Vuelta al Mundo

El Reino Desunido en el diván

2019-01-16

Pasarán años, se sucederán planes y negociadores, irán y vendrán...

Por FELIPE SAHAGÚN, El Mundo

En el Reino Desunido del Brexit ningún partido o político cuenta hoy con el apoyo necesario para sacar adelante su plan y ninguno parece dispuesto todavía a pactar un compromiso que evite volver de nuevo a las urnas.

"Estamos sólo en el final del principio en una guerra civil que durará una generación", decía la columnista de 'The Guardian' Polly Toynbee nada más conocerse los resultados de la votación.

Pasarán años, se sucederán planes y negociadores, irán y vendrán primeros ministros y las relaciones entre las islas y el resto del continente seguirán cubiertas de niebla.

Si Theresa May nunca tuvo la más remota posibilidad de que su acuerdo de otoño con la UE obtuviera el martes el respaldo necesario de 318 legisladores, Jeremy Corbyn tampoco tendrá los votos necesarios para obligar a May a dimitir en la moción de no confianza del miércoles.

Ambos debates parlamentarios, con sus inútiles conclusiones, son partes de una obra improvisada y vapuleada cada día, en la que cada actor quiere ser director y realizador.

La inmigración, la primera preocupación cuando se votó el Brexit, hoy sólo lo es para un 27% (YouGov) o un 17% (otras encuestas). "Nunca he visto nada igual", reconoce Robert Ford, de la Universidad de Manchester, que lleva años estudiando el problema.

Que dos años y medio después del malhadado referéndum May no se haya reunido ni una sola vez con Corbyn para discutir sus diferencias sobre la catarata de errores que han llevado a este túnel sin salida es la mejor muestra del desastre.

¿Merecía realmente May la derrota histórica más sonada sufrida por un Gobierno en Westminter -432 contra 202, con 118 de su propio partido entre los noes- en la historia del país? ¿Y ahora qué? Vuelta a empezar o salir corriendo. ¿Hay opciones mejores sobre la mesa o con más probabilidad de éxito?

Por supuesto: aclararse, parar el contador, renegociar humildemente todo, dialogar en serio y, finalmente, quedarse o irse respetando los intereses generales y salvando lo mucho que hay que salvar, antes de que una ciudadanía mucho mejor informada hable de nuevo.

El mal que sufre el enfermo británico se entiende mejor desde la psiquiatría que desde la política: más que un 'no' a May, su derrota se convirtió en un 'mea culpa' público y colectivo, un varapalo rotundo de la clase dirigente a sí misma por la catarata de errores cometidos en su relación con Europa.

Como en cualquier movimiento histórico -globalización, guerra fría, transición democrática en España, resurgimiento de China...- la causa original de las grandes sacudidas y la lista de responsables dependen del punto de partida del observador.

Uno de los más clarividentes, Jonathan Freedland, ofrecía esta martes varios de ellos. May se ha ganado a pulso su actual vía crucis por haber adelantado las elecciones a 2017 y perder la mayoría que tenía, quedando a merced de un Parlamento cojo. Desde esta posición, lo ocurrido esta semana estaba cantado desde el 8 de junio de 2017.

May sigue siendo la principal culpable si retrasamos el reloj y colocamos las agujas pocos meses antes, cuando su Gobierno, completamente partido entre los partidarios de irse y de quedarse, activó el fatídico artículo 50 sin la menor idea de qué hacer con él.

Vuelve a ser culpable también por su estúpido enroque, antes de haber negociado nada, tras líneas rojas -no al mercado único, no a la unión aduanera, no a la jurisdicción del tribunal europeo y no a la frontera interirlandesa- que, con mucha paja alrededor, es la esencia de lo que los Comunes han arrojado ahora a la papelera.

Creyó, a pesar de haberlos visto devorar a sus predecesores, que así calmaría a los tigres de su camada 'tory'. "Tardó en comprender que los eurófobos (como los independentistas en España) nunca se dan por satisfechos porque sus demandas son imposibles", escribe Freedland.

Ninguno de sus errores se habría producido si David Cameron no se hubiera comprometido ya en 2013 con un referéndum de los que carga el diablo para aplacar a la ukiperos o si, llegado el momento, hubiera hecho una campaña algo más inteligente a favor de la permanencia en la UE, a la altura de lo que estaba en juego.

Cada decisión equivocada anterior ha conducido al laberinto de hoy, pero "la verdad es que la senda arranca mucho más atrás", concluye Freedland. "Durante al menos 30 años, Europa ha sido el coco (pim-pam-pum) de la política británica. Jaleados por una prensa que detesta a Europa -atizada a su vez por una catarata incesante de mentiras bananeras, muchas de ellas inventadas por un corresponsal en Bruselas de 'The Telegraph' llamado Boris Johnson-, los políticos de todas las tendencias hicieron de Bruselas el chivo expiatorio de todos los males".



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