Vox Populi

La sombrilla de AMLO

2019-03-15

No hay, por lo tanto, razón para que desde su perspectiva el  presidente vaya a hacer...

 

Konrad Adenauer | Revista Siempre

En política, lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno.

A pesar de la desesperación de algunos, sea por razones ideológicas, políticas o económicas, el hecho es que el presidente Andrés Manuel López Obrador cumple cien días en el poder conservando un gran respaldo en la sociedad. No solo son las encuestas, es el ánimo de tantos ciudadanos de a pie entre los cuales caló el discurso de “la corrupción” como raíz de todos  los problemas de México, desde el desempleo, hasta la inseguridad y la existencia de tantos pobres.

No hay, por lo tanto, razón para que desde su perspectiva el  presidente vaya a hacer cambios sustanciales en su modo de gobernar. Después de todo aplica su experiencia, su innata habilidad para la  política y su personal concepción del poder presidencial, una  combinación del imaginario popular del presidente todopoderoso y otra de las personales experiencias.

Muchos de sus adversarios, impacientes, advierten que ya tiene muchos frentes abiertos. La pregunta sería: ¿qué presidente de la república, por el solo hecho de sentarse en la silla presidencial no tiene ya muchos frentes abiertos? Es lo normal en una sociedad tan compleja como la mexicana.

    Pronto, enfrentará los reclamos de los radicales que quisieran empujar la agenda de izquierda que, según ellos, los votantes aprobaron en las urnas.

Empero, parece que él no ha calculado que su movimiento Morena fue una gran sombrilla que capitalizó el descontento con el gobierno peñista y su irritación por las cotidianas denuncias de corrupción. Construyó una gran sombrilla que lo mismo cubrió a esos que los politólogos llamaron los antisistema que a los más radicales de la izquierda radical.

Pronto, aunque ha logrado afianzar su control político sobre el aparato del Estado, enfrentará los reclamos de los radicales que
quisieran empujar la agenda de izquierda que, según ellos, los votantes aprobaron en las urnas.

Inútil, porque durante muchos meses, más de los que creen, no podrán competir con la percepción creada por el presidente López Obrador entre millones de mexicanos: es el presidente todopoderoso que, como en el pasado, resolverá todos los problemas.

La otra vertiente de desafíos, además de las variables económicas y los problemas de la inseguridad, con todos sus avatares de la compleja administración de la justicia, será el manejo y necesaria coordinación del gigantesco aparato administrativo del gobierno federal, calificado por su personal frustración como un elefante reumático.

Como sea, sigue disfrutando de éxitos políticos y, si como dicen los malquerientes de quien esto escribe, señalándolo como priista aferrado, por más tiempo del que creen hasta los profetas del posmarxismo, el estilo de gobernar podría hacernos exclamar: volvieron los viejos y buenos tiempos.


 



regina