Internacional - Política

Jerome Powell, la continuidad disfrazada de cambio llega al frente de la Fed

2018-01-23

Nacido y criado en Washington, Powell, de 64 años, cuenta con fama de "moderado y...

Alfonso Fernández

Washington, 23 ene (EFE).- Jerome Powell, confirmado hoy por el Senado de Estados Unidos tras ser nominado por el presidente Donald Trump para dirigir la Reserva Federal (Fed), representa la continuidad disfrazada de cambio.

Republicano y con cinco años de experiencia en el banco central, Powell apoyó el multimillonario estímulo monetario de Ben Bernanke a la vez que respaldó sin fisuras la cautelosa normalización posterior de la actual presidenta del banco central estadounidense, Janet Yellen, quien dejará el cargo en febrero.

Por su perfil conservador, ya fue designado como gobernador para la Fed en 2012 por el entonces presidente demócrata, Barack Obama, para contentar a los republicanos al ir a la par que Jeremy Stein, economista respaldado por los demócratas.

Nacido y criado en Washington, Powell, de 64 años, cuenta con fama de "moderado y creador de consenso", como señaló Bernanke, presidente de la Reserva Federal entre 2006 y 2014, en su libro de memorias.

Curiosamente, tras ser ratificado hoy por la Cámara Alta para el puesto, rompe con la tradicional designación de un economista para liderar el banco central, ya que es abogado de formación aunque ha trabajado casi toda su carrera en el ámbito financiero.

Graduado en Derecho por la Universidad de Georgetown en Washington, cuenta con amplia experiencia en la banca privada como socio de Carlyle Group (1997-2005) en Nueva York y en el Gobierno, donde trabajó en el Tesoro, bajo el mandato del presidente George H. W. Bush (1989-1993), encargado de gestionar el mercado de deuda y las políticas de las entidades financieras.

"Sospechamos que una Fed liderada por Powell no sería un gran salto respecto a una Fed liderada por Yellen y, de este modo, representaría continuidad en las políticas para los mercados", afirmó Peter Hooper, economista jefe de Deutsche Bank en EU, en una nota a sus clientes.

En los cinco años que lleva en la Reserva Federal, ha votado siempre junto a la mayoría del resto de los colegas y ha sido considerado durante ese tiempo un cercano aliado de Yellen en el seno del banco central más poderoso del mundo.

Para los estándares republicanos, tradicionalmente favorecedores de tipos de interés altos para contener la inflación, Powell es, sin embargo, una "paloma", como se conoce los defensores de los tipos bajos para estimular la economía y fomentar el empleo, frente a los "halcones", favorables a lo contrario.

De hecho, ese puede ser uno de los elementos que ha decantado a Trump, ya que todos los analistas consideraban que, comparado con los otros candidatos barajados, como el profesor de la Universidad de Stanford John Taylor o el economista Kevin Warsh, que preconizan una política monetaria más dura, es el que más se inclinaba por continuar con la subida gradual y no agresiva del precio del dinero.

Dentro del Gobierno, asimismo, Powell contaba con el respaldo del lado más pragmático, encabezado por el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, frente a los más conservadores, liderados por el vicepresidente de EU, Mike Pence, que optaban por Taylor.

Quizá el aspecto que le diferencia respecto a su predecesora, y le acerca a Trump, es su disponibilidad para relajar la estricta regulación y supervisión financiera aplicada por el Gobierno de Obama tras la aguda crisis de 2008 y 2009, como respuesta a la excesiva toma de riesgos financieros que antecedió el estallido de la burbuja inmobiliaria.

En un discurso a comienzos de octubre pasado, poco antes de su nominación, afirmó que "ciertamente la regulación juega un papel, pero la regulación debería tener en cuenta el impacto que tiene en los mercados, un balance que debe ser constantemente evaluado".

"Más regulación no es la mejor respuesta a todos los problemas", dijo Powell.

Una respuesta que habría sonado como música para los oídos del presidente Trump, que recela de todo lo que tiene que ver con intervención por parte del Gobierno federal de Washington y considera el exceso normativo uno de los principales frenos a la actividad económica. 


 



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