Detrás del Muro

Indicios de una nueva transición democrática en Venezuela

2019-01-24

Los resultados económicos de los primeros decenios democráticos fueron muy positivos.

PABLO BIDERBOST | El Mundo

Venezuela, junto a Colombia y Costa Rica, fue pionera en el contexto latinoamericano en transición y consolidación democrática. Estos tres países accedieron a regímenes libres en lo que se denomina en Ciencia Política segunda ola democratizadora en la década de 1950. El país caribeño constituía una luz de esperanza en el espacio iberoamericano en tiempos en los que los demócratas sufrían los embates de las terribles dictaduras en España, Portugal y el Cono Sur.

Los resultados económicos de los primeros decenios democráticos fueron muy positivos. Su alta dotación en commodities hizo de este país un claro ganador de las transformaciones geopolíticas que tuvieron lugar durante el proceso ligado a la llamada crisis del petróleo. Venezuela se convirtió en receptora neta de inmigración y llegó a hacer el mayor beneficiario de procesos de brain drain en el marco de flujos poblacionales entre países en vías de desarrollo.

Tristemente, el sistema de partidos surgido del pacto transicional propició prácticas extendidas de corrupción. El clientelismo, los sobornos, la malversación de caudales públicos y el tráfico de influencias se encontraron a la orden del día. La desigualdad económica se multiplicó y otro tanto tenía lugar en materia de pobreza y exclusión social. A mediados de la década de 1990, la dinámica de fuerzas políticas surgidas de la transición se resquebrajó y, en las elecciones presidenciales de 1998, los dos candidatos con probabilidades de acceder a la primera magistratura eran outsiders. Uno de ellos era el fallecido Hugo Rafael Chávez Frías.

Durante 14 años, el gobierno de Chávez, aprovechando la bonanza petrolera, desarrolló políticas sociales que provocaron que obtuviera el favor de recurrentes mayorías electorales. Su poder se vio fortalecido por diferentes factores. Uno de ellos fue el control que ejerció sobre otros estamentos estatales. Esta ausencia de "accountability horizontal" fue marcada en relación con los poderes judicial y electoral. Otro factor relevante fue el contexto regional: partidos y líderes de izquierda (bolivariana y socialdemócrata) se encontraban alineados a los discursos y prácticas del líder venezolano. Finalmente, deben sumarse los errores cometidos por la oposición, la que, por acción y omisión, permitió que el chavismo avanzase y cooptase la casi totalidad del sistema político.

La repentina muerte de Chávez catapultó a la presidencia a su antiguo canciller. Nicolás Maduro, un cuadro procedente de la política sindical local, llegó al poder acusado de la comisión de trampas electorales. Su gobierno coincidió con un descenso marcado de los precios del petróleo como consecuencia, entre otros elementos, de la expansión en la explotación de shale oil por parte de Estados Unidos. Paralelamente, los desmanejos en la industrial petrolera pública condujeron a una disminución en la producción y exportación del crudo local (la más baja en siete décadas). Sumado a ello, el panorama económico se ve oscurecido por la presencia de un doble proceso de, por un lado, hiperinflación (un porcentaje de 1.37 millones el pasado año según el FMI) y, por el otro, escasez de alimentos y medicamentos. Su mandato, como es conocido, también se ha caracterizado por un recrudecimiento de la persecución a opositores políticos que están pagando con la cárcel y el exilio su lucha por la recuperación de libertades.

Esta combinación de variables económicas y políticas ha actuado como caldo de cultivo para que, según estima la Organización Internacional para las Migraciones, tres millones de venezolanos se hayan visto obligados a emigrar a los cinco continentes. La diáspora de este país caribeño ha cogido de sorpresa a sus países vecinos que, por imperativo legal al existir acuerdos regionales de libre circulación y residencia de ciudadanos de los estados sudamericanos, han ido incorporando (no con pocos conflictos) a los inmigrantes procedentes de la tierra de Bolívar.

Cuando parecía que (a pesar de la gravedad del panorama) el régimen de Maduro era incombustible, el recién nombrado presidente de la Asamblea Legislativa activó lo dispuesto por los artículos constitucionales que le facultan asumir la gestión interina del Poder Ejecutivo en situaciones de vacío del poder. Este "abandono del cargo" se encuentra causado en que no se le reconoce legalidad al nuevo mandato de Nicolás Maduro por el carácter fraudulento de las últimas elecciones. La sociedad civil venezolana, con marchas pacíficas, ha respondido apoyando a su nuevo referente político. Inmediatamente, como reguero de pólvora, diferentes democracias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, han reconocido a Juan Guaidó como legítimo primer mandatorio venezolano. Sin embargo, el régimen de Maduro sigue contando con apoyos poderosos. China, Rusia y Turquía, todos ellos miembros del G-20, se encuentran entre quienes sostienen al líder chavista.

México ha declarado que prefiere seguir apostando por el diálogo intersectorial. En idéntico sentido, se ha pronunciado, como era previsible, Naciones Unidas. La Unión Europea, por su propia naturaleza interna, ha retrasado hasta la semana entrante cualquier pronunciamiento, situación que obliga al gobierno socialista de Pedro Sánchez a la realización de delicados malabarismos diplomáticos.

El escenario está evolucionando a velocidad de vértigo. No es posible confirmar si el cambio de régimen tendrá lugar por reemplazo de la élite gobernante (lo más probable) o por un pacto entre opositores y chavistas moderados (que los hay y siempre los hubo). Pocos, entre los que se encuentra la Rusia de Putin, vaticinan un derramamiento de sangre si se continúa por la vía actual. Lo que sí está claro es que el presente contexto posee indicios propios de un proceso de transición a la democracia: la sociedad civil movilizada en las calles y una ingente presión de la comunidad internacional. Los hechos estarían marcando la hora en la que Venezuela estaría regresando al podio de las naciones libres del que nunca debió marcharse. 
 



regina