de principios del siglo XX, dijo: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Las maniobras tras bambalinas de un embajador estadounidense contribuyeron al asesinato en 1913 del primer líder democráticamente electo de México. Ese evento intensificó la revolución mexicana, en la que murieron unas 700,000 personas. La democracia no regresó por casi 90 años.

Sin embargo, México nunca estuvo totalmente en contra de su vecino del norte. El país rechazó un intento alemán de alistar a México contra EU en la Primera Guerra Mundial a cambio del regreso de los antiguos territorios mexicanos. En la Segunda Guerra Mundial, México declaró la guerra a las potencias del llamado Eje y envió un escuadrón de caza al Pacífico para pelear contra los japoneses.

Después de la guerra, México cerró su economía al mundo exterior. El “Hecho en México” se volvió predominante. México se mantuvo al margen de la Guerra Fría. Los estudiantes mexicanos crecieron leyendo libros de texto que resaltaban el peligro histórico que EU representaba para su país.

A principios de los años 80, una economía centrada en el mercado interno estaba agotada. Crisis financieras periódicas sacudieron al país amenazando su estabilidad, y millones de mexicanos se dirigieron hacia “el norte”, en una de las mayores oleadas de migración humana de la historia. El gobierno de México comenzó a abrir lentamente la economía.

En 1988, el entonces presidente Carlos Salinas, educado en Harvard, decidió avanzar en la apertura del mercado al buscar alianzas estratégicas con las economías más avanzadas. Salinas ha dicho que la indiferencia que encontró en viajes a Japón y Europa le hizo darse cuenta de que el futuro de México estaba con EU También les dijo a sus compatriotas que tenían que cambiar la forma en que pensaban sobre EU: no era su mayor amenaza, dijo, sino su mayor oportunidad.

Los líderes estadounidenses respondieron rápidamente y con entusiasmo. “Queríamos un vecino estable”, dice Carla Hills, quien como representante de Comercio de EU lanzó las negociaciones del Nafta cuando George H.W. Bush era presidente. Ella lo compara con el Plan Marshall, llamándolo una “actividad de auto-iluminación” para que EU creara un estado menos problemático en su frontera.

México firmó más acuerdos de libre comercio que cualquier otro país del mundo. El Nafta y el comercio ayudaron a estabilizar su economía tras el colapso del peso de 1994-95 y ayudaron a sacar a millones de la pobreza. El pacto obligó a México a adoptar reglas de inversión y protecciones exigidas por las compañías occidentales, abriendo su economía a una oleada de inversión extranjera directa. México también se convirtió en una democracia completa tras el comienzo del Nafta.

La era del Nafta borró en gran medida el ánimo antiestadounidense, uno de los fundamentos del régimen nacionalista del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó desde 1929 hasta 2000, y regresó en 2012 con Peña Nieto.

“El Nafta ha creado en los jóvenes mexicanos la mentalidad de que los gringos no son nuestros enemigos”, dice Armando Santacruz, de 55 años, presidente de una empresa mexicana que distribuye productos químicos en toda América Latina. “Todos los días, los mexicanos tenían un peso menos en el hombro. Era: hagamos negocios, mexicanos y gringos”.

En 2015, una encuesta del Centro de Investigación Pew sobre las actitudes en todo el mundo hacia EU halló en México una de las mayores brechas generacionales: 74% de los mexicanos entre 18 y 29 años tenía una opinión favorable de EU, frente a 55% entre los mayores de 50 años.

Durante la década pasada, las autoridades policiales y militares de EU han ayudado a entrenar a sus contrapartes mexicanas para combatir el narcotráfico y la delincuencia organizada, una colaboración que antes era impensable dada las sensibilidades históricas. Las agencias militares y de inteligencia estadounidenses comparten información con sus homólogos mexicanos en esos dos campos. En 2016, México deportó cerca de 150,000 inmigrantes no mexicanos que se dirigían a EU

A pesar de esos vínculos, las relaciones entre los dos países han sido un tema sensible para algunos estadounidenses desconfiados del impacto de las exportaciones y de los inmigrantes mexicanos en la economía de EU y en sus comunidades, a pesar de que el número de inmigrantes ilegales ha disminuido en los últimos años. Desde el comienzo de su campaña presidencial, Trump habló de esas preocupaciones en términos directos.

Incluso los partidarios del Nafta reconocen la pérdida de empleo que ha provocado el pacto. En un informe de 2014, el Instituto Peterson para la Economía Internacional situó en 15,000 puestos la pérdida neta anual de empleos en EU debido al comercio con México, al tiempo que citaba investigaciones argumentando que el beneficio compensatorio para la economía estadounidense era de varios cientos de miles de dólares por cada trabajo perdido.

Algunos mexicanos ven a Trump como una desviación en la creciente integración de América del Norte. Las cadenas de suministro transfronterizas en industrias como la automotriz harán costoso y complicado deshacer las relaciones comerciales. Alrededor de 4,9 millones de empleos en EU están vinculados a las exportaciones a México, el segundo mayor mercado exterior de EU, según una estimación reciente del Wilson Center, que agrupa a expertos no partidista con sede en Washington. Hay más de 160 millones de mexicanos y mexicanos-norteamericanos en Norteamérica.

Justo cuando México empezaba a verse más norteamericano que latinoamericano, muchos en México sienten como si EU quisiera expulsarlos del vecindario. El énfasis de Trump en la construcción de un muro —una cerca ya existe a lo largo de gran parte de la frontera— envía un agudo mensaje a los mexicanos, dice Lorenzo Meyer, un importante historiador mexicano.

“La idea, que había sido aceptada en México, de que éramos parte de —una parte pobre, pero parte de— América del Norte, ha sido destruida”, dice Meyer. “Trump está diciendo, hemos cambiado la definición de quién pertenece a Norteamérica, y somos sólo nosotros y Canadá”.



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