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Las armas no callan en Mosul, que se prepara para una dura postguerra

2017-07-10

Las fuerzas armadas de Irak declararon de forma prematura la victoria sobre los yihadistas del...

MIKEL AYESTARAN / ABC.es

Las fuerzas armadas de Irak declararon de forma prematura la victoria sobre los yihadistas del Daesh en Mosul, pero los combates siguieron adelante en una Ciudad Vieja devastada en la que resisten los últimos yihadistas atrincherados. El general Sami al Aridhi, uno de los comandantes de las fuerzas de élite antiterroristas iraquíes (CTS), aseguró que «no aceptan rendirse. Gritan que no se rendirán y que quieren morir» y añadió que «las operaciones están en su fase final». Un discurso alejado del triunfalismo, los bailes de celebración y los gritos que siguieron al anuncio del domingo. Mosul vivió un día más de disparos y explosiones, de columnas de humo negro emergiendo de su casco viejo como testigos de una guerra que no termina.

El día después a la verdadera victoria final llena de incertidumbre a unos ciudadanos que se miran en el espejo de sus compatriotas de Tikrit, Faluya o Ramadi, otros tres lugares en los que operaciones militares acabaron con la presencia yihadista, y ven quela liberación no significa el final de la amenaza.Un estudio realizado por el Combating Terrorism Center de EU analiza la posguerra en zonas liberadas y muestra que el EI ha realizado más de 1.468 ataques en 16 de las localidades de las que ha sido expulsado, 11 en Irak y 5 en Siria. El estudio, de 20 páginas y publicado el mes pasado, concluye que «expulsar al EI del gobierno de una zona no es suficiente para anular su capacidad de realizar actos violentos» y señala que el reto de la reconstrucción política y económica de las zonas arrasadas por la guerra es mayor aún que las propias ofensivas militares.

Uno de los lugares más afectados por la violencia es la orilla este de Mosul, liberada en febrero y donde se respira un ambiente de cierta normalidad. Allí el EI ha realizado 130 operaciones. La mayor parte de ataques yihadistas registrados por este centro de estudios estratégicos estadounidense se han producido con armas ligeras y lanzacohetes, pero el EI también cuenta con terroristas suicidas, que son los más temidos por los iraquíes.

Los nueves meses de ofensiva sobre Mosul y la victoria final sobre el EI liderado por las fuerzas iraquíes muestra que «el entrenamiento funciona», declaró a la agencia AFP un alto oficial estadounidense que estuvo destinado en Irak de 2015 a 2016, para quien la nueva estrategia de Washington «ha permitido a los iraquíes recuperar su país».

A diferencia de la era de George Bush, marcada por las invasiones de Afganistán o Irak, en la que el Ejército sufrió más de 4,400 bajas, Barack Obama marcó el despliegue masivo de fuerzas como una línea roja y se dedicó a enviar asesores y expertos para mentorizar y acompañar en las ofensivas a unidades locales. Trump no ha variado esta estrategia y han sido los iraquíes, con apoyo puntual sobre el terreno y con la cobertura aérea de la coalición que lidera EU, quienes han estado en primera línea contra el EI. Hasta el momento no ha trascendido el número de bajas que han sufrido.

La guerra contra el yihadismo ha provocado más de 3 millones de desplazados en Irak, de ellos un millón son de Mosul. La destrucción, la falta de servicios y, sobre todo, la falta de seguridad provoca que más de 300,000 vivan desde hace meses en los 19 campos levantados por la ONU. «Es probable que miles de personas sigan desplazadas durante varios meses», adelantó la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en un comunicado en el que detalló que «muchos ya no tienen vivienda y los servicios básicos como el agua y la electricidad, así como infraestructuras como las escuelas y los hospitales, necesitan ser reconstruidos o reparados».

Los datos ofrecidos por la ONU llegaron acompañados de una nota conjunta firmada por veintiocho organizaciones humanitarias presentes en Irak, como Oxfam o Save the Children, para pedir a las autoridades de Bagdad que no obliguen a los desplazados a regresar a sus hogares y exhortar a la comunidad internacional el apoyo para hacer frente a la catástrofe humanitaria a la que se enfrenta el país.



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