Internacional - Población

El Estado Islámico controla menos territorio pero tiene mayor alcance 

2017-06-13

En las semanas posteriores a que integrantes del Estado Islámico atacaran en París,...

Rukmini Callimachi y Laure Fourquet, The New York Times

LONDRES — En las semanas posteriores a que integrantes del Estado Islámico atacaran en París, en noviembre de 2015, la organización publicó un video grabado por los asesinos antes de cometer los actos terroristas. Veían fijamente a la cámara, ondeaban cuchillos dentados, se enfurecían contra Occidente y, específicamente, le advertían al Reino Unido: siguen ustedes. En la grabación aparecen sitios de Londres vistos a través de la mira de un rifle.

En los trece meses siguientes, el Estado Islámico —y algunos inspirados en él— mataron y mutilaron en Bruselas, Berlín, Niza y Normandía, así como al otro lado del Atlántico, en California y Florida. No obstante, la retórica en contra del Reino Unido empezó a parecerse a las amenazas banales hechas por la organización en contra de otros países que habían evitado los ataques, incluido Irán: eran amenazas fuertes pero, a fin de cuentas, vacías.

Hasta que se volvieron reales. Los ataques en la última semana en contra de las capitales del Reino Unido e Irán, respectivamente, siguieron, uno tras otro, a otros recientes en Gran Bretaña, cometidos por asaltantes que utilizaron una camioneta todoterreno para atropellar a transeúntes en el puente de Westminster en marzo, así como un terrorista suicida en un concierto pop en Mánchester, en mayo. “¡Esto es por Alá!”, se oyó que gritaron los atacantes en la matanza más reciente en Londres, cuando apuñalaban a sus víctimas.

Desde un punto de vista publicitario, los ataques en Gran Bretaña e Irán propulsaron al Estado Islámico (EI), que está perdiendo sistemáticamente en Siria, Irak y Libia. Algunos analistas interpretan que los ataques son un intento del EI por demostrar su resistencia, a pesar de que su territorio desaparece lentamente.

Sin embargo, una revisión de los expedientes judiciales y las declaraciones de funcionarios indica que la violencia en Londres y Teherán fue más que solo un mensaje. Reflejó los esfuerzos persistentes del Estado Islámico desde su surgimiento en 2014 para golpear blancos que se pensaba eran inexpugnables —especialmente en Gran Bretaña—. Durante este periodo, funcionarios británicos interceptaron y desbarataron más de una docena de planes, incluidos cinco en los últimos tres meses.

La cantidad de complots frustrados parece ser mucho mayor en Irán (un país de mayoría chiita) al que odian los extremistas sunitas combatientes del Estado Islámico, el cual ha dirigido ataques en su contra desde 2007, por lo menos. Un día después del atentado letal de la semana pasada contra el parlamento y la tumba del fundador revolucionario de Irán, funcionarios de la inteligencia iraní dijeron que habían detenido cien planes terroristas en los dos últimos años.

Horas después de la violencia en Irán, el Estado Islámico sacó su revista ilustrada en línea, en la que reta directamente a los escépticos que han cuestionado el vigor de la organización conforme se reduce su territorio. “Lo que muchos de estos analistas no admitieron, no obstante, es que perder territorio no fue nada nuevo para el Estado Islámico”, se dice en el artículo en referencia a la casi derrota de la organización en 2011, a manos de las fuerzas estadounidenses en Irak.

“La realidad que enfrentan los cruzados hoy es que, a pesar de sus aseveraciones de que han debilitado al Estado Islámico, los ataques en el corazón de los bastiones de los cruzados en Occidente continuarán ocurriendo tan repentina como inesperadamente”.

Si bien se han compartido pocos detalles de los atentados frustrados con la población en Irán, los planes neutralizados en Gran Bretaña muestran cómo aumentó el alcance del Estado Islámico en cada intento. Las técnicas que utilizaron los atacantes frustrados, los tipos de blancos que escogieron y el tipo de asesoramiento que recibieron, en lo general, siguieron un arco de evolución de la organización mientras atacaba en repetidas veces otras partes de Europa.

En las primeras ocasiones, estuvieron involucrados aspirantes a atacantes que tenían afinidad ideológica con el Estado Islámico, pero no comunicación directa. Tomaron la guía de muchos videos que habían visto en YouTube, en los que se mostraban las atrocidades cometidas por la organización, así como de instrucciones detalladas que el portavoz Abu Muhamad al Adnani entregaba por internet.

En un inicio el mensaje llamaba a los reclutas a viajar al territorio de la organización, pero, a medida que esos viajes se volvieron más peligrosos, Adnani exhortó a los adherentes a quedarse y actuar con violencia en sus lugares de origen.

Ese cambio se percibe en una nota llena de errores que garabateó un sospechoso de 18 años en Peckham, un distrito de Londres, al que aprehendieron con una mochila en la que ocultaba un martillo y un cuchillo: “Porque no tengo medios para llegar allá, haré la guerra contra el gobierno británico en este suelo”, escribió el sospechoso Brusthom Ziamnai en junio de 2014, según un informe del experto Raffaello Pantucci, sobre la creciente amenaza terrorista. “El gobierno británico tendrá una cucharada de su propia medicina, será humillado, este es el Estado Islámico de Irlanda y Gran Bretaña”.

