Policrato Philodemos

Trump enemigo de si mismo

2017-05-31

No cabe duda que la personalidad del Mr. Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos. es...

Almte. Manuel Rodríguez Gordillo

"Freud descubrió la pulsión de muerte escondida en el inconsciente,
Trump está mostrando la existencia de una pulsión al ridículo y al fracaso"

El fracaso de la arrogancia

No cabe duda que la personalidad de Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos. es una mina de oro para quienes estudian el comportamiento humano, especialmente los especialistas en las aberraciones de la conducta.

En este campo del conocimiento los actos involuntarios del individuo son los síntomas que ayudan a determinar el diagnóstico de una patología, dado que estas son inocultables (al igual que el embarazo femenino que se hace evidente por el crecimiento del abdomen), y que en estas patologías acompañan de manera inconciente al quehacer diario del individuo.

Este preámbulo se hacía necesario para comprender mejor la patología del narciso arrogante que ocupa la Casa Blanca en Washington, D.C., quien aún no comprende la naturaleza y exigencias del sillón presidencial en el que está sentado, como lo evidencian los desatinos en los que ha incurrido durante estos cuatro meses de su ejercicio presidencial, constituyendo una tragedia personal para él al haberle quedado grandes los zapatos que está calzando como presidente de los Estados Unidos, tragedia también para la poderosa nación que dirige y para el resto del mundo, ya que se trata de la mayor potencia mundial en lo económico, en lo tecnológico-industrial, en lo militar, y como paradigma de una democracia, que bajo estas circunstancias se ve amenazada a sí misma desde su ámbito interno.

Confirman lo anterior las declaraciones efectuadas por un numeroso grupo de psicólogos y psiquiatras norteamericanos de reconocido prestigio, quienes han advertido desde los ámbitos universitarios y académicos de su país, que Donald Trump (sic), "está incapacitado psicológicamente para ejercer las labores de presidente de forma competente" (Psicoterapeuta John Gartner, et al), declarando que como profesionales de la salud mental y por responsabilidad ética se han sentido obligados a señalarlo, preocupados por los caminos torcidos que pueda seguir su país, tanto interna como internacionalmente bajo la dirección de su actual presidente.

Tal parece que inconcientemente Donald Trump, desde antes de su toma  de protesta al cargo que ocupa, se ha dado a la tarea de reafirmar, exitosamente, el diagnóstico de alienación e incompetencia dado por los profesionales de la conducta pues en apenas cuatro meses de su ejercicio este ya es ampliamente compartido por la mayoría de los ciudadanos norteamericanos, gracias a sus extravagancias bravuconas y a la ordinariez de su conducta, que ha ido desde el manifiesto desprecio a una jefa de estado (Canciller Merkel de Alemania), a quien le negó el saludo protocolario, hasta el muy reciente y rufianesco empujón que le dio al representante de Montenegro para posar de cuerpo entero en la fotografía (como si fuera actriz de carpa arrabalera ávida de aplausos), pasando por sus frecuentes amenazas a otros países, además de las múltiples contradicciones que ofenden a la inteligencia por ser tan evidentes, como el negar la existencia de un cambio climático en todos los rincones del mundo, provocado por el el “calentamiento global” (debido al bióxido de carbono  que arrojan a la atmósfera los automotores e industrias), contradicciones motivadas por su ignorancia y manifiesta mala fe, coronadas por las mentiras en las que cae con frecuencia, así como al envilecimiento al que ha empujado a la diplomacia internacional norteamericana, como la cereza del pastel de sus patologías.

Otros actos que evidencian su inestabilidad emocional son sus patéticos intentos de mimetización con culturas muy ajenas a su idiosincrasia (cuando esto supone que ayuda sus intereses), como fue el calarse un “Kipá” (gorro ritual judío),sin pertenecer a la religión mosaica, para después hacer su desafortunado ritual en Jerusalén frente al muro de los lamentos, o durante su visita oficial a Riad, Arabia Saudita, saludando con reverencias cortesanas al Príncipe Faisal, gobernante absoluto de dicho país, y/o en el Vaticano durante su visita oficial al Papa Francisco, haciéndose acompañar de su esposa vestida totalmente negro y con velo, sin ser él católico, olvidando quizá que se encontraban en la sede de ese mundo religioso.

Analizando la conducta aberrante que ha seguido Trump como primer mandatario de un país, así como de su persistencia en continuarla a pesar de que con esos comportamientos y desplantes de “perdonavidas”, le ha conseguido innecesaria y gratuitamente enemigos a su país, ganándose además severas críticas de numerosos analistas especializados en relaciones internacionales, de economistas y de estrategas militares, y que esos desatinos le han provocado  un deterioro a su aceptación como presidente de sus gobernados como ya ha sido expuesto; tal escenario solo puede ser explicado bajo el supuesto de que Donal Trump padece una pulsión autodestructiva carente de valores, independientemente de que evidencia un escaso sentido de la realidad que le impide percibir a los demás como seres pensantes, con dignidad y con valores, quizá considerando (erróneamente), que todos son semejantes a él y que, como él, también subordinan conducta y dignidad a un precio pecuniario o de miedo.

En el supuesto de que a Trump se le iluminara un poco el entendimiento para descubrir que la presidencia de los Estados Unidos no es una empresa de su propiedad sujeta a sus caprichos, a la que puede gobernar como si se tratara de su emporio hotelero, sino que es un país al que debe servir por encima de sus fantasías neo-fascistas, y que es una nación que aún siendo rica y poderosa requiere vivir en armonía con sus pares internacionales y buscar el bienestar de su pueblo, sin olvidar que los Estados Unidos fue formado por inmigrantes que llegaron buscando libertad y bienestar.

En caso de que lo anterior se diera en la realidad, y dentro de dicha iluminación Donald Trump quisiera salvar su trono presidencial para alcanzar prestigio como estadista, me atrevería a sugerirle gratuitamente y desde mi modesto conocimiento, que empezara a realizando tres tareas elementales, con la seguridad de que le servirán para salir del agujero en el que se encuentra metido.

1.- Consultar a un buen psiquiatra que le ayude a resolver sus patológicas filias y fobias que al parecer arrastra desde su infancia, dado que según Sigmund Freud son las causantes del egocentrismo crónico y del odio que aflora con facilidad (que él busca ocultar con una cortina de arrogancia), y que le están llevando a un proceso de autodestrucción política...  y personal.

2.- Dedicar un par de horas diarias a la lectura de algunos libros, especialmente de autores clásicos, evitando los “Comics” de héroes supremacistas invencibles (Superman y Capitán América no existen), así como asistir regularmente a espectáculos de alta cultura.... y sobre todo:

3.- Leer la versión en inglés (en caso de que no lo sepa traducir del español), del “Manual de urbanidad y buenas costumbres”, cuyo autor se apellida Carreño.



JMRS
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