Vuelta al Mundo

La Guerra Fría de Trump y Pionyang

2017-09-20

La buena noticia es que hay indicios de una estrategia de sentido común por parte de Estados...

Por: Bill Powell, Newsweek

Cómo Estados Unidos puede contener y disuadir las ambiciones nucleares de Corea del Norte.

15 Sep 2017

El problema de Donald Trump con Corea del Norte no va a desaparecer así como así. A principios de septiembre, Pionyang detonó lo que, afirma, era una bomba de hidrógeno y, según informes, se prepara para otra prueba con un misil intercontinental.

La buena noticia es que hay indicios de una estrategia de sentido común por parte de Estados Unidos y sus aliados en Asia, la cual debería resultar familiar para cualquier persona que haya vivido en la época de la Guerra Fría: contención y disuasión. Ahora, la cuestión es si Trump puede hacer que este plan funcione, sin la interferencia de China o de sus propios errores contraproducentes.

Consideremos los más recientes acontecimientos. Después de las últimas pruebas de misiles de Corea del Norte, Japón y Corea del Sur señalaron que desplegarían sus sistemas de defensa de misiles. Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, llamó a votar por sanciones más severas contra Pionyang, para contener su expansión nuclear. Asimismo, el secretario de Defensa, James Mattis, utilizando palabras cuidadosamente escogidas, dijo que un ataque contra Estados Unidos o sus aliados sería enfrentado con una "enorme" respuesta. Trump ha dicho repetidamente que "todas las opciones" están disponibles para hacer frente a Corea del Norte, y el Pentágono ha proporcionado opciones militares para que sean consideradas por el presidente. No obstante, un ataque preventivo sigue siendo la última opción, señalan fuentes del gobierno que pidieron mantenerse en el anonimato para poder hablar de temas delicados.

¿Suena familiar? Llamémosle Guerra Fría "light". Corea del Norte no es la Unión Soviética. No tiene el poder ni las ambiciones imperiales de ese país. Pero para Jeffrey Bader, miembro de la Institución Brookings, quien dirigió la política asiática del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés) durante el régimen de Obama, eso no significa que la estrategia estadounidense para contrarrestar a Pionyang tenga que ser diferente de la que acabó derrotando a Moscú.

La estrategia de Trump, semejante a la de la Guerra Fría, incluye una presión militar abierta e importante. Estados Unidos no solo ha suministrado los sistemas de defensa de Tokio y Seúl, sino que también está enviando más "nuevo y hermoso" armamento a la región, como dijo Trump en una reciente conferencia de prensa, el cual incluye aviones de combate Stealth y submarinos nucleares. El despliegue de armamento pesado tiene como objetivo demostrarle a Corea del Norte que Estados Unidos no anda con juegos. Y de manera igualmente importante, los oficiales militares estadounidenses de alto rango les han asegurado a sus aliados clave de Asia que la gama completa de opciones de represalias realmente está disponible en caso de que cualquiera de ellos sea atacado.

JUEGO NUCLEAR: 

La Fuerza Aérea de Autodefensa de Japón configura sus sistemas de lanzamiento de misiles tierra-aire durante un ejercicio. FOTO: TORU YAMANAKA/AFP/GETTY

La estrategia de contención también incluye una presión económica significativamente mayor, que es lo que Haley busca ahora en Naciones Unidas. Estados Unidos ha hecho circular una resolución preliminar de un paquete de sanciones que sería el más severo que se ha impuesto hasta ahora contra Pionyang. Prohibiría toda exportación de petróleo a ese país, que depende en gran medida de los energéticos, cortaría sus exportaciones de textiles, prohibiría a los ciudadanos norcoreanos trabajar en el extranjero y trataría de congelar lo que Washington piensa que son activos depositados en instituciones financieras extranjeras a nombre del líder de esa nación, Kim Jong Un.

El único problema de este plan de contención: China. Haley desea que Naciones Unidas tome una decisión sobre las nuevas sanciones el 11 de septiembre, pero será difícil persuadir a Beijing de apoyar esa votación. Pionyang adquiere cerca de seis millones de barriles de petróleo cada año, y casi todo proviene de China. Por ello, Beijing tendría que cerrar el grifo y manejar las secuelas. Los chinos tienen que lidiar con un creciente número de refugiados de Corea del Norte que huyen de ese país debido a la falta de alimentos y de trabajo. Podría producirse una nueva oleada de refugiados si China cumple con el plan estadounidense.

