Incapacidad e Incompetencia

La última trumpada

2018-12-21

A McGurk y al general Joseph Votel, actual jefe del Mando Central, les faltó tiempo ayer...

FELIPE SAHAGÚN | El Mundo

Donald Trump entrega Oriente Próximo a Rusia: "Ya es hora de que otros luchen"

El secretario de Defensa dimite como protesta por la retirada de las tropas de EU de Siria

Ninguna sorpresa. Antes que Jim Mattis, dimitieron o fueron destituidos más de cien altos cargos de la Administración Trump, entre ellos los principales responsables de la seguridad, la diplomacia, la justicia, la comunicación, la economía y el espionaje de los EU.

No hay precedente comparable en la historia de los EU y sólo se explica por el caos y la incompetencia del presidente. El resultado es la inseguridad y el malestar creciente de aliados y adversarios desde que llegó a la Casa Blanca.

Durante meses -en conversaciones privadas, filtraciones a la prensa y tuits de madrugada- Trump había ninguneado a Mattis, llamándole "perro blando" por el apodo de "perro loco" que, cariñosamente, los compañeros de armas del jefe del Pentágono saliente (como muy tarde a finales de febrero) utilizaban en reconocimiento del valor de Mattis, célebre por comentarios como "sé amable y profesional, pero siempre dispuesto a matar a quien tengas delante". A Mattis nunca le ha gustado ningún apodo.

Cuando se anunció su nombramiento, en 2016, el senador John McCain, fallecido el pasado verano, que entonces presidía el Comité de las Fuerzas Armadas, le defendió como "uno de los mejores militares de su generación y un extraordinario líder".

Trump lo eligió por su fama de duro, demostrada en sus últimos años en activo al frente del Mando Central, responsable de Oriente Medio, por su oposición a cualquier concesión a Irán frente a la mano tendida de Obama.

Mattis impulsó las nuevas estrategias de seguridad nacional y, sobre todo, de defensa nacional que, aparte de facilitar la ruptura del acuerdo nuclear con Irán heredado de Obama, señalan a Rusia, China y Corea del Norte como principales amenazas.

Trump nunca compartió ese criterio, salvo en el caso de Irán, pero apoyó un aumento sustancial del presupuesto de Defensa (hasta 716,000 millones de dólares para 2019, 16,000 millones más que en 2018) y dio más libertad a los militares sobre el terreno para el uso de la fuerza.

A Trump le ha molestado siempre la firme defensa de alianzas tradicionales como la OTAN por Mattis y su condena de la tortura de prisioneros, pero durante meses miró para otro lado. "La fuerza de un país hoy es inseparable de la fuerza de sus alianzas", escribe el héroe de los marines en su carta de dimisión.

Su prestigio -en una encuesta de 'Military Times' de septiembre, casi un 84% de los soldados y un 90% de los oficiales apoyan la gestión de Mattis en el Pentágono- le convirtieron en sospechoso para un ególatra como Trump, que no admite a nadie que le haga sombra.

Mattis apostó por la línea dura en respuesta a Rusia tanto en el Báltico y Ucrania como en Siria. Para un presidente atrapado en los tribunales por su pasado, sus negocios y la ayuda recibida de Rusia en la campaña electoral, el jefe del Pentágono era un obstáculo insoportable en su más que sospechoso idilio con Putin.

La gota que ha colmado el vaso ha sido el anuncio (sin plazos ni detalle alguno, sorprendiendo de nuevo a todos, aunque parece que se intenta hacer en 30 días), de la retirada de los 2000 militares que los EU reconocen tener en Siria.

"Dejamos en la estacada a nuestros aliados kurdos en Siria, repetimos el error de Obama en Irak y hacemos añicos la confianza de cualquier fuerza local en operaciones contraterroristas futuras", señala el senador republicano Lindsey Graham, cuyo nombre sonó durante meses como posible sustituto de Mattis. Ya podemos tacharlo.

El jueves, fuentes del Pentágono confirmaban que Trump también había decidido reducir en 7,000, a la mitad, los soldados estadounidenses desplegados hoy en Afganistán, otra decisión que en el Pentágono y en el Capitolio ven como una concesión a los talibán que debilita la posición del actual Gobierno afgano y hace más difícil llegar a un acuerdo con ellos en las negociaciones reabiertas hace meses. ¿Para qué negociar lo que pueden conseguir gratis?

Como de costumbre, lo hizo sin consultar y en contra de la opinión de sus principales responsables de Seguridad Nacional (John Bolton), el Pentágono (Mattis) y el departamento de Estado (su enviado especial para la coalición contra Daesh, Brett H. McGurk).

A McGurk y al general Joseph Votel, actual jefe del Mando Central, les faltó tiempo ayer para criticar con firmeza la decisión de la retirada unilateral de Siria, que consideran un regalo a cambio de nada a Daesh, Rusia, Irán y el Gobierno sirio.

Para la dirigente demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, la clave está en el cerco judicial al que Trump se ve sometido, que trata de romperlo, como de costumbre, desviando la atención con otra de sus 'trumpadas' habituales, sin importarle daños ni consecuencias.



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