Como Anillo al Dedo

La enfermiza obsesión de Trump con Obama

2017-03-29

Desde que Trump lanzó la última acusación contra Obama a través de su...

J. Jaime Hernández, La Jornada

Durante casi 8 años el presidente Barack Obama se convirtió en el objeto preferido de ataques y teorías conspirativas de Donald Trump.

Como su infame campaña para cuestionar su ciudadanía y su religión. Para obligarle a hacer pública el acta de nacimiento que demostraba que había nacido en Hawai y no en Kenia, una mentira que Trump se encargo de propagar entre las bases extremistas y neoconservadoras que nunca aceptaron a Obama como “su” presidente.

Hoy, después de conquistar la presidencia de Estados Unidos, Trump se ha mostrado incapaz de escapar de su obsesión hacia Obama.

Las últimas imputaciones contra el ex presidente, al que ha acusado de haberle espiado e intervenido sus teléfonos, pero sin ofrecer prueba alguna, demuestran la fijación enfermiza de un hombre que hoy más que nunca necesita de Obama para distraer la atención de los medios y la opinión pública de otros escándalos potencialmente más dañinos.

Como sus presuntos contactos con Rusia o la suerte de su Procurador General, Jeff Sessions, quien mintió al Congreso sobre sus encuentros con el embajador ruso.

Desde que Trump lanzó la última acusación contra Obama a través de su cuenta de twitter, los medios de comunicación y miembros del Congreso han insistido en la necesidad de demostrar sus dichos.

Pero Donald Trump no ha ofrecido pruebas de una denuncia que, poco a poco, ha pasado del escándalo al ridículo. Y todo con la entusiasta ayuda de su portavoz, Sean Spicer y de su principal asesora, Kellyanne Conway, quien ha llegado al extremo de sugerir que el espionaje contra su jefe se pudo haber realizado lo mismo desde un teléfono, que de un televisor y hasta de un microondas.

Transformado en el rey de las noticias falsas (fake news) y de los rumores, a Donald Trump ya casi nadie le cree nada. Su credibilidad ha tocado fondo entre la mayoría de los estadounidenses.

En medio de una operación para tratar de salvar la cara, mientras mantienen viva la mentira del supuesto espionaje de Obama contra Trump, la Casa Blanca ha asegurado que corresponde al Congreso demostrar las acusaciones del presidente, posiblemente mediante la creación de una comisión especial.

Es decir, la mejor fórmula para politizar y seguir explotando una mentira.

Una posibilidad que algunos senadores republicanos creen factible. Pero no para demostrar una acusación que lanzó Trump sin ofrecer prueba alguna. Sino para ofrecer cobertura a un presidente que no sabe cómo salir del atolladero.

Y, de paso, seguir distrayendo a los ciudadanos de asuntos más importantes. Como, por ejemplo, la posible colusión de su campaña presidencial con los servicios de inteligencia rusos.

Desde el sector de los extremistas, el congresista republicano por Iowa, Steve King, ha ofrecido  de forma espontánea una línea de salvación al presidente al asegurar que, si Obama no ordenó las grabaciones de las conversaciones de Donald Trump, éstas bien pudieron ser realizadas “por una célula rebelde de la CIA” interesada en dañar la reputación del candidato republicano.

Con estas declaraciones, King se suma a la espiral de rumores y noticias falsas que se han encargado de propagar medios como Breibart News, muy próximo al principal asesor del presidente, Steve Bannon, para insistir en la tesis del espionaje practicado contra Trump y algunos de sus colaboradores.

En cualquier caso, la obsesión de Trump hacia Obama parece confirmar que el presidente sigue empeñado en mantener su enfermiza relación con el hoy ex presidente bajo el principio de “ni contigo, ni sin ti”.



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