Apenas unos meses después de que el Estado Islámico declarara el territorio de su califato en 2014, las autoridades empezaron a ver sospechosos que estaban en contacto con ciudadanos británicos que habían viajado para unirse a los extremistas.

Tal fue el caso de tres hombres que vivieron cerca de Southall, un suburbio de Londres, y que mantenían contacto con un amigo que había cruzado la frontera siria sin ser detectado, según expedientes de la causa.

Mientras que su amigo se unió a las filas del Estado Islámico, los tres se quedaron varados en Gran Bretaña, donde se empaparon cada vez más de la propaganda de la organización. En septiembre de 2013, cuando Adnani, el portavoz de los extremistas, transmitió una grabación de audio en la que incitaba a los seguidores a matar de cualquier forma posible —“Aplastar la cabeza del descreído con una roca o matarlo con un cuchillo o atropellarlo con tu coche”—, los jóvenes sintieron que les estaba hablando a ellos, se muestra en los registros de la causa.

Los tres empezaron a comprar cuchillos compulsivamente, hablaron de los distintos modelos en grupos de chat caracterizados por compartir videos gráficos. “¿Cómo estuvo? ¿Como mantequilla?”, escribió uno de los tres, Haseeb Hamayoon, después de publicar un video de la decapitación de un socorrista británico, según una transcripción del mensaje. “¿Algún quejido? Lindoooooo”.

Los sujetos fueron detenidos en noviembre de 2014, después de que se vio que dos de ellos entraron en la tienda Kitchen Ideas, donde compraron un cuchillo Victorinox y un afilador, según los expedientes del tribunal.

No está claro si el contacto dentro del Estado Islámico jugó algún papel en su evolución hacia la violencia o si meramente funcionó como un punto de inspiración. Sin embargo, para 2015, revelan los documentos de la investigación, los confabuladores empezaron a aprovechar el núcleo de una red de entrenadores en línea del Estado Islámico. Dichos entrenadores pasaron días sentados frente a las pantallas de las computadoras en Al Raqa, la ciudad siria que funge como la capital de la organización, donde manipulaban a los hombres impresionables que conocían en internet como si fueran piezas de ajedrez.

Formaban parte de una unidad organizada, a la que la FBI apodaba La Legión. El buró empezó a rastrearla y a liquidar a sus integrantes con ataques con drones estadounidenses, cuando fue evidente cuán involucrados estaban en incitar a los ataques en forma remota, incluidos Estados Unidos, Canadá, Australia y Gran Bretaña. Uno de sus miembros mejor conocidos era Yunaid Husain, un ciudadano británico que estuvo entre los agentes del Estado Islámico que se cree estuvieron en contacto con uno de los hombres involucrados en el primer ataque exitoso del EI en Estados Unidos, enviándole mensajes al tirador mientras este conducía hasta una comunidad en el centro de Garland, en Texas, en mayo de 2015, donde abriría fuego.

En el verano del 2015, Husain utilizó Surespot, una aplicación para encriptar, para comunicarse con Junead Khan, de 24 años, en Luton, que había caído bajo el embrujo del Estado Islámico. El objetivo que Husain estableció para comunicarse con Jan era el de informarle que un amigo suyo que se había unido a los extremistas, había muerto en Siria, en un ataque con drones estadounidenses, dijo Andrew Hall, el abogado de Khan.

Hall cree que fue una treta. “El objetivo del llamado era utilizarlo para llamar a la venganza”, dijo. “Al llegar a Siria y tomar su lugar. O, alternativamente, actuando en Inglaterra”.

Husain le dio direcciones de soldados británicos a Khan y una guía de nueve páginas para construir una bomba en una mochila. Las transcripciones de la investigación también muestran que el joven estaba obsesionado con los cuchillos.

“Tenía una obsesión de hacía mucho tiempo con un tipo particular de cuchillo”, comentó Hall. “Seguía buscándolo en Amazon”. Al mencionar a un ejecutor del Estado Islámico que decapitó a rehenes occidentales, dijo el abogado, “era el tipo de cuchillo que se rumoreaba que había utilizado el yihadista John”. (El yihadista John era un integrante de EI activo entre 2014 y 2015, uno de los primeros en decapitar a víctimas en videos).

Expertos en contraterrorismo dicen que la cantidad de planes frustrados del Estado Islámico representa la punta del iceberg. Al menos 50 personas están bajo vigilancia activa en el Reino Unido, dicen, lo que plantea la pregunta de si es posible detenerlos todos.

“Todos están diciendo que fue suficiente, pero ¿qué es lo que puedes hacer realmente?”, dijo David Wells, quien hasta 2013 trabajó para las Oficinas Centrales de Comunicaciones del Gobierno.

“Mi punto de vista es que hay algunas cosas al margen que podrían hacerse”, dijo. “Pero tan grande como es la comunidad de combatientes extranjeros en Europa, es un problema de 20 a 30 años; y nadie quiere oír esto ahora”.



yoselin