Panorama Norteamericano

Rusia puede ser la tumba de Trump

2017-05-28

Es muy ambicioso y tiene un exagerado afán de protagonismo. En todos los mítines...

Manuel Trillo / ABC.ES

Testigo del ascenso de Donald Trump a la Casa Blanca contra el viento y la marea del establishment, Manuel Erice desentraña las claves del actual presidente de Estados Unidos. Con la pasión y rigor que demuestra a diario en las páginas de ABC, y con la ayuda de la politóloga Muni Jensen, disecciona en «Trump. El triunfo del showman» (Ediciones Encuentro) a un personaje al que persigue el «pecado original» de sus conexiones rusas y envuelto en una «guerra a muerte» con los medios.

Tras más de cuatro meses, ¿qué queda del Trump candidato? ¿El ejercicicio del poder ha domado a la fiera?

La ha domado, pero queda mucho del Trump candidato, por ejemplo su indisciplina como político. Esa es en gran medida la causa de que esté ante un problema muy serio y puede llevarle al impeachment. Tiene un pecado original de campaña: apoyarse y presumir de su conexión con Rusia.

¿Rusia puede ser su tumba política?

Sí, puede ser su tumba política. Alimentó el discurso a favor de Putin para atraer al votante que quería recuperar esa América potente y un líder fuerte frente a un Obama blando. Se apoyó en la figura de Putin, con la imagen de ser el hombre más fuerte del mundo, como mostró en Siria. Desde luego, conexiones ha habido, como la del ex asesor de seguridad Michael Flynn, al que Trump defendió a capa y espada. Está por demostrar qué hubo exactamente.

¿Sin Rusia habría llegado al poder?

Es imposible saberlo, porque ganó por muy poco. En el libro se cuentan diez claves y tan importante como esa es el apoyo mayoritario de las mujeres blancas o de los puritanos, algo impensable al salir el famoso vídeo en que presumía de sus andanzas sexuales. Tengo dudas de que su victoria se debiera solo a Rusia.

Define a Trump como «populista de marca americana». ¿Qué tiene en común con Pablo Iglesias, Beppe Grillo o Marine Le Pen, por ejemplo?

Es un personaje típicamente americano. Cito el ejemplo de Clint Eastwood en «Harry el sucio»: va de tipo de duro que come hamburguesas y en las primarias se presentó con la hija de John Wayne. ¿Qué tiene de populista? Ofrecer soluciones simples a problemas complejos: esto va a ser así, lo solucionaré y será lo mejor. Pero, como se ha visto con el Obamacare o el disparate del muro de México, no va a poder realizar sus proyectos de bandera, sencillamente porque eran imposibles.

Se jactaba de ser gran negociador. ¿Está cumpliendo esas expectativas?

Es un negociante que, desde que construía con su padre, se ha dedicado a trapichear. Lo intentó con el ex director del FBI, al que, según denuncia éste, pidió no investigar a Michael Flynn. Cualquier político sabe que eso es gravísimo, pero él tiene la mentalidad de que todo vale y, aunque esté en la Casa Blanca, aún no se ha puesto el traje de político.

¿No le ha dado tiempo de saber qué significa ser presidente?

El ejemplo más claro es forzar al fiscal general adjunto a justificar el cese del director del FBI, para soltar luego en televisión que fue por «esa cosa rusa». Se ha metido en un lío del que no sé si será capaz de salir. Es un tipo listo, pero como presidente hay que ser además inteligente y rodearse de un gran equipo, y el suyo en la Casa Blanca es demasiado inexperto.

¿Los republicanos le acabarán abandonando o resistirán a su lado?

Su relación con los republicanos, a los que venció y humilló, es clave. Para abrir un impeachment, tiene que apoyarlo un determinado número de republicanos. Si Trump intenta aplacar ese asunto, cerrarían filas, pero si sigue echando leña a un fuego que los está quemando y si salen pruebas contundentes, a ver qué pasa... Por ahora están aprovechando que tienen al presidente en la Casa Blanca y un poder que no tenían en décadas. Si los demócratas toman el Senado en 2018, en las elecciones de mitad de mandato, llegaría el gran problema para Trump. Sería la venganza del establishment, en el que aún hay ánimo de revancha.

¿Están los demócratas en condiciones de levantar cabeza?

Están muy mal, pero podría ocurrir el vuelco, porque los republicanos se están abrasando políticamente y la imagen de Trump sigue cayendo.

Trump ha concluido su primer viaje internacional. ¿Está con los que ven en él un peligro para el mundo?

No creo que lo sea. El que afirme eso, o no conoce EU y las limitaciones del presidente, o es un anti Trump furibundo. Su política exterior no está siendo una locura. Ahí sí se ha rodeado de gente competente, como el secretario de Defensa, James Mattis, y el secretario de Estado, Rex Tillerson. Que esté más a favor de Israel que Obama es lógico en un republicano; su andanada contra Bashar Al Assad en Siria ha sido uno de sus éxitos, y en Corea del Norte, el peligro no es él, sino el presidente norcoreano… Es infantil pensar que va a apretar el botón sin más. Veo una política exterior continuista, con aspectos que mejoran respecto a Obama.

Los medios, en especial la televisión, «engordaron al monstruo», señala el libro. ¿Era posible renunciar a la tentación de darle cancha?

El presidente de la CBS reconoció que Trump no era bueno para EU, pero sí para su cadena. Aparecía las 24 horas por una sola frase. Obama advirtió que el periodismo no es solo poner la alcachofa, y la crítica tenía sentido. Y cuando la prensa «seria» reaccionó, cometió excesos por lo contrario, intentando frenar al monstruo y que no ganara, y dejando incluso de cotejar bien la información. Aún hay una guerra a muerte de esa prensa ilustrada de la Costa Este contra Trump, que no creo que contribuya a recobrar el prestigio.

En esta era de «postverdad» y «fake news» (noticias falsas), ¿el buen periodismo es más necesario que nunca?

Sin duda. Facebook, Google o Twitter han sido canales «neutros» que recogían mentiras, «fake news» y, según la Inteligencia estadounidense, campañas rusas para desestabilizar países. Esa selva digital contribuye a que una noticia falsa se convierta en verdad. Hay muchos ejemplos.

Como corresponsal en la Casa Blanca, ¿percibe trato hostil a la prensa?

No solo no es hostil, sino que ahora es más abierta con los periodistas. Es cierto que Trump amenazó con retirar las ruedas de prensa, pero incluso los periodistas de los medios más enfrentados a él reconocen que el trato es más abierto.

Usted sostiene que Trump no es de izquierdas ni de derechas. ¿Qué le mueve?

Es muy ambicioso y tiene un exagerado afán de protagonismo. En todos los mítines presumía de tener allí a todas las cámaras. Su personalidad necesita el culto permanente. Llevaba intentando presentarse a presidente desde los 80, primero con un partido independiente, luego fue donante del Partido Demócrata y finalmente se dio cuenta de que el Republicano casaba más con él. Hay que reconocer que se fija metas y las consigue.



JMRS