La interrupción del suministro de petróleo también podría fomentar el descontento popular, que podría amenazar la estabilidad del régimen de Kim. China no desea ninguna inestabilidad en sus fronteras, pero tampoco quiere una guerra en la Península de Corea. En palabras de Bader, antiguo miembro del Consejo Nacional de Seguridad, las sanciones son una mejor “opción para los chinos que un conflicto militar”.

La función de Beijing es una de las razones por las que este enfrentamiento es más complicado que la Guerra Fría. Otra diferencia importante entre ambos conflictos es que Estados Unidos dialogó frecuentemente con Moscú. Ambas partes negociaron para calmar situaciones peligrosas (la crisis de misiles en Cuba de 1961, por ejemplo) y para hacer frente a asuntos estratégicos a largo plazo, como la magnitud del arsenal nuclear de cada país. Cada país tenía una embajada en la capital del otro, y las líneas de comunicación casi siempre estaban abiertas.

AZARES MENTALES: 

Estados Unidos y sus aliados temen que Kim, líder de Corea del Norte (cuarto de izquierda a derecha), considere su programa nuclear como su máxima póliza de seguros. FOTO: STR/AFP/GETTY

No ocurre lo mismo con Pionyang. Estados Unidos y Corea del Norte no han tenido relaciones formales de país a país desde la Guerra de Corea, y aunque ha habido períodos de actividad diplomática (más recientemente, las infructuosas conversaciones “hexapartitas” durante el régimen de George W. Bush), el silencio ha sido la norma la mayor parte del tiempo. “Hablar no es la respuesta”, tuiteó Trump a principios de septiembre.

El presidente estadounidense tampoco desea que los aliados de Estados Unidos se abran a un diálogo. Para disgusto de su equipo de seguridad nacional, Trump criticó recientemente al presidente de Corea del Sur Moon Jae-in por su “apaciguamiento”, en parte debido a que pidió un mayor diálogo con Pionyang durante su campaña electoral de 2017. Trump no solo atacó a su cercano aliado durante la crisis que iba en aumento, sino que también amenazó con cancelar un acuerdo de libre comercio bilateral con ese país. Y eso “simplemente no tiene sentido”, dice un asesor de Trump que pidió mantenerse en el anonimato para poder hablar de temas delicados.

En privado, algunos funcionarios del gobierno de Trump señalan que las conversaciones cara a cara con Corea del Norte podrían resultar útiles. Y en una ocasión, el presidente dijo que estaría abierto a un diálogo frente a frente con Kim. No hay planes para hacerlo, pero algunos miembros del gobierno piensan que puede desarrollarse un impulso diplomático. Bader afirma que Washington debería ofrecer un acuerdo, ya sea a través de los chinos (para mantener la participación de China) o de manera directa. A cambio de una desnuclearización completa, afirma, Estados Unidos y sus aliados podrían otorgar a Pionyang un reconocimiento diplomático pleno, poner fin a las sanciones, invertir directamente en su economía y establecer un tratado de paz que reemplace finalmente el armisticio que dio por terminada la Guerra de Corea.

En este momento, no es probable que Corea del Norte esté de acuerdo con una oferta de esa naturaleza; Kim considera a su programa nuclear como su máxima póliza de seguros. Sin embargo, al hacer un esfuerzo audaz y de buena fe para dar fin al enfrentamiento con Pionyang, Estados Unidos podría confiar en que Beijing y Moscú apoyarían (en lugar de descartar) una estrategia de contención amplia. Esto, dice Bader, “le daría a Washington la autoridad moral” y pondría a los chinos y a los rusos en una posición difícil ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, haciendo que les resulte más difícil interferir a favor de Kim.

No resulta inconcebible que la Casa Blanca aplique dicha estrategia. Los primeros ocho meses del presidente en el cargo han mostrado que es increíblemente impredecible (entre otras cosas). Solo hay que preguntar a los republicanos del Congreso, que han visto con desasosiego cómo Trump hizo un acuerdo con los demócratas con respecto al límite de la deuda.

En palabras de uno de los miembros del personal de Trump, “La frase ‘Todas las opciones’ no solo significa que una acción militar esté sobre la mesa. ‘Todas las opciones’ también incluye a la diplomacia”.



yoselin

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