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El Valencia agita la Liga al derrotar al Real Madrid

2017-02-23

Hay partidos para rebobinar. Este fue uno de ellos, vibrante, a todo volumen, con mucha miga desde...

José Sámano, El País

Un Valencia - Real Madrid de los de toda la vida acentuó el suspense de la Liga. Un duelo que dejó huella, por intenso y emotivo, de pura cepa. Un choque que mancomunó al valencianismo como no se veía en mucho tiempo. Un pulso del que salió pesaroso el Madrid, que no cayó por flojera, sino por falta de lucidez ante el gol y la eficacia y resistencia de su adversario. Un Real que acabó sometido justamente cuando Zidane ya tenía a disposición todo el cesto.

Hay partidos para rebobinar. Este fue uno de ellos, vibrante, a todo volumen, con mucha miga desde el primer aire. No hubo tregua en Mestalla con dos puestas en órbita tan antagónicas como brillantes. En un parpadeo, el Madrid colonizó la pelota y el Valencia, camuflado en su campo, lanzó dos directos a la mandíbula que dejaron aturdido a su adversario. En las dos primeras pisadas locales en territorio rival, dos ganchos tremendos. El primero, de cátedra; el segundo, fulgurante.

Zinedine Zidane

Parecía atornillado el equipo de Voro, cuando su portero prendió la mecha y el ariete Zaza puso el broche de oro a una jugada estupenda de principio a fin. Diego Alves, con un toque de diez, conectó con Cancelo. Una asistencia en carrera para Munir y el pase del exbarcelonista para Zaza, que anidaba en el área presuntamente arrestado por cuatro zagueros visitantes. En zona selvática, el italiano hizo una maniobra fabulosa. Amortiguó el balón y giró la cadera mientras arreaba un zurdazo a la escuadra derecha de Keylor. Un golazo, un do de pecho para aplaudir y aplaudir.

El romanceado tanto de Zaza no amilanó al Madrid, que se mantuvo altivo y decidido, sin cháchara para lamentos. Tampoco sucumbió cuando cinco minutos después se vio en otra emboscada. Esta vez, con algún demérito. Lanzado como estaban los de Zidane, Varane se aventuró hacia las trincheras enemigas y perdió la pelota. En un pis-pas conectaron al asalto Zaza, Nani y Orellana, que batió a Keylor con disparo entre sus piernas. En diez minutos, el partido soñado por los valencianistas. En diez minutos, el duelo impensable para los madridistas, que casi encajan el tercero en una contra cerrada por Munir.

Las dos sacudidas no alteraron la trama, que siguió por sus cauces: la pelota para el Madrid y el horizonte para el Valencia. Con los de Voro enmascarados en su terreno, Kroos y Modric tomaron la batuta, bien escoltados por Benzema. Al Madrid le fluía el juego, geométrico, bien trenzado. Pese al bloqueo de los de Voro, sin posesión con toda la prole en la trinchera, el líder tuvo variantes por los costados y por el embudo, con Casemiro incrustado como central para dar vuelo a Carvajal y Marcelo por los costados. Una arrancada de Benzema derivó en un remate escorado de James que le frustró Munir bajo palos. El tajo encomiable del hispano-marroquí como síntoma de la nueva camaradería de este Valencia tan disperso y de garrafón hasta el diván familiar de Voro. Hoy, aquel equipo fantasmal y desconcertado ya tiene hueso.

El choque no daba respiro. Y menos cuando poco a poco emergió Cristiano por todo el frente de ataque, otro desvelo para Diego Alves, con el Valencia cada vez más aculado. Al meta brasileño le puso en apuros Benzema, como después Parejo a Keylor con una falta directa. Palo por palo con el encuentro en permanente combustión. También atizó Cristiano, cuyo zurriagazo se fue por un dedo desviado por Mangala. Hasta que Marcelo le puso un servicio magnífico, potente, preciso y bien enroscado y el luso respondió con un cabezazo que mereció los mismos adjetivos. Al intermedio se llegó con la certidumbre de que en Mestalla había un partidazo nada afeitado.

El reto tampoco defraudó en el segundo acto, con el Madrid de nuevo expansivo y sin rémoras. Con el Valencia ya más ocupado de la intendencia, pero con mucho orden y aún mayor entusiasmo. Zidane tiró de cañones y no tardó en dar pista a Bale, relevo de James, el único algo extraviado hasta entonces. Y luego apareció Lucas por Modric. Más delanteros y menos intermediarios, al todo o nada. Pero sin volantes para articular el juego, el grupo de Zidane se volvió algo más previsible, con una batería de centros al área, donde Garay, inmenso, mantuvo el techo valencianista. Al Valencia le costaba dar puntadas para darse algo de sosiego, lo que solo encontró en los pies de Parejo que, cuando se activa y le favorece el ecosistema, tiene luces cortas y largas.

Perfilados para correr, los chicos de Voro se procuraron vías de evacuación con dos sprints de Zaza y Munir. En ambas jugadas la hinchada local reclamó penalti, uno por carga de Carvajal y otro, que pareció más evidente, por un derribo de Sergio Ramos a Munir sobre la raya del área.

De intriga en intriga, con las sobrecargas finales del Real Madrid, ya más descamisadas que ingeniosas, menos sutiles que en el primer acto. No le resultó frente a un rival bien pertrechado en las cuerdas, que ya no es el que era, que se ha vuelto crudo. Tan crudo como para frenar al Madrid y que nadie dé por clausurada la Liga. Hay Liga, y con partidos como este, una buena Liga.



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