Ecología y Contaminación

Cómo las ballenas se convirtieron en los animales más grandes del planeta

2017-05-25

Nicholas St. Fleur, The New York Times

Las ballenas son grandes. Realmente grandes. Enormemente grandes. Tremendamente grandes.

Las ballenas de aleta pueden pesar hasta 63,500 kilogramos. Las ballenas boreales pueden registrar hasta 90,700 kilos en la báscula. Y la mamá de todas, la ballena azul, puede llegar al impresionante peso de 172.365 kilogramos, lo que la convierte en el animal más grande que haya existido jamás.

Sin embargo, al mismo tiempo que nos han asombrado por ese tamaño, las ballenas también han hecho que nos preguntemos cómo pudieron alcanzar dimensiones tan descomunales.

En un estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, un equipo de científicos investigó el gigantismo en los cetáceos barbados, leviatanes que se alimentan por filtrado y que incluyen a las ballenas azules, a las boreales y a las de aleta. Descubrieron que estos mamíferos marinos se volvieron tamaño jumbo hace relativamente poco, apenas en los últimos 4,5 millones de años. ¿La causa? Un cambio climático que les permitió a estos mastodontes atiborrarse de comida.

Las ballenas tienen una historia evolutiva interesante. Empezaron como mamíferos terrestres con pezuñas hace unos 50 millones de años. A lo largo de varios millones de años, desarrollaron aletas y se convirtieron en criaturas marinas. Hace 20 o 30 millones de años, algunas de las antiguas ballenas desarrollaron la habilidad de alimentarse por filtrado, lo que significa que podían ingerir una infinidad de presas diminutas de un solo bocado. No obstante, aun con esta habilidad alimenticia, las ballenas continuaron teniendo un tamaño moderadamente grande durante millones de años.

“Pero un buen día de repente… ¡bum! Vemos que se vuelven muy grandes, como las ballenas azules”, dijo Nick Pyenson, curador de fósiles de animales marinos del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano y uno de los autores del estudio recientemente publicado. “Fue como pasar de ballenas del tamaño de una camioneta a unas que son más largas que dos camiones escolares juntos”.

El Dr. Pyenson y sus colegas midieron más de 140 especímenes de ballenas fosilizadas del museo, y luego integraron esos datos en un modelo estadístico. Demostraron que varios linajes distintos de cetáceos barbados se volvieron gigantescos más o menos al mismo tiempo, pero de manera independiente. Hace unos 4.5 millones de años, empezaron a aparecer en diferentes océanos del mundo ballenas azules gigantes junto con ballenas boreales gigantes y ballenas de aleta gigantes.

Los investigadores sospechaban que debía haberse dado un cambio ambiental en ese periodo que hubiera ocasionado el aumento de tamaño de las ballenas barbadas. Después de investigar, encontraron que ese momento coincidió con los inicios de la formación de casquetes glaciares que poco a poco fueron cubriendo el hemisferio norte.

El escurrimiento de los glaciares debe haber arrastrado nutrientes como el hierro hacia las aguas costeras, e intensos ciclos estacionales de marejada deben haber ocasionado que el agua helada de las profundidades se elevara y que llevara consigo material orgánico hacia la superficie. En conjunto, estos efectos ecológicos introdujeron grandes cantidades de nutrientes en el agua en lugares y momentos específicos, lo cual tuvo un efecto de cascada en la red alimentaria del océano.

Cantidades enormes de zooplancton y kril fueron atraídos por los nutrientes, con los que se dieron un banquete. Formaron densas colonias que se extendieron kilómetros y kilómetros a la redonda y alcanzaron casi 20 metros de espesor. Los océanos se convirtieron en interminables bufés para las ballenas gigantes.

“Aunque tenían la maquinaria anatómica para alimentarse por filtrado desde mucho tiempo antes, no fue sino hasta que el océano pudo proveer estos recursos alimenticios que la alimentación masiva por filtrado se volvió tan eficiente”, dijo Jeremy Goldbogen, fisiólogo comparatista de la Universidad de Stanford y uno de los autores del estudio publicado.

Los cetáceos barbados entonces podían engullir cantidades mucho mayores de presas, lo que les permitió volverse más grandes. Aunque eso solo fue una parte de la ecuación.

“Comida abundante por doquier no es la única condición necesaria para que proliferen las ballenas gigantes”, dijo Graham Slater, biólogo evolutivo de la Universidad de Chicago y autor principal del estudio publicado. “También es necesario que estén separadas por grandes distancias”.

Debido a que los ciclos ecológicos que estimulan el incremento de kril y zooplancton son estacionales, Slater afirmó que las ballenas deben recorrer miles de kilómetros para ir de una colonia a otra. Las ballenas más grandes, que tenían mayor capacidad para almacenar alimento, tenían más probabilidades de sobrevivir a las largas migraciones estacionales para buscar alimento, mientras que las ballenas barbadas más pequeñas se extinguieron.

Si las colonias de alimento no hubieran estado tan separadas, dijo Slater, las ballenas habrían crecido hasta alcanzar un tamaño corporal que se acomodara a su ambiente, pero no se habrían convertido en los gigantes que vemos ahora.

“Una ballena azul es capaz de viajar mucho más lejos, usando mucha menos energía que una ballena con un cuerpo más pequeño”, dijo el Dr. Slater. “Ser grande se volvió una gran ventaja para trasladarse grandes distancias”.

Richard Norris, paleobiólogo del Instituto Scripps de Oceanografía, celebró que el estudio confirme el entendimiento actual de los científicos sobre los cambios que han ocurrido en el océano a lo largo del tiempo.

“Cuando pensamos en cómo ha sido el planeta a lo largo de su historia, una ballena de hace diez millones de años era muy diferente al tipo de animal que tenemos ahora”, dijo el Dr. Norris. “Así que, de cierta forma, vivimos en una época especial en la que podemos disfrutar de la majestuosidad de los animales gigantescos que hay en el océano”.